jueves, 16 de julio de 2009

Apocalipsis climático

El cambio climático exige un tipo de acciones inmediatas que, sin embargo, nadie va a adoptar. Lo urgente hoy para las naciones desarrolladas es encontrar soluciones a la pavorosa crisis financiera mundial y poco las trasnocha el tema ambiental.

Nadie es ajeno a que la vida en la Tierra está en serio riesgo si se siguen lanzando millones de toneladas de gases de efecto invernadero a la atmosfera cada año. Pero las acciones concretas para frenar esta acelerada carrera contaminante son lentas, tal como se hizo evidente con los compromisos aprobados a través del Protocolo de Kioto y como está ocurriendo con las negociaciones previas a la cumbre mundial del clima en Copenhague.

En la reciente reunión de L´Aquila, Italia, los gobernantes de China, India, México y Brasil manifestaron no estar interesados en un acuerdo para disminuir a la mitad sus emisiones de dióxido de carbono y otros gases que afectan el clima, antes de 2050. La razón que expusieron es que sus economías emergentes requieren de un número mayor de años para llegar al nivel de desarrollo que se han trazado y, por lo tanto, cortar de tajo el uso de combustibles fósiles sería un gran obstáculo para sus pretensiones económicas.

Argumentan estos países que no es justo que las naciones desarrolladas hayan logrado altos niveles de crecimiento basados en el uso intensivo del carbono, y ahora quieran impedir que otros hagan lo mismo, so pretexto de la necesidad de cuidar el planeta.
Dichos países emergentes han aumentado significativamente sus descargas de gases de efecto invernadero a la atmosfera en los últimos doce años. China, por ejemplo, ha mantenido un crecimiento anual del PIB cercano al 10%, basado en la quema de carbón para sus procesos industriales, triplicando las descargas de gases dañinos. Para tratar de alcanzar su prosperidad, China ha dejado moribundo el río Amarillo, el cual ya perdió el 80% de su caudal y recibe 5.000 millones de toneladas de aguas residuales cada año. El gigante asiático tiene a 700 millones de sus 1.300 millones de habitantes consumiendo agua contaminada, especialmente en las zonas rurales. Los chinos, que no quieren saber de controles al dióxido de carbono, encabezan el vergonzoso récord de contar con 16 de las 20 ciudades más contaminadas del mundo.

La intransigencia de estas cuatro naciones y de muchas más, es lo que hace prever que Copenhague será una nueva decepción y que se requerirán más que razones políticas para hacerles entender que la vida sobre el Planeta es mucho más importante que un crecimiento económico concentrado, el cual, a propósito, no se traduce en disminuciones trascendentales del hambre, la pobreza y la miseria.

Debido a que el cambio climático sigue su marcha imperturbable y desastrosa, anualmente mueren alrededor de 300.000 personas por efectos de las sequias, las inundaciones, el hambre y el excesivo calor. Va este dato para quienes se preocupan prioritariamente por la crisis económica: los problemas asociados con el clima causan pérdidas anuales por 130.000 millones de dólares, de acuerdo con revelaciones hechas por el exsecretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan.

Las proyecciones, si no se disminuyen de manera inmediata la emisiones de Gases de Efecto Invernadero, son que en las próximas dos décadas el mundo verá cómo unas 50 millones de personas serán refugiadas ambientales, especialmente en las zonas costeras, fruto del aumento del nivel del mar. También se asistirá a la muerte de medio millón de personas por desastres asociados con el clima. El número de indigentes llegará a los 1.500 millones de personas. Los muertos por hambre sobrepasarán las 10 millones de personas al año. Las pérdidas que sacudirán las economías serán iguales a las actuales ayudas entregadas por Estados Unidos al sistema financiero.

El mundo será un caos. Todos sentirán los efectos del cambio climático. Claro que los países pobres sufrirán más que los ricos, pero estos últimos tampoco escaparan a las nefastas consecuencias, porque el fenómeno del calentamiento es global. Ya Francia, Inglaterra y Estados Unidos han vivido en carne propia los embates de la naturaleza.

Nuestros nietos sentirán las calamidades ambientales, pero sus hijos asistirán a un verdadero Apocalipsis si quienes habitamos hoy el planeta no hacemos lo necesario para evitar el desastre anunciado.

domingo, 5 de julio de 2009

La reelección lo ensombrece todo

En el reciente encuentro entre los presidentes de Estados Unidos y Colombia quedó en evidencia que el tema de la reelección presidencial, auspiciada y defendida desde el gobierno colombiano, oscurece cualquier avance que se produzca en temas económicos, ambientales y de política internacional.

Los periodistas estuvieron más pendientes de cuál era la reacción de Obama sobre el interés de elegir a Uribe por tercera vez y dejaron de lado sus posturas frente al tema del Tratado de Libre Comercio, las energías limpias y los acontecimientos sobre violaciones a los derechos humanos y los asesinatos extrajudiciales por parte de agentes del Estado.

La prensa mundial, que se ha manifestado en contra de la segunda reelección de Uribe por inconveniente, tiene en las palabras de Obama tres aspectos esenciales para seguir insistiendo en este tema. El primero, es que debe haber un límite en la permanencia de un gobernante en el poder y que es muy malo para la democracia tratar de eternizarse en él. El segundo, que se deben respetar los mandamientos de la Constitución y ella no se debe modificar por coyunturas políticas. El tercero, que la grandeza de un estadista depende de si es capaz o no de vencer su vanidad y retirarse del cargo a pesar de su popularidad.

En las democracias más sólidas del mundo a nadie se le pasa por la mente proponer una modificación a los periodos políticos constitucionales. Sin embargo, ello sí ocurre en democracias frágiles como las latinoamericanas, donde se ha desatado una fiebre por las reelecciones, acudiendo a la democracia plebiscitaria en unas ocasiones y en otras a reformas de la Constitución aprovechando las mayorías en el Congreso y al inmenso poder presidencial.

En el caso colombiano, Uribe logró que se modificara un “articulito” de la Constitución en el Congreso, a través de maniobras que se van dilucidando por parte de la justicia y que han resultado abiertamente contrarias a Derecho, y donde se evidencia que hubo manifestaciones corruptas que ya tienen a tres excongresistas en la cárcel y que podría aumentar su número si se comprueban denuncias sobre intercambio de puestos por votos parlamentarios en el trámite de la reforma que permitió la reelección inmediata.

Hoy Colombia está en la disyuntiva de si el pueblo será consultado a través de un Referendo para que se pronuncie sobre una segunda reelección, bajo el señuelo de que únicamente Uribe es capaz de dirigir al país hacia la derrota definitiva de los terroristas, porque los siete años que han transcurrido no han sido suficientes y que se requieren cuatro más, lo que podría originar que cuando se esté por lo once años de mandato uribista se vuelvan a proponer otros cuatro, porque aun faltará un poquito para acabar con las FARC y algunos otros movimientos delincuenciales. Y así sucesivamente.

El Presidente colombiano tiene una altísima popularidad. Sabe que con base en ese respaldo se puede quedar toda la vida en el poder. Pero la historia lo recordará como un dictador plebiscitario y lo comparará con la figura del general Rojas Pinilla, pero nadie se atreverá a hacer un símil de él con Alberto Lleras Camargo, por ejemplo.

Cuando se revise la historia latinoamericana, Uribe, si decide insistir en su reelección, no tendrá la estatura política de Lulla ni de Bachelet, sino que será puesto en el mismo lugar de Chávez, Castro, Correa, Morales y Ortega. Por lo menos eso le quiso decir Obama cuando le relató la historia de George Washington, uno de los padres fundadores de la Unión Americana y quien se retiró una vez terminó su periodo constitucional, a pesar de los pedidos ciudadanos de que se quedara. Allí radicó su grandeza personal y política y en gran medida se aseguró la solidez institucional de Estados Unidos.

lunes, 15 de junio de 2009

La hecatombe económica

El gobierno colombiano estuvo gastando a manos llenas durante los últimos seis años. Ello lo pudo hacer porque privatizó la casi totalidad de las empresas públicas; vendió acciones de algunas entidades emblemáticas; impulsó reformas tributarias; obligó a los más ricos a pagar un impuesto para la guerra; contó con petróleo y carbón a precios altísimos en el mercado internacional; y tuvo una economía moviéndose en terrenos muy positivos, lo cual dejó varios billones más en las cuentas del Tesoro Nacional.

Pero la época de las vacas gordas se acabó para Colombia, en medio de una de las crisis económicas mundiales más pavorosas, que ha movido los cimientos del capitalismo, al derrumbarse el consumo, lo que ha sepultado a destacadas empresas de los sectores financiero, asegurador, inmobiliario y automotriz, que siempre fueron sinónimo de prosperidad, seguridad, lujo y distinción.

Lo que hoy enfrenta Colombia es una recesión económica, acompañada por el crecimiento del desempleo y un déficit fiscal que echará por tierra una parte importante de lo que se había logrado en seguridad, fortalecimiento militar y disminución de la pobreza.

Lo que vendrá será una nueva reforma tributaria, que gravará los salarios y aumentará el IVA. No se girarán más recursos para proyectos regionales de infraestructura. Aumentará el desempleo por la caída vertiginosamente de la producción, el comercio interno y las exportaciones. No aumentará el número de familias que reciben un cheque mensual del Estado y las que hoy hacen parte de los programas asistencialistas quedarán en vilo. No se podrá recurrir con facilidad por parte de las empresas privadas al crédito internacional, en tanto las inversiones externas serán marginales.

Aspectos como la baja de las tasas de interés de referencia del Banco de la República, la caída de la inflación y la inversión pública, que se asomaron en principio como opciones para disminuir los impactos de la crisis económica, han ido perdido importancia, dado que el sistema financiero ha mantenido incólume el costo del dinero y ha restringido el crédito. La inflación ciertamente está por debajo de las previsiones de las autoridades monetarias, más por los efectos de la recesión que por una interrelación positiva de las variables macroeconómicas. La inversión pública, que podría mover la economía, no tiene cómo arrancar debido a la carencia de recursos públicos suficientes, a un déficit proyectado de 10 billones de pesos y a la inexistencia de un ahorro real en el Tesoro Nacional.

Pero lo que sí es evidente, es que en medio de la hecatombe económica, la presencia activa de las FARC y los escándalos por corrupción, muertes extrajudiciales y parapolítica, está en furor la posibilidad de reelección del presidente Uribe.

viernes, 5 de junio de 2009

El desempleo es una desgracia para Pereira

Hace poco el presidente Uribe dijo que Pereira era la campeona de la competitividad en Colombia. Les recomendó a los empresarios nacionales que no tenían que irse para el exterior a conocer ejemplos de gran eficiencia empresarial, sino que debían ir a Pereira para que vieran cómo se lograba el progreso y el desarrollo. Sin embargo, dos semanas después, el DANE reveló que esta ciudad también era la campeona del desempleo en el país, y se conoció que las inversiones públicas más importantes respaldadas por el gobierno central para la zona cafetera se harán, contrariando los principios de la coherencia, en Caldas, entre ellas el Aeropuerto de Palestina y el Centro Regional de Logística en Manizales.

Pereira concentra gran parte de la inversión privada, especialmente de capitales extranjeros en los sectores de comercio y servicios, que ofertan algunos empleos mal remunerados, y donde las utilidades empresariales no se reinvierten localmente, sino que se envían de inmediato a las sedes matrices de las firmas.

Existe un espejismo sobre el gran crecimiento en Pereira. Se ven grandes superficies comerciales y se hace alharaca por la llegada de centros de atención de llamadas. Sin embargo, se oculta la realidad de un comercio tradicional que entró en crisis y que ha venido cerrando paulatinamente sus puertas. Poco se habla de la parálisis de la construcción, de la inexistencia de nuevos proyectos industriales, del estancamiento de las manufacturas y del bajo nivel de inversión pública.

El desempleo de Pereira que llegó al 19,7% puede seguir subiendo, porque la producción cafetera cayó en cerca del 40% y no habrá una irrigación importante de dinero en la economía y el nivel de consumo se va a desbarrancar. A esto se agrega, que el valor nominal de las mesadas provenientes del exterior ha disminuido en un 18% y que por efectos de la revaluación interna frente al dolar ha caído en un porcentaje similar en lo corrido de este año. Estas situaciones hacen que la industria y el comercio se depriman y tengan que disminuir sus cargas laborales.

Otros factores que pueden complicar el tema de empleo se relacionan con que la construcción, el sector más intensivo en mano de obra, tiene parados muchos proyectos y otros nunca arrancaron a la espera de un mejor momento económico, y a que el regreso de los migrantes de España y Estados Unidos, países donde se vive una recesión atroz, hará que muchas más personas salgan a buscar trabajo.

Y el panorama se torna más gris, debido a que muchas familias, especialmente de los municipios circunvecinos, podrían quedarse sin las ayudas que le entrega el gobierno nacional por la vía de los subsidios, como consecuencia de la disminución de los ingresos fiscales y tratarán de vincularse al mercado laboral pereirano; y porque hasta la plata del narcotráfico, que durante muchos años alimentó la economía subterránea de la ciudad, se ha ido desplazando hacia zonas de frontera, dejando a sus beneficiarios de más bajo nivel, especialmente trabajadores de fincas, choferes, empleadas domésticas y vendedores, sin su trabajo.

¿Y las soluciones? El gobierno local podría ayudar a través de la inversión pública, pero las obras que paliarían un poco la crisis, se encuentran en la agenda de buenas intenciones del Alcalde, pero no se ejecutarán tan rápidamente como la situación lo exige. El sector privado local es de una debilidad pasmosa y no tiene capacidad de reaccionar. Los empresarios externos creen que ya hicieron lo suyo y ahora están en la tarea de recuperar su inversión, y de acuerdo con la encuesta de la ANDI, la mayoría de ellos a nivel nacional no van a generar nuevos puestos de trabajo y una porción muy importante dijeron que disminuirán sus plantas de personal.

El panorama del empleo en Pereira es bastante tormentoso y la única forma de enfrentarlo es a través de un gran acuerdo multisectorial, que impida su agravamiento y se pueda tener un piso menos deleznable para iniciar la recuperación, una vez se supere la crisis mundial de la economía.

domingo, 17 de mayo de 2009

Están chantajeando a Pereira

El Ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego, ha dicho con claridad y en tono pausado que si el aeropuerto Matecaña no se entrega en concesión a un particular, dentro de un paquete regional que está estructurando el gobierno nacional, entonces no recibirá apoyo del presupuesto para mejorar sus condiciones de operación y de seguridad.

Esto es un chantaje para una ciudad que tiene un aeropuerto propio, que lo construyó con sus propias manos, que lo ha sostenido, que ha mejorado en seguridad, que ha hecho inversiones en infraestructura y que concentra tres cuartas partes del movimiento de pasajeros en la zona cafetera.

El Ministro considera que no debe hacer inversiones en una propiedad donde el gobierno nacional no tiene acciones. Y por eso dice que Pereira no tendrá recursos hasta que no se meta en una concesión regional, que no es viable bajo ninguna circunstancia si no está el Matecaña, que seguirá siendo el Aeropuerto preferido regionalmente por su cercanía geográfica con los usuarios.

El aeropuerto de Palestina se construirá. Para ello el gobierno nacional invierte 45 millones de dólares. Sin duda será una terminal aérea de lujo. Pero ni los pasajeros del norte del Valle (desde Cartago hasta Tuluá), ni los de Risaralda, ni los del occidente de Caldas, irán hasta Palestina a tomar sus vuelos y seguirán yendo a Pereira. Excepto que ocurra una cosa: que la Aerocivil cierre el aeropuerto Matecaña por no cumplir con todas las normas de seguridad aeronáutica, y esta posibilidad está abierta, lo que obliga al gobierno municipal a definir inversiones urgentes para evitar que ello ocurra en el mediano futuro, cuando los caldenses empiecen a presionar, afirmando que el terminal pereirano es inseguro para operar. Y frente a este argumento, donde está de por medio la vida de la gente, no habrá mucho qué hacer.

Pereira está en una situación de indefensión total en esta coyuntura, porque no tiene 20 millones de dólares para modernizar su aeropuerto con todo lo que le exige la Aerocivil, y desechó, por la oposición cerrera de algunos círculos sociales, tener el manejo del aeropuerto de Cartago, con lo cual las condiciones de negociación con el gobierno nacional serían hoy bien distintas.

Lo que sí es evidente, es que si Pereira de su propio presupuesto no mejora el Aeropuerto, esté tendrá un futuro bastante incierto, y no quedarían sino dos caminos: el primero, es acceder a las pretensiones del gobierno nacional y concesionarlo al particular que ellos definan; o concesionarlo de manera directa a un gran operador internacional, que gustoso se quedaría manejando un terminal aéreo que tiene mercado y clientes fieles.

Pero a decir verdad, ni las autoridades locales, ni los gremios económicos, ni la clase política, ni la opinión pública serán capaces de ganarle el pulso al presidente Uribe Vélez, que hará valer todo su poder para reducir a su mínima expresión las voces opositoras que se puedan levantar para defender el patrimonio local. En Pereira a Uribe lo acatan, lo veneran, lo idolatran, lo respetan y le obedecen. Imagínense, entonces, cuál será la decisión.

domingo, 3 de mayo de 2009

¿CUÁL ES LA CIUDAD QUE QUEREMOS?

Uno quisiera vivir en una ciudad socialmente equitativa, que haga buen uso de los impuestos, que combine variables arquitectónicas, urbanísticas y ambientales y que se ajuste a procesos de planeación modernos e inclusivos.

Esto se debe traducir en que la gente tenga espacios para la movilización peatonal, escenarios para el esparcimiento, zonas verdes para la gestión ambiental, servicios públicos de buena calidad, vías amplias para el tránsito automotor, sistemas de transporte público confiables y legalización y formalización de las zonas marginales.

Esa ciudad debe estar abierta a debatir sobre si su gestión urbana debe propiciar la Dispersión o la Concentración. Tiene que tener un balance real de su amueblamiento urbano. Ser capaz de mapear la disponibilidad de tierra. Actualizar el catastro sin afectar la salud económica de las familias. Intervenir decididamente sobre los procesos de gentrificación urbana para evitar conflictos de convivencia local.

Lo ideal es vivir en una ciudad donde no prevalezca un Alcalde Marca sino una Administración de Consensos y Objetivos. Donde se privilegien acciones culturales y se respete la relación entre Diferencia y Diversidad. Y donde se piense el desarrollo en función de concertaciones regionales para la complementariedad, el emprendimiento y la competitividad.

Esa ciudad debe lograr que el gobierno local procure construir un modelo de intervención social y económica que contribuya a mejorar los indicadores de desarrollo humano, buscando que sus habitantes puedan gozar de una vida más larga y digna, acceder fácilmente a los servicios de educación y contar con los recursos mínimos para prodigarse una vivienda confortable y una alimentación permanente.

Los ciudadanos deberían tener la posibilidad de exigir (y que se les cumpliera) que el proceso de rendición de cuentas sobre la actividad de los asuntos públicos no se convirtiera en un espectáculo circense y fuera el escenario propicio para debatir sobre cómo avanza el gobierno, teniendo como punto de partida indicadores técnicos y no discursos efectistas.

La ciudad ideal, y que se puede conseguir, debe ser muy fuerte en procesos de control social, donde la participación ciudadana sea efectiva y donde se pongan en marcha observatorios temáticos sobre políticas públicas, espacio público, seguridad y desarrollo económico, entre muchos otros temas, con lo cual se pueda alcanzar un verdadero Crecimiento de Base Ancha, que es como llaman los especialistas a una democracia incluyente, donde los gobiernos tratan a sus gobernados como personas adultas e inteligentes.

La decisión de vivir en una ciudad que cumpla con estos requisitos está en cada uno de nosotros. Lo importante es saber elegir al más competente para orientar estos sueños. En muchas regiones del mundo han logrado que las ciudades sean verdaderos espacios de convivencia y de buen vivir. ¿Por qué no lo intentamos nosotros?

domingo, 26 de abril de 2009

LAS MISERIAS DE LOS DEMÁS

A los colombianos se nos estruja el alma cuando vemos esas imágenes desgarradoras de niños famélicos envueltos en un mar de moscas en las áridas tierras del cuerno africano. Nos dolemos al observar a sus madres también moribundas, resignadas a la espera de que la muerte sea el único bálsamo para el sufrimiento de sus hijos. Quedamos estupefactos al conocer las dramáticas cifras de pobreza en Somalia, Eritrea y Etiopia. Sentimos pena por las desesperadas caminatas que emprenden en procesión esas lánguidas figuras negras en medio de un sol abrasador, con la esperanza de encontrar algo de agua en aquellas inhóspitas tierras. Se nos revuelve el estómago al ver la crudeza de las gráficas que dan cuenta del entorno nauseabundo donde se refugian esas comunidades empobrecidas.
Tenemos la convicción de que la miseria es terrible. Que la gente que vive en esas condiciones es sumamente desgraciada. Que el mundo no está haciendo lo suficiente por ayudarles. Que los gobiernos de esos países son terriblemente injustos, pérfidos y corruptos. Nos afligimos por esos pobres lejanos del África oriental o del Asia. Incluso, sentimos dolor solidario por la pobrería haitiana, boliviana y paraguaya.
Pero los colombianos nos resistimos a mirar hacia los lados. No queremos esculcar nuestras propias miserias. Nos da miedo encontrarnos de frente una imagen similar en el Chocó a la que nos muestran de Yibuti al este del África. Nos enconchamos en nuestras glorias fingidas y en nuestras estadísticas inventadas, para alejar la tentación de revisar nuestra realidad.
Pero como los hechos son los hechos, ahí están: el nivel de pobreza de los colombianos es del 45%. Sin embargo, este promedio dramático esconde iniquidades regionales gravísimas, que no dejan ver cómo en Chocó de cada 10 personas 8 son pobres y de estas 5 son indigentes. En situación parecida están los habitantes de Sucre, Guajira, Córdoba y Nariño. Esto quiere decir que no es necesario mirar hacia el exterior para encontrar a la pobreza extrema.
La desnutrición global, que se refleja en la baja talla, afecta el 7% de los niños del país. Pero la situación específica de Guajira y Boyacá es crítica, dado que doblan este índice. En cuanto a mortalidad infantil, aparece Cauca, Chocó y Guajira exhibiendo cifras vergonzosas para un país exultante que, según las estadísticas de World Database of Happiness -un registro de la felicidad que hace en 112 países la Universidad Erasmus de Rotterdam-, es el más feliz del mundo.
Pero esta felicidad desbordante muy seguramente no tendrá cabida en los hogares de 9 millones de colombianos que no cuentan con acceso a agua potable, tal como en reiteradas ocasiones lo han dicho la Procuraduría General, la Superintendencia de Servicios Públicos y las organizaciones no gubernamentales y que ahora lo corrobora la Defensoría del Pueblo.
Los colombianos no tenemos necesidad de buscar en Nigeria las historias crueles de familias que padecen la falta de agua. Simplemente hay que hurgar en los datos que muestran departamentos como Sucre, Cesar, Santander, Chocó y Boyacá, para darnos cuenta que a pesar de que el país tiene agua suficiente, no ha sido capaz de distribuirla eficientemente, entre otras razones, como lo han denunciado Planeación Nacional y la Contraloría General, porque en muchos territorios se han robado los dineros dispuestos para programas de saneamiento básico.
La repulsión por el entorno infeccioso en que viven millones de indigentes africanos y asiáticos, también es posible experimentarla en Colombia, donde cerca de 14 millones de personas no tienen sistema de alcantarillado ni unidades sanitarias y en las localidades en que habitan, las excretas corren libres por el medio de las calles.
Lo que ocurre es que con tanta felicidad que nos embarga y metidos de cabeza en la globalización, vemos muy difusas las imágenes de nuestras propias necesidades, pero contemplamos con asombro y claridad lo que le acontece a los demás. Si persistimos en esta actitud, es muy poco probable que los colombianos seamos capaces de construir una sociedad viable.

martes, 14 de abril de 2009

LO PEOR DE LA CRISIS ECONÓMICA ESTÁ POR VENIR

La crisis de la economía mundial apenas está comenzando. Lo peor está por venir. Es cierto que la crisis hipotecaria en Estados Unidos y varios países europeos ha golpeado sin misericordia a las familias. También es cierto que los bancos no fueron capaces de resistir la toxicidad de sus activos. No menos grave es la caída de las bolsas.

El primer capitulo de esta crisis universal de la economía ha dejado a millones de familia sin techo y sin empleo. Ha provocado que muchos millonarios ya no lo sean. Ha incitado a la desconfianza ciudadana en los mercados. Ha empezado a golpear la estructura fiscal de los Estados. Pero hace falta un segundo capitulo, que ya se está escribiendo, para desventura de millones de personas.

Este nuevo capitulo estará basado en la caída del consumo de las familias y en la cesación del pago de las obligaciones al sistema financiero por tarjetas de crédito. Estamos aproximándonos a una verdadera catástrofe.

Las familias, bien por una baja en sus ingresos o por previsión, ya no están comprando lo que tradicionalmente adquirían y esta es la causa para que los centros comerciales, las grandes superficies de alimentos, los restaurantes, los distribuidores de gasolina, los hoteles y las aerolíneas estén facturando menos y, por lo tanto, los fiscos locales y nacionales, para el caso colombiano, estén recibiendo menores ingresos por impuestos como IVA, Retención en la Fuente, Industria y Comercio y Predial, lo que pondrá en cuidados intensivos el gasto público.

Cuando las personas disminuyen su nivel de consumo, entonces se produce un fenómeno económico recesivo, que se origina porque la industria baja la producción, dado que el comercio vende menos, y entonces ambos sectores no tienen más remedio que disminuir costos, y uno de los más importantes es el laboral. Con más gente desempleada, la posibilidad de reactivar la economía por la vía de la demanda se hace casi que imposible y entonces empieza a ocurrir un hecho gravísimo: la deflación, o sea, una disminución generalizada de los precios, presionada por productores y comerciantes que requieren cubrir parte de sus costos de producción y ubicarse en un punto donde sus pérdidas sean menores, con los peligros que esto representa, especialmente por la propensión de los consumidores a no comprar a la espera de que los precios sigan bajando.

Estas familias con menores o inexistentes ingresos, tomarán la decisión de no pagar sus obligaciones financieras, especialmente las de las tarjetas de crédito, que les han servido en los últimos meses para intentar mantener el ritmo de consumo tradicional. Y eso conllevará, ya se está viendo en algunos países, a que se cierre o restrinjan todo tipo de préstamos, se pidan más garantías, y a que las economías nacionales tarden más tiempo del necesario en salir de la crisis, porque no sólo basta con poner a funcionar el sistema productivo, sino que se debe crear la confianza necesaria entre los actores de la economía.

Para el caso colombiano, se asegura que el sistema financiero está blindado y en capacidad de soportar cualquier tipo de turbulencia. Eso es lo que nos dicen todos los días las autoridades y gran parte de los expertos. Ojalá así sea. ¿Pero, se puede confiar en las afirmaciones oficiales, después de lo que ha ocurrido en la economía nacional en los últimos seis meses?

domingo, 5 de abril de 2009

PEREIRA ES UNA CIUDAD PUJANTE, PERO CON MUCHAS AMENAZAS

Pereira es una ciudad que está creciendo urbanísticamente, que tiene un desarrollo comercial envidiable, que ha mejorado su calificación de oferta académica, que posee una institucionalidad respetable y que es percibida como el núcleo de una región estratégica para el país.

Desde hace muchos años Pereira es vista en el panorama nacional como líder en la zona cafetera en casi todos los indicadores socioeconómicos y, por lo tanto, mucho más importante que sus similares de Caldas y Quindío.

Gran parte de la actividad productiva y financiera de Risaralda se concentra en Pereira, al igual que las realizaciones administrativas, académicas y políticas. Una visión global del Departamento, exceptuando a la ciudad capital, muestra un territorio bastante subdesarrollado, con indicadores sociales muy pobres, con un altísimo nivel de dependencia fiscal y con demasiadas ineficiencias e incapacidades. Pereira hace la diferencia y equilibra las cargas.

Pero dentro de ese poderío indiscutible del que hace gala Pereira, se mueve una realidad inocultable que socava los cimientos de la sociedad y podría, eventualmente, poner en riesgo su liderazgo regional. Lo primero que se percibe es el aumento de los cinturones de miseria, que se hacen visibles en invasiones o en proyectos de vivienda que no llenan los mínimos de dignidad humana, al carecer de servicios públicos básicos; no tener conectividad rápida con los servicios de transporte masivo; y, no acceder con facilidad a los centros de salud, educación y recreación. La mayoría de esas viviendas fueron construidas con materiales que ayudan a reproducir el doloroso círculo de la miseria.

La magnificencia urbanística y el derroche económico en ciertos sectores de la ciudad, develan una relación desproporcionada entre los ingresos y las oportunidades de los más ricos y los más pobres, lo que sin duda deja al desnudo una sociedad inequitativa, que intenta ocultar, sin mucho éxito, sus más desagradables realidades.

Los visitantes que vienen a la ciudad atraídos por las grandes superficies comerciales, se enfrentan a los problemas de movilidad en Pereira, originados muchos de ellos en una planeación inexperta y en decisiones políticas amañadas y tremendamente equivocadas. Uno de esos hitos de irresponsabilidad fue el trazado del Megabus, que ahogó de un solo tajo la posibilidad de una circulación fluida dentro de la ciudad, al adueñarse de una malla vial insuficiente y no permitir que sectores deprimidos pudieran ser beneficiados con la renovación urbana.

La llegada de más universidades, la modernización de las existentes y la excelente oferta de formación superior, contrasta con los indicadores de desempleo abierto, crecimiento del subempleo, alta demanda laboral de mano de obra no calificada y ascendente desocupación profesional. Esto explica en gran medida la fuga de profesionales hacia otras regiones del país y del exterior, lo cual afecta la calificación de competitividad local en el escenario nacional, restringiendo las posibilidades futuras de crecimiento.

Cuando se habla de Pereira en distintos escenarios, es claro que la conclusión más recurrente es que tiene potencialidades para convertirse en un centro de servicios de alto nivel. Pero para lograrlo es fundamental superar los índices de inseguridad, originados, de acuerdo con las noticias que diariamente se difunden, a la acción de las bandas delincuenciales, cuyos integrantes dicen no tener ninguna oportunidad de ascenso social.

Pereira, enmarcada en uno de los más bellos parajes de la geografía nacional, tiene que fortalecer su política de inversión ambiental, que garantice, por lo menos, el agua que surte el acueducto. Además, debe promover un mejoramiento de la calidad en la prestación integral de los servicios públicos.

Uno esperaría que una acción conjunta entre el gobierno municipal, los empresarios, las comunidades organizadas y las universidades, desencadenara en un modelo de desarrollo de la ciudad para los próximos treinta años, que impidiera más improvisaciones, y que atacara aquellos problemas que se están volviendo estructurales, y que podrían convertirse en un gran obstáculo futuro para la convivencia de la sociedad, para mejorar la equidad social, para brindar nuevas oportunidades a los ciudadanos, para abrir espacios de deliberación y para lograr que el crecimiento de la economía redunde en una mayor calidad de vida y de desarrollo humano.

viernes, 27 de marzo de 2009

CON EL AGUA AL CUELLO

Mientras usted lee esta columna en los próximos tres minutos, exactamente tres personas estarán siendo afectadas por el invierno en Colombia. Las cifras de la Cruz Roja aseguran que en el primer trimestre de este año, 120.000 personas han visto cómo sus bienes fueron dañados por las inundaciones, deslizamientos, avalanchas, granizadas y vendavales, mientras que 45 personas perdieron su vida. En otras palabras, cada minuto en promedio, una persona resulta perjudicada por la ola invernal.
Desde el gobierno nacional se les ordena a los alcaldes y gobernadores que activen los Comités de Emergencia. Y ellos, de manera diligente lo hacen. Programan reuniones, en las cuales la conclusión casi siempre es la misma: “no tenemos con qué atender a los damnificados”. Lo único es su traslado a las escuelas o a las casetas comunales. Y allí, centenares de familias esperan a que el invierno amaine, para poder regresar a los sitios que tradicionalmente ocupan y tratar de levantar nuevamente su rancho e intentar rehacer sus vidas en medio de la pobreza y el peligro, tal vez con una cobija y una olla nueva, entregada por los organismos de socorro, luego de las campañas de solidaridad nacional.
En 2008, supimos que cerca de un millón de personas, algo así como el 2% de la población colombiana fue dañada por el inverno y que los muertos superaron las dos centenas. Los medios de comunicación coincidieron en afirmar que las consecuencias de dicho invierno fueron una de las noticias más destacadas del año. Pero llegó diciembre con su alegría y la sociedad colombiana se olvidó del pavor que producen en muchas regiones del país las lluvias torrenciales.
Al comenzar el 2009, volvimos a observar las inundaciones en calles y avenidas. Asistimos a granizadas terroríficas que tumban techos. A deslizamientos que causan muerte. A avalanchas que acaban con la producción agrícola y destruyen carreteras. En la televisión nos muestran a familias pobres y ricas, las unas armadas con baldes y las otras con motobombas, sacando el agua que se les metió hasta la sala, acabando con el sillón viejo o con la alfombra persa.
Ahora que estamos sumidos en una nueva temporada invernal, donde las lluvias se están haciendo cada vez más fuertes y continuas. Cuando cerca de 20 departamentos están viendo caer más agua que de costumbre. Cuando hay miles de personas, especialmente niños, sufriendo de enfermedades respiratorias y otras están asistiendo al médico por erupciones en la piel. Cuando el invierno está atrapando en la pobreza extrema a centenares de miles de compatriotas. Cuando está sucediendo todo esto, nos volvemos a percatar que no existe en Colombia una política de prevención de riesgos y sólo funciona un plan bastante mediocre de atención a los afectados por los desastres naturales.

domingo, 8 de marzo de 2009

NUNCA ESTUVIMOS BLINDADOS

El discurso oficial nos habló durante meses que la economía colombiana estaba blindada. El tono del discurso era convincente. La gesticulación de los funcionarios generaba confianza. Nos dijeron que la economía seguiría creciendo, que los bancos estaban boyantes, que el agro era muy productivo, que el desempleo estaba controlado, que el comercio exterior presentaba buenas expectativas, que la industria se mantenía altiva, que los inversionistas extranjeros estaban haciendo cola para poner su dinero aquí y que el comercio interno era dinámico. Nada de qué preocuparse.
Los medios de comunicación fueron especialmente receptivos al mensaje oficial y reiteraron, como para que nadie dudara, que nuestra economía estaba blindada. Incluso, se trató de vender la idea de que el blindaje era Reactivo, o sea, con la capacidad de destruir cualquier amenaza externa apenas intentara tocar nuestra realidad. Eso quería decir que la crisis de consumo de los norteamericanos no le generaría ningún rasguño a la industria cafetera, carbonífera y floricultora, y que a pesar del bajonazo del precio del petróleo seguiríamos vendiendo como si nada nuestros productos a los venezolanos.
Algunos hablaron del blindaje como un filme de seguridad, a través del cual podíamos mirar los sucesos externos sin preocuparnos de que ellos nos afectarían, por lo que la quiebra de la industria automotriz gringa y la agonía de los bancos y del sector asegurador, nos pareció un espectáculo lejano.
Pero el blindaje al cual apelaron desde la oficialidad fue el de Nivel RB V. Con él, los efectos de la quiebra financiera, de la crisis bursátil, del desempleo a nivel global y de las políticas proteccionistas que se extendían por todo el mundo, no traspasarían nuestras fronteras y aquí podríamos gozar de un oasis único y disfrutaríamos de los buenos resultados de la política fiscal y monetaria, que se erigirían como ejemplos mundiales y mostrarían cómo un país marginal sí era capaz de mantenerse incólume ante un desastre económico universal. Veríamos en vivo y en directo el desplome de las grandes naciones, mientras disfrutaríamos de nuestra prosperidad.
Sin embargo, un día cualquiera, el blindaje se rompió. Nuestro casco saltó en pedazos y la proa hizo agua. La embarcación en que nos habían montado ya no estaba protegida. La voz de alerta sobre la crisis la dio el vocero de los industriales, que de esta manera confirmó lo que ya muchos habían empezado a observar a través de las hendijas que se abrían sobre la estructura, pero que el gobierno resanaba de vez en vez.
Los medios, voceros oficiosos del discurso del blindaje, cambiaron el tono, y empezaron a contar que la industria había caído en un 10%; que el comercio estaba lejos de las ventas de años anterior; que el desempleo había sobrepasado las peores expectativas y podría llegar al 19%; que los floricultores no habían tenido un buen Día de San Valentín; que las automotrices colombianas se habían contagiado de los mismos males que General Motor y Chrysler; que la cartera morosa se había duplicado; que la inflación estaba cediendo porque no había suficientes compradores, o porque los compradores estaban comprando cada vez menos; que la construcción se había frenado y que muchas viviendas, locales y bodegas no se habían podido negociar; que inversionistas internacionales se estaban retirando del mercado nacional; que el IGBV se mantenía a la baja y que las transacciones en Bolsa alcanzaban unas cifras ridículas; que los $55 billones anunciados como Plan de Choque por Planeación se volvieron un “rey burlas”; que la cosecha cafetera bajaría; que los departamentos afectados por las Pirámides se seguirán sumiendo en la pobreza.
En fin, ahora estamos ante un discurso apocalíptico. Que nos muestra que nunca estuvimos blindados. Que somos blanco fácil de los acontecimientos mundiales. Que estaremos afectados por un menor crecimiento económico, con un aumento sustancial del número de pobres y con un paro laboral bastante pronunciado, que hará que perdamos en los próximos dos años gran parte de lo que se había ganado en el pasado reciente. Y que nos demuestra que hubo irresponsabilidad en la orientación de la política económica del país.

lunes, 23 de febrero de 2009

EFECTOS DE LA DEFORESTACION EN EL CUMPLIMIENTO DE LOS OBJETIVOS DE DESARROLLO DEL MILENIO[1]

La tierra tiene cubierto el 30% de su extensión con bosques, lo que suma 4.000 millones de hectáreas. Sin embargo, esta cifra sufre paulatinamente una disminución del 0,2% anual, dado que la relación neta de forestación es negativa en 8 millones de hectáreas cada año.
Los estudios relacionados con el sector forestal[3] indican que en los últimos tres lustros se perdieron 120 millones de hectáreas de bosques y que la situación más complicada se presenta en África y América Latina y del Caribe. En el continente negro, el daño anual es de 0,6% de la superficie forestal, en tanto en Latinoamérica asciende a 0,51% y con tendencia al alza.
En el caso particular de Colombia, el nivel de deforestación oscila entre el 0,18% (Ideam) y el 0,24% (Centros de investigación privados). La meta trazada por Colombia en el ODM7, relacionado con Sostenibilidad Ambiental, es de reforestar anualmente 30.000 hectáreas. Y en efecto, este propósito se está superando. El país está reforestando alrededor de 32.000 hectáreas, de acuerdo con los datos del Ministerio del Ambiente y la Vivienda. Sin embargo, el resultado neto es negativo, dado que se están deforestando entre 90.000 y 120.000 hectáreas, dependiendo de la fuente que se tome como referencia.

Este panorama tan poco halagüeño originado en una actividad forestal desproporcionada, a veces ilegal, y en ocasión producto del conflicto, tiene efectos en la calidad de vida de las personas, en la disminución de la biodiversidad, en la oferta hídrica y en los daños del suelo.
Dicho de una manera más categórica, una gestión inadecuada del bosque afecta no sólo variables ambientales, sino también indicadores relacionados con la salud, la vivienda, la educación y la nutrición, que son elementos sustanciales de los Objetivos del Milenio y, por lo tanto, pone en serio riesgo el cumplimiento de las metas.

¿POR QUÉ SE TALA?

Una parte muy importante de la madera que se tala tiene como destino los procesos industriales. Esencialmente las presiones de la demanda se relacionan con la construcción de muelles, puentes y barcos, así como la decoración de casas, terminados de edificios y elaboración de muebles. Los negocios anuales de madera en rollo superan los 400.000 millones de dólares.

Las tendencias de la moda a favor de la madera en Europa, la naciente demanda de los países asiáticos y el volumen tan alto de negocios, son incentivos para la explotación irracional de los bosques naturales, que en muchas ocasiones se hace de manera ilegal e inadecuada, lo que obliga a que los países importadores extremen las medidas para evitar este tipo de comercio sin el lleno de todos los requisitos, y para que las autoridades locales hagan cumplir las normas para que los bosques no sigan siendo saqueados.

Otro factor que acelera la tala de los bosques, es el crecimiento de las áreas sembradas en coca y amapola, especialmente en Colombia. De acuerdo con los mapas satelitales publicados, es evidente que en medio de las áreas boscosas se están desarrollando cultivos ilegales que van en progreso, a pesar de los esfuerzos del gobierno por erradicarlos.

Con el auge de los agrocombustibles, ya no basta utilizar biomasas como maíz, palma aceitera, caña de azúcar, soya y cebada, sino que los ojos se han puesto en la lignina, para convertirla en precursora química para la obtención de etanol. Esta biomasa lignocelulósica es un componente esencial de la madera cuya experimentación para obtener precursores químicos va muy adelantada, y aunque las investigaciones se han concentrado en residuos forestales y agroindustriales, una vez se logre hacer eficiente industrialmente la ruptura de la molécula polimérica, la ambición humana por obtener la mayor rentabilidad posible, no dejará árbol pie. Y aquí se concentra uno de los grandes peligros que enfrentan los bosques del mundo.

La pobreza extrema es un enemigo natural de los bosques. La mayoría de los pobres del áfrica subsahariana, de la India y de Centro y Suramérica no tienen acceso a la electricidad ni al gas, y lo único que tienen a mano para la cocción de sus alimentos y para asegurarse calor en las temporadas de frio e invierno, son los árboles que están a su alrededor. Es una deforestación para la sobrevivencia, y ella no cederá hasta tanto el mundo desarrollado y rico acelere la decisión de ayudar a sacar de la miseria a cerca de mil millones de personas.

Otra de las causas para que la tala de bosques mantenga niveles tan altos, son las malas prácticas agronómicas. Los campesinos han agotado la tierra agrícola debido a la ineficiencia con que producen. La falta de asistencia técnica y la prevalencia de prácticas que dañan los suelos, obliga a los habitantes del campo a quitarle paulatinamente espacio a los bosques naturales en busca de nuevos terrenos para producir alimento. Sin embargo, lo que queda es la prevalencia de un círculo vicioso de improductividad y de daños ambientales, ya que la tierra de los bosques no necesariamente es apta para la producción agrícola y pecuaria, y esto explica en parte que la tasa anual de productividad en el campo disminuya un 1%.

Debido a una urbanización cada vez más rápida las zonas boscosas que circundan los asentamientos son arrasadas sin contemplación alguna. El caso de América Latina es paradigmático, pues mientras en el mundo, de acuerdo con las estadísticas del Fondo de Población de Naciones Unidas, el 50% de las personas viven en las áreas urbanas, en esta parte del continente la urbanización representa el 72%, en tanto en Colombia es del 74.3%, de acuerdo con las cifras del Censo poblacional de 2005. El primer gran efecto de este fenómeno, es que la gente busca espacios para vivir y los encuentran en los cerros y montañas de las ciudades, los que van conquistando hacha y machete en mano. Codito en Bogotá, Ciudadela Sucre en Soacha o Villa Santana en Pereira, son ejemplos que corroboran esta afirmación.

Las consecuencias de la deforestación para darle cabida a la ola de urbanización, se refieren a procesos erosivos del suelo, aumento de las amenazas naturales por deslizamientos de tierra, crecimiento de la marginalidad social ante la imposibilidad de llevar a estos lugares los servicios públicos y sociales y afectación sustancial de los mínimos básicos de habitabilidad. El resultado es la descomposición del tejido social y la perpetuación de la pobreza.

A todo esto se suma la inversión pública y privada que se hace en carreteras, puertos y servicios turísticos y que en muchas oportunidades acuden a la deforestación para poder ejecutar las obras.

Y, finalmente, aparecen los incendios forestales como una de las razones más importantes de los daños a los bosques. Cada año se pierden aproximadamente 40 millones de hectáreas por este fenómeno que es inducido por el hombre en por lo menos el 90% de los casos, debido a quemas incontroladas y actos vandálicos. La mitad de estos incendios se concentran en África. Los efectos ambientales son dramáticos, porque tiene impactos directos sobre el calentamiento global, las fuentes de agua y la fauna y la flora. Los daños en la economía se evidencian en la pérdida de cultivos y ganado, daño de los suelos y afectación de la propiedad privada. Además, normalmente hay muertos en estos acontecimientos.

A pesar de todos estos datos tan dramáticos, se debe reconocer el avance logrado en la consolidación de bosques plantados con fines industriales, que contribuyen a capturar dióxido de carbono, a recuperar algunos suelos y a evitar una marcha más acelerada de deforestación de los bosques naturales. Así mismo, se notan esfuerzos en varias regiones del mundo por consolidar un modelo de bosques forestales urbanos, con lo cual se intenta aminorar los impactos de la deforestación en el campo.

IMPACTOS AMBIENTALES

Cada que se intervienen de manera irresponsable o ilegal los bosques, se producen impactos ambientales críticos que tienen que ver con la oferta de agua, la regulación de las escorrentías, el cambio climático, la disminución de la captura de CO2, la pérdida de biodiversidad, el daño en los suelos y la afectación de los elementos constitutivos de la biodiversidad.

Daños en el suelo. Cerca de 2.000 millones de hectáreas en el mundo tienen problemas de degradación de los suelos, bien por deforestación, salinización o erosión. Esta situación afecta a una sexta parte de la población mundial y los costos directos por sus efectos ascienden anualmente a 40.000 millones de dólares. Una de las implicaciones más críticas se observa en la disminución de la productividad de la tierra, a lo que se suma que 20 millones de hectáreas de tierra labrantía se degradan anualmente.

Aumento de los riesgos. El manejo inadecuado de los suelos, generados fundamentalmente por la deforestación, tienden a causar grandes avenidas, que erosionan la tierra, provocan deslizamientos y aceleran las inundaciones en las zonas bajas. El impacto de una gestión ineficiente del riesgo por causas antrópicas, ha afectado en la última década a cerca de dos millones de colombianos y ha ocasionado pérdidas que representan el 0,7% del PIB anual.
Por efectos del invierno, en el mundo se habla de miles de muertos. Los hay en Tabasco México; en La Mojana, Montes de María, Barranquilla y Medellín en Colombia; en Nuevo México y Texas en Estados Unidos, en fin, las lluvias han golpeado a las naciones desarrolladas y a los países más pobres. En su andanada, ha acabado con infraestructuras físicas y con miles de hectáreas sembradas con sorgo, maíz, arroz, cebada y soya, lo cual ha contribuido a que los precios de los alimentos aumenten sustancialmente. Es con las inundaciones y con los crudos inviernos, donde se nota el dañino efecto de una relación asimétrica entre bosques y lluvias.

Disminución de la oferta hídrica. Cuando los bosques naturales son afectados por el modelo de desarrollo y de producción imperante, uno de los recursos que más sufre es el agua. En efecto, una vez las áreas amortiguadoras de las cuencas hidrográficas son deforestadas, la oferta hídrica baja, y ello tiene repercusiones en la producción agrícola, la actividad industrial, la generación eléctrica y la provisión de los acueductos. Se debe recordar que cerca de una sexta parte de la población mundial tiene problemas de fácil acceso al líquido, y que por lo menos 850 millones de personas carecen por completo de él. El caso de Colombia también es crítico. Alrededor de 10 millones de personas, en las zonas urbanas y rurales carecen del servicio de acueducto y cerca de 20.000 niños mueren anualmente por consumir agua no tratada, de acuerdo con denuncias hechas por la Procuraduría General de la Nación.

Cambio climático. Es la primera vez en la historia del planeta que el cambio climático se produce por efectos distintos a los ciclos naturales. El hombre y su actividad productiva están jugando como actores de primera línea en la modificación del clima de la tierra. La sociedad humana está depositando anualmente en la atmosfera alrededor de 6.000 millones de toneladas de carbono, originado en el consumo, principalmente, de 2.940 millones de toneladas de petróleo y 2.122 millones de toneladas de carbono. Frente a este consumo tan exageradamente alto de combustibles fósiles y frente a la disminución paulatina de las áreas boscosas, el planeta se está quedando sin uno de los elementos capaces de absorber el dióxido de carbono, lo que está originando un fenómeno de efecto invernadero que está amenazando seriamente la seguridad de la especie humana. Colombia aporta el 0,28% del total de los gases de efecto invernadero que hay en el mundo y su participación en la deforestación es de 0,01%.

RELACION BOSQUES Y POBREZA

Si todos estos problemas que mantienen una relación intrincada con la gestión que se realice de los bosques, no se controlan adecuadamente, es evidente que se producirá un freno a la disminución de la pobreza, por lo que los esfuerzos hechos hasta el momento para cumplir con el indicador transversal de los Objetivos de Desarrollo del Milenio se perderán.

El acrecentamiento de actuaciones ilegales y una explotación irracional de los bosques conducirá a que se afecte el clima, se disminuya el control de las escorrentías, se desproteja el suelo, se presenten más desastres naturales, aumente en espiral la improductividad de la tierra, escaseen los alimentos, se eleve la desnutrición, haya menos agua disponible, se acelere la aparición de enfermedades y, en esencia, la mitad del mundo siga atrapada en la pobreza y por lo menos 930 millones de seres humanos no puedan salir de la miseria.

EXISTEN ACCIONES QUE SE PUEDEN EMPRENDER

El mundo es consciente de lo que está ocurriendo con sus bosques y por eso está actuando de manera concertada. Las autoridades públicas, los organismos de control ambiental, los industriales, los propietarios y trabajadores de la tierra y las organizaciones sociales, están avanzando en un diálogo abierto y franco para procurar que exista una ordenación forestal eficiente. Que se puedan introducir instrumentos económicos relacionados con los pagos por servicios forestales y ambientales. Que las áreas protegidas sean sostenibles. Que se revisen objetivamente las políticas forestales dictadas por los gobiernos. Que se combata la ilegalidad en la explotación de los activos del bosque, no sólo a través de legislaciones modernas y acciones policivas, sino también apelando a la sensibilización social, la educación y la comunicación. Que se plantee un modelo exitoso de lucha contra los incendios forestales. Que se fortalezcan las instituciones relacionadas con este tema, y se incentive la participación de las organizaciones de la comunidad.

[1] Se puede obtener mejor información sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio en http://odm.pnud.org.co
[2] Comunicador Social y Economista. Con estudios de especialización en economía ambiental, ciencias políticas y finanzas. Viste el blog www.humbertotobon.blogspot.com
[3] Situación de los bosques del mundo, 2007. FAO

martes, 13 de enero de 2009

POR CULPA DE BUSH COLOMBIA NO TIENE TLC

Mr. Bush dijo estar defraudado por no haber firmado los TLC con Colombia, Panamá y Corea del Sur y asegura que la culpa la tiene la bancada demócrata en el Congreso de Estados Unidos. Pero esto no es cierto. El gran responsable del fracaso del TLC es el presidente Bush, quien permitió que su negociadora Regina Vargo le atravesase de manera reiterada todos los obstáculos posibles a las negociaciones entre los años 2004 y 2006. De manera persistente ella expresó que “sólo con un milagro se podrá cerrar la negociación” La actitud de la funcionaria americana, se dio precisamente en el momento en que los republicanos tenían la mayoría suficiente en el Congreso para que el Tratado se volviera una realidad. Esta es la verdad, así muchos no quieran recordarla.

La estrategia de negociación diseñada por la señora Vargo buscó siempre desquiciar a los negociadores de Colombia, Perú y Ecuador. Para ello, por ejemplo, en varias ocasiones el equipo norteamericano fue cambiado, lo cual le quitaba ritmo a las conversaciones y era necesario retomar el hilo desde el principio, tal como aconteció con David Spooner, que encabezaba las negociaciones sobre textiles y con Al Jonson de la mesa agrícola.

Los norteamericanos combinaron una actitud de desinterés con presiones económicas y políticas muy fuertes, lo que provocó ansiedad entre los negociadores colombianos, quienes se veían suplicantes. A esta misma situación llegaron empresarios y funcionarios del gobierno, quienes veían cómo se agotaba el tiempo de negociar el TLC ante la inminencia de que concluyera el ATPDEA, tema que Regina Vargo utilizó con maestría para arrinconar a la clase dirigente colombiana, que se especializó en cometer errores técnicos y políticos durante las negociaciones. Al final, lo que quedaba en la retina de la opinión era que Estados Unidos efectivamente mandaba y manipulaba y que el Tratado de Libre Comercio era un favor que ellos le estaban haciendo a tres economías empobrecidas.

Una de las pruebas fehacientes de que Vargo aplicó un plan de demolición lenta de la dignidad nacional colombiana, es que las negociaciones del TLC se habían pactado inicialmente a ocho rondas y al momento de ella renunciar a su cargo como jefe negociadora de EEUU se habían completado trece, en tanto de los 24 temas que se acordaron en la agenda de discusión, únicamente se cerraron 12.

Las negociaciones fueron difíciles. En cada reunión se presentaban problemas con la desgravación agrícola, los mecanismos de protección a través de subsidios, las medidas sanitarias y fitosanitarias, la propiedad intelectual en medicamentos y los conflictos económicos entre empresas norteamericanas y los gobiernos de la región. Mientras tanto, el presidente Bush se mostraba evasivo. Les decía a sus colegas andinos que no se preocuparan, que él buscaría un acuerdo comercial justo. Sin embargo, nunca descalificó a Regina Vargo y la dejó seguir adelante con su maniqueísmo.

Cuando se firmó el TLC entre los gobierno de Colombia y Estados Unidos, hubo algo así como una fiesta nacional. Sin embargo, los tiempos no daban para lograr la ratificación en el Congreso de Estados Unidos denominado por unas asustadas mayorías republicanas. Se veía venir el triunfo Demócrata, que le recordó a Bush que no hay que dejar para mañana lo que se puede hacer hoy, y que el tratamiento indigno y dilatorio que le dio la señora Vargo a las negociaciones con Colombia hizo fracasar una de las apuestas políticas que Bush no podía fallar y que puso a pensar a los países aliados sobre si es o no provechoso tener un socio tan manipulador.

Mientras el tema del TLC para Colombia sigue embolatado, Regina Vargo ingreso a la firma Greenberg Traurig, que representa los intereses de Panamá relacionados con el cabildeo a favor de su TLC. La exfuncionaria de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos fue la negociadora del tratado comercial con Panamá y demoró de manera injustificada su conclusión. Al retirarse del servicio público dejó en la novena ronda las negociaciones con Panamá y luego las recogió desde el otro lado de la barda como consultora privada, impulsando el Tratado para que fuera suscrito por el gobierno, pero que no ha sido aprobado por el Congreso.

Qué bueno es recordar la historia. Pero la de verdad.