domingo, 24 de enero de 2010

EL ENGAÑO DE LA AUTOPISTA DEL CAFÉ

Quedé pasmado cuando leí la noticia de que la Presidencia de la República expediría un decreto aprobando un otrosí al contrato de concesión de la Autopista del Café, autorizando una adición en el presupuesto de obra por 110 millones de dólares y ampliando el plazo de dicha concesión hasta 2032. Este es un nuevo capitulo de una historia del absurdo.

La historia comenzó cuando en el gobierno de Ernesto Samper se adjudicó la concesión para la modernización de la vía que une las ciudades de Armenia, Pereira y Manizales y donde el ganador se apalancaría con los dineros recaudados del peaje, transferencias del presupuesto nacional y algunas inversiones que él haría, con el mínimo riesgo posible.

En otras palabras, los usuarios de la vía y los ciudadanos colombianos a través de los impuestos, pagaríamos más del 70% del costo de esta “Autopista” y a cambio le entregaríamos al concesionario la posibilidad de que la explotara íntegramente hasta 2026, fecha que ahora se ampliará hasta el 2032.

Luego de doce años encontramos que esta carretera está ejecutada a pedazos. Que ha tenido graves problemas en su consistencia estructural. Que avanza a pasos de tortuga. Que es un ícono de la ineficiencia administrativa, de la falta de transparencia de una empresa del sector privado, de la inoperatividad del Estado y de la abulia ciudadana. Y donde Pereira es la ciudad que lleva la peor parte de este exabrupto de la ingeniería nacional y de la improvisación pública.

Para terminar esta vía hacen falta muchas cosas, como construir la Variante Sur. Hacer los estudios de la conexión entre Punto 30 y la Terminal de Transporte. Determinar cómo ejecutar y financiar la conexión entre La Postrera y Santa Rosa de Cabal. Ejecutar la conexión del tramo entre El Jazmín y la Troncal de Occidente.

Pero al caído caerle. Se acaba de hacer pública la noticia de que aun no están comprados todos los predios en el municipio de Santa Rosa y que esta tarea le corresponde a la Gobernación de Risaralda.

El gobierno nacional y la concesión le han tomado el pelo a los risaraldenses. Y con toda seguridad, esta “Autopista” no estará terminada al finalizar esta década. Porque como dijo un funcionario de segunda categoría del Inco en reciente visita a Pereira, aun no hay fechas exactas para la expedición de decretos, ni para los cierres financieros, ni para el comienzo de las obras que aun faltan.

AL CIERRE. Inexplicable la campaña que está haciendo Maurier Valencia para quedarse en el cargo de Director de Comfamiliar, a pesar de tener el derecho a su jubilación. Existe la percepción de que ha cumplido una tarea relativamente buena durante 24 años. Si embargo, esa percepción está cambiando y las suspicacias están aflorando al conocerse su deseo de aferrarse al cargo. El doctor Valencia tiene la posibilidad de salir hoy por la puerta grande de Comfamiliar. El en el futuro, quién sabe, porque en los pasillos se dicen muchas cosas.

domingo, 10 de enero de 2010

LA TEMPERATURA ESTÁ LOCA

Esta semana los grandes supermercados, las tiendas especializadas en alimentos y los centros de acopio no ofrecían la gama completa de frutas, verduras y legumbres que tradicionalmente exhibían al comienzo de cada año. La explicación que me dio unos de los vendedores es que “el clima está como loco y nos tiene muy perjudicados, porque no hay agua suficiente para el riego, la temperatura en el día en la Sabana de Cundinamarca y Boyacá es casi igual a la de la Costa Atlántica y los fríos en el amanecer se pueden comparar con los que ocurren cerca de los páramos”

Esta es una explicación muy simple de una realidad muy crítica y compleja que está afectando inicialmente a los campesinos, muchos de los cuales han perdido sus cosechas, pero que terminará golpeando muy fuerte la economía del resto de las familias colombianas, una vez los precios de la comida aumenten significativamente debido a la escasez, lo que disparará la inflación muy por encima de los cálculos y predicciones del Banco de la República y del gobierno nacional, y se traducirá en mayor pobreza y más desempleo.

El actual fenómeno del Niño, que se extenderá hasta el mes de abril, hará disminuir la oferta hídrica en la mayor parte del territorio nacional, exacerbará los incendios forestales, generará racionamientos hidroeléctricos y dañará terrenos cultivables. Un panorama nada halagüeño.

Sin embargo, los anuncios del gobierno nacional en el sentido de que nada malo ocurrirá, que el país está preparado para esta ola de verano y que se garantiza la oferta de comida y energía, hacen parte de un libreto que busca impedir el pánico, la especulación con los precios y el acaparamiento de alimentos. Pero está demostrado que las autoridades colombianas se creen sus propias disculpas y se relajan frente a la necesidad de tomar decisiones drásticas y oportunas. Ya veremos antes de finalizar el mes de enero un oscuro balance sobre las inclemencias del clima y la aplicación improvisada de medidas para apaciguar las protestas sociales y empresariales frente a los efectos de la sequía.

Pero mientras en Colombia el calor es insoportable, en otras regiones del mundo el frio extremo ha provocado unas nevadas históricas, que han paralizado todo tipo de actividades, especialmente las productivas. Las comunidades de Estados Unidos, México, Europa Central y China, por ejemplo, soportan por estos días temperaturas muy inferiores a cero.

El cambio climático nos está mostrando una parte de lo que podrían llegar a ser sus peores consecuencias. A pesar de esto, las negociaciones para consolidar un acuerdo mundial sobre emisiones de efecto invernadero siguen en pañales ante el fracaso ocurrido en la cumbre de Copenhague, donde una lánguida declaración final no consiguió definir metas de obligatorio cumplimiento y se obviaron las necesarias verificaciones sobre los compromisos voluntarios anunciados por los gobiernos.

El cambio climático no es un juego. Será cada vez más crítico y afectará inicialmente a las familias más pobres, aquellas que viven en las zonas rurales y que dependen de la producción agropecuaria para su sostenimiento económico y el logro de su mínimo vital. Y si no se actúa de manera inmediata con proyectos de mitigación y adaptación, ya no serán sólo los más pobres quienes sufran las consecuencias de las sequias, las inundaciones, las enfermedades, las tormentas, los incendios y las nevadas. Todos estaremos cobijados por los mismos sentimientos de miedo, angustia, frustración y necesidad.