La última década del siglo XX, fue una carrera frenética en
pro del desarrollo de Risaralda. Roberto Gálvez lideró el proyecto “Risaralda
una empresa con futuro”. Diego Patiño Amariles se comprometió en su segunda gobernación
con “El desarrollo al servicio de la gente”. Carlos Arturo López Ángel, le
apostó a “Es tiempo de sembrar”.
Gálvez, Patiño y López fueron funcionarios sobresalientes
de diferentes gabinetes departamentales. Fueron parlamentarios liberales. Destacaron por un liderazgo político y social,
que permitió un desarrollo acelerado de los municipios, que mejoraron sus
infraestructuras, la oferta institucional de bienes y servicios y, por ende, la
calidad de vida de las personas. Fue un momento cumbre para Risaralda.
Sin embargo, los últimos 16 años han sido nefastos para el Departamento.
Se instauró por parte de los gobernadores la deplorable práctica de un
asistencialismo a raja tabla, buscando ya no promover un modelo socioeconómico incluyente
y sostenible, sino la conformación de una masa informe de votantes, que cambian
su sufragio por tejas, ladrillos o mercados.
Esta fórmula resultó siendo muy exitosa para los
gobernadores Cifuentes, Botero y Tamayo. Alguno pudo repetir cargo, mientras
los otros tuvieron oficinas en el Congreso. Pero los perdedores fueron los municipios
risaraldenses que, con excepción de Pereira y Dosquebradas, vieron cómo el
progreso que alcanzaron en el pasado, se empezó a esfumar.
Desde hace un año ejerce el cargo de Gobernador de Risaralda
el abogado conservador Sigifredo Salazar. Su fórmula sigue siendo la misma de
sus cuatro predecesores: asistencialismo e intervención en política.
Mientras desde la Gobernación se distribuyen dádivas a las familias
de los municipios, el Departamento observa cómo las vías secundarias que
conectan a los municipios se deterioran. El desempleo en estas localidades
crece. La pobreza se reproduce. La atención de salud es un dolor de cabeza. La calidad
de la educación es una pesadilla. La migración es incontrolable. El plan de
alimentación para los estudiantes es una tragicomedia. En fin, el subdesarrollo
se instala y amenaza con volverse estructural. Las buenas calificaciones que se alcanzan en las estadísticas nacionales para el departamento, se deben a que Pereira y Dosquebradas las impulsan.
Los resultados del primer año de gobierno del abogado
Salazar producen desencanto, porque son insustanciales en términos de
crecimiento y desarrollo. Pero muy seguramente su imagen, como la de sus
predecesores, está en alza gracias a su café televisivo, a sus visitas
permanentes a los municipios y a la distribución de ayudas entre la comunidad.
Lo preferible para los risaraldenses sería ver a un
gobernador impulsando una transformación del Departamento, tal como lo hicieron
Gálvez, Patiño y López en su oportunidad.
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