Este es un blog para el debate de temas de interés general, especialmente aquellos relacionados con el medio ambiente y la política social.
domingo, 5 de abril de 2009
PEREIRA ES UNA CIUDAD PUJANTE, PERO CON MUCHAS AMENAZAS
Desde hace muchos años Pereira es vista en el panorama nacional como líder en la zona cafetera en casi todos los indicadores socioeconómicos y, por lo tanto, mucho más importante que sus similares de Caldas y Quindío.
Gran parte de la actividad productiva y financiera de Risaralda se concentra en Pereira, al igual que las realizaciones administrativas, académicas y políticas. Una visión global del Departamento, exceptuando a la ciudad capital, muestra un territorio bastante subdesarrollado, con indicadores sociales muy pobres, con un altísimo nivel de dependencia fiscal y con demasiadas ineficiencias e incapacidades. Pereira hace la diferencia y equilibra las cargas.
Pero dentro de ese poderío indiscutible del que hace gala Pereira, se mueve una realidad inocultable que socava los cimientos de la sociedad y podría, eventualmente, poner en riesgo su liderazgo regional. Lo primero que se percibe es el aumento de los cinturones de miseria, que se hacen visibles en invasiones o en proyectos de vivienda que no llenan los mínimos de dignidad humana, al carecer de servicios públicos básicos; no tener conectividad rápida con los servicios de transporte masivo; y, no acceder con facilidad a los centros de salud, educación y recreación. La mayoría de esas viviendas fueron construidas con materiales que ayudan a reproducir el doloroso círculo de la miseria.
La magnificencia urbanística y el derroche económico en ciertos sectores de la ciudad, develan una relación desproporcionada entre los ingresos y las oportunidades de los más ricos y los más pobres, lo que sin duda deja al desnudo una sociedad inequitativa, que intenta ocultar, sin mucho éxito, sus más desagradables realidades.
Los visitantes que vienen a la ciudad atraídos por las grandes superficies comerciales, se enfrentan a los problemas de movilidad en Pereira, originados muchos de ellos en una planeación inexperta y en decisiones políticas amañadas y tremendamente equivocadas. Uno de esos hitos de irresponsabilidad fue el trazado del Megabus, que ahogó de un solo tajo la posibilidad de una circulación fluida dentro de la ciudad, al adueñarse de una malla vial insuficiente y no permitir que sectores deprimidos pudieran ser beneficiados con la renovación urbana.
La llegada de más universidades, la modernización de las existentes y la excelente oferta de formación superior, contrasta con los indicadores de desempleo abierto, crecimiento del subempleo, alta demanda laboral de mano de obra no calificada y ascendente desocupación profesional. Esto explica en gran medida la fuga de profesionales hacia otras regiones del país y del exterior, lo cual afecta la calificación de competitividad local en el escenario nacional, restringiendo las posibilidades futuras de crecimiento.
Cuando se habla de Pereira en distintos escenarios, es claro que la conclusión más recurrente es que tiene potencialidades para convertirse en un centro de servicios de alto nivel. Pero para lograrlo es fundamental superar los índices de inseguridad, originados, de acuerdo con las noticias que diariamente se difunden, a la acción de las bandas delincuenciales, cuyos integrantes dicen no tener ninguna oportunidad de ascenso social.
Pereira, enmarcada en uno de los más bellos parajes de la geografía nacional, tiene que fortalecer su política de inversión ambiental, que garantice, por lo menos, el agua que surte el acueducto. Además, debe promover un mejoramiento de la calidad en la prestación integral de los servicios públicos.
Uno esperaría que una acción conjunta entre el gobierno municipal, los empresarios, las comunidades organizadas y las universidades, desencadenara en un modelo de desarrollo de la ciudad para los próximos treinta años, que impidiera más improvisaciones, y que atacara aquellos problemas que se están volviendo estructurales, y que podrían convertirse en un gran obstáculo futuro para la convivencia de la sociedad, para mejorar la equidad social, para brindar nuevas oportunidades a los ciudadanos, para abrir espacios de deliberación y para lograr que el crecimiento de la economía redunde en una mayor calidad de vida y de desarrollo humano.
viernes, 27 de marzo de 2009
CON EL AGUA AL CUELLO
Desde el gobierno nacional se les ordena a los alcaldes y gobernadores que activen los Comités de Emergencia. Y ellos, de manera diligente lo hacen. Programan reuniones, en las cuales la conclusión casi siempre es la misma: “no tenemos con qué atender a los damnificados”. Lo único es su traslado a las escuelas o a las casetas comunales. Y allí, centenares de familias esperan a que el invierno amaine, para poder regresar a los sitios que tradicionalmente ocupan y tratar de levantar nuevamente su rancho e intentar rehacer sus vidas en medio de la pobreza y el peligro, tal vez con una cobija y una olla nueva, entregada por los organismos de socorro, luego de las campañas de solidaridad nacional.
En 2008, supimos que cerca de un millón de personas, algo así como el 2% de la población colombiana fue dañada por el inverno y que los muertos superaron las dos centenas. Los medios de comunicación coincidieron en afirmar que las consecuencias de dicho invierno fueron una de las noticias más destacadas del año. Pero llegó diciembre con su alegría y la sociedad colombiana se olvidó del pavor que producen en muchas regiones del país las lluvias torrenciales.
Al comenzar el 2009, volvimos a observar las inundaciones en calles y avenidas. Asistimos a granizadas terroríficas que tumban techos. A deslizamientos que causan muerte. A avalanchas que acaban con la producción agrícola y destruyen carreteras. En la televisión nos muestran a familias pobres y ricas, las unas armadas con baldes y las otras con motobombas, sacando el agua que se les metió hasta la sala, acabando con el sillón viejo o con la alfombra persa.
Ahora que estamos sumidos en una nueva temporada invernal, donde las lluvias se están haciendo cada vez más fuertes y continuas. Cuando cerca de 20 departamentos están viendo caer más agua que de costumbre. Cuando hay miles de personas, especialmente niños, sufriendo de enfermedades respiratorias y otras están asistiendo al médico por erupciones en la piel. Cuando el invierno está atrapando en la pobreza extrema a centenares de miles de compatriotas. Cuando está sucediendo todo esto, nos volvemos a percatar que no existe en Colombia una política de prevención de riesgos y sólo funciona un plan bastante mediocre de atención a los afectados por los desastres naturales.
domingo, 8 de marzo de 2009
NUNCA ESTUVIMOS BLINDADOS
Los medios de comunicación fueron especialmente receptivos al mensaje oficial y reiteraron, como para que nadie dudara, que nuestra economía estaba blindada. Incluso, se trató de vender la idea de que el blindaje era Reactivo, o sea, con la capacidad de destruir cualquier amenaza externa apenas intentara tocar nuestra realidad. Eso quería decir que la crisis de consumo de los norteamericanos no le generaría ningún rasguño a la industria cafetera, carbonífera y floricultora, y que a pesar del bajonazo del precio del petróleo seguiríamos vendiendo como si nada nuestros productos a los venezolanos.
Algunos hablaron del blindaje como un filme de seguridad, a través del cual podíamos mirar los sucesos externos sin preocuparnos de que ellos nos afectarían, por lo que la quiebra de la industria automotriz gringa y la agonía de los bancos y del sector asegurador, nos pareció un espectáculo lejano.
Pero el blindaje al cual apelaron desde la oficialidad fue el de Nivel RB V. Con él, los efectos de la quiebra financiera, de la crisis bursátil, del desempleo a nivel global y de las políticas proteccionistas que se extendían por todo el mundo, no traspasarían nuestras fronteras y aquí podríamos gozar de un oasis único y disfrutaríamos de los buenos resultados de la política fiscal y monetaria, que se erigirían como ejemplos mundiales y mostrarían cómo un país marginal sí era capaz de mantenerse incólume ante un desastre económico universal. Veríamos en vivo y en directo el desplome de las grandes naciones, mientras disfrutaríamos de nuestra prosperidad.
Sin embargo, un día cualquiera, el blindaje se rompió. Nuestro casco saltó en pedazos y la proa hizo agua. La embarcación en que nos habían montado ya no estaba protegida. La voz de alerta sobre la crisis la dio el vocero de los industriales, que de esta manera confirmó lo que ya muchos habían empezado a observar a través de las hendijas que se abrían sobre la estructura, pero que el gobierno resanaba de vez en vez.
Los medios, voceros oficiosos del discurso del blindaje, cambiaron el tono, y empezaron a contar que la industria había caído en un 10%; que el comercio estaba lejos de las ventas de años anterior; que el desempleo había sobrepasado las peores expectativas y podría llegar al 19%; que los floricultores no habían tenido un buen Día de San Valentín; que las automotrices colombianas se habían contagiado de los mismos males que General Motor y Chrysler; que la cartera morosa se había duplicado; que la inflación estaba cediendo porque no había suficientes compradores, o porque los compradores estaban comprando cada vez menos; que la construcción se había frenado y que muchas viviendas, locales y bodegas no se habían podido negociar; que inversionistas internacionales se estaban retirando del mercado nacional; que el IGBV se mantenía a la baja y que las transacciones en Bolsa alcanzaban unas cifras ridículas; que los $55 billones anunciados como Plan de Choque por Planeación se volvieron un “rey burlas”; que la cosecha cafetera bajaría; que los departamentos afectados por las Pirámides se seguirán sumiendo en la pobreza.
En fin, ahora estamos ante un discurso apocalíptico. Que nos muestra que nunca estuvimos blindados. Que somos blanco fácil de los acontecimientos mundiales. Que estaremos afectados por un menor crecimiento económico, con un aumento sustancial del número de pobres y con un paro laboral bastante pronunciado, que hará que perdamos en los próximos dos años gran parte de lo que se había ganado en el pasado reciente. Y que nos demuestra que hubo irresponsabilidad en la orientación de la política económica del país.
lunes, 23 de febrero de 2009
EFECTOS DE LA DEFORESTACION EN EL CUMPLIMIENTO DE LOS OBJETIVOS DE DESARROLLO DEL MILENIO[1]
Los estudios relacionados con el sector forestal[3] indican que en los últimos tres lustros se perdieron 120 millones de hectáreas de bosques y que la situación más complicada se presenta en África y América Latina y del Caribe. En el continente negro, el daño anual es de 0,6% de la superficie forestal, en tanto en Latinoamérica asciende a 0,51% y con tendencia al alza.
En el caso particular de Colombia, el nivel de deforestación oscila entre el 0,18% (Ideam) y el 0,24% (Centros de investigación privados). La meta trazada por Colombia en el ODM7, relacionado con Sostenibilidad Ambiental, es de reforestar anualmente 30.000 hectáreas. Y en efecto, este propósito se está superando. El país está reforestando alrededor de 32.000 hectáreas, de acuerdo con los datos del Ministerio del Ambiente y la Vivienda. Sin embargo, el resultado neto es negativo, dado que se están deforestando entre 90.000 y 120.000 hectáreas, dependiendo de la fuente que se tome como referencia.
Este panorama tan poco halagüeño originado en una actividad forestal desproporcionada, a veces ilegal, y en ocasión producto del conflicto, tiene efectos en la calidad de vida de las personas, en la disminución de la biodiversidad, en la oferta hídrica y en los daños del suelo.
Dicho de una manera más categórica, una gestión inadecuada del bosque afecta no sólo variables ambientales, sino también indicadores relacionados con la salud, la vivienda, la educación y la nutrición, que son elementos sustanciales de los Objetivos del Milenio y, por lo tanto, pone en serio riesgo el cumplimiento de las metas.
¿POR QUÉ SE TALA?
Una parte muy importante de la madera que se tala tiene como destino los procesos industriales. Esencialmente las presiones de la demanda se relacionan con la construcción de muelles, puentes y barcos, así como la decoración de casas, terminados de edificios y elaboración de muebles. Los negocios anuales de madera en rollo superan los 400.000 millones de dólares.
Las tendencias de la moda a favor de la madera en Europa, la naciente demanda de los países asiáticos y el volumen tan alto de negocios, son incentivos para la explotación irracional de los bosques naturales, que en muchas ocasiones se hace de manera ilegal e inadecuada, lo que obliga a que los países importadores extremen las medidas para evitar este tipo de comercio sin el lleno de todos los requisitos, y para que las autoridades locales hagan cumplir las normas para que los bosques no sigan siendo saqueados.
Otro factor que acelera la tala de los bosques, es el crecimiento de las áreas sembradas en coca y amapola, especialmente en Colombia. De acuerdo con los mapas satelitales publicados, es evidente que en medio de las áreas boscosas se están desarrollando cultivos ilegales que van en progreso, a pesar de los esfuerzos del gobierno por erradicarlos.
Con el auge de los agrocombustibles, ya no basta utilizar biomasas como maíz, palma aceitera, caña de azúcar, soya y cebada, sino que los ojos se han puesto en la lignina, para convertirla en precursora química para la obtención de etanol. Esta biomasa lignocelulósica es un componente esencial de la madera cuya experimentación para obtener precursores químicos va muy adelantada, y aunque las investigaciones se han concentrado en residuos forestales y agroindustriales, una vez se logre hacer eficiente industrialmente la ruptura de la molécula polimérica, la ambición humana por obtener la mayor rentabilidad posible, no dejará árbol pie. Y aquí se concentra uno de los grandes peligros que enfrentan los bosques del mundo.
La pobreza extrema es un enemigo natural de los bosques. La mayoría de los pobres del áfrica subsahariana, de la India y de Centro y Suramérica no tienen acceso a la electricidad ni al gas, y lo único que tienen a mano para la cocción de sus alimentos y para asegurarse calor en las temporadas de frio e invierno, son los árboles que están a su alrededor. Es una deforestación para la sobrevivencia, y ella no cederá hasta tanto el mundo desarrollado y rico acelere la decisión de ayudar a sacar de la miseria a cerca de mil millones de personas.
Otra de las causas para que la tala de bosques mantenga niveles tan altos, son las malas prácticas agronómicas. Los campesinos han agotado la tierra agrícola debido a la ineficiencia con que producen. La falta de asistencia técnica y la prevalencia de prácticas que dañan los suelos, obliga a los habitantes del campo a quitarle paulatinamente espacio a los bosques naturales en busca de nuevos terrenos para producir alimento. Sin embargo, lo que queda es la prevalencia de un círculo vicioso de improductividad y de daños ambientales, ya que la tierra de los bosques no necesariamente es apta para la producción agrícola y pecuaria, y esto explica en parte que la tasa anual de productividad en el campo disminuya un 1%.
Debido a una urbanización cada vez más rápida las zonas boscosas que circundan los asentamientos son arrasadas sin contemplación alguna. El caso de América Latina es paradigmático, pues mientras en el mundo, de acuerdo con las estadísticas del Fondo de Población de Naciones Unidas, el 50% de las personas viven en las áreas urbanas, en esta parte del continente la urbanización representa el 72%, en tanto en Colombia es del 74.3%, de acuerdo con las cifras del Censo poblacional de 2005. El primer gran efecto de este fenómeno, es que la gente busca espacios para vivir y los encuentran en los cerros y montañas de las ciudades, los que van conquistando hacha y machete en mano. Codito en Bogotá, Ciudadela Sucre en Soacha o Villa Santana en Pereira, son ejemplos que corroboran esta afirmación.
Las consecuencias de la deforestación para darle cabida a la ola de urbanización, se refieren a procesos erosivos del suelo, aumento de las amenazas naturales por deslizamientos de tierra, crecimiento de la marginalidad social ante la imposibilidad de llevar a estos lugares los servicios públicos y sociales y afectación sustancial de los mínimos básicos de habitabilidad. El resultado es la descomposición del tejido social y la perpetuación de la pobreza.
A todo esto se suma la inversión pública y privada que se hace en carreteras, puertos y servicios turísticos y que en muchas oportunidades acuden a la deforestación para poder ejecutar las obras.
Y, finalmente, aparecen los incendios forestales como una de las razones más importantes de los daños a los bosques. Cada año se pierden aproximadamente 40 millones de hectáreas por este fenómeno que es inducido por el hombre en por lo menos el 90% de los casos, debido a quemas incontroladas y actos vandálicos. La mitad de estos incendios se concentran en África. Los efectos ambientales son dramáticos, porque tiene impactos directos sobre el calentamiento global, las fuentes de agua y la fauna y la flora. Los daños en la economía se evidencian en la pérdida de cultivos y ganado, daño de los suelos y afectación de la propiedad privada. Además, normalmente hay muertos en estos acontecimientos.
A pesar de todos estos datos tan dramáticos, se debe reconocer el avance logrado en la consolidación de bosques plantados con fines industriales, que contribuyen a capturar dióxido de carbono, a recuperar algunos suelos y a evitar una marcha más acelerada de deforestación de los bosques naturales. Así mismo, se notan esfuerzos en varias regiones del mundo por consolidar un modelo de bosques forestales urbanos, con lo cual se intenta aminorar los impactos de la deforestación en el campo.
IMPACTOS AMBIENTALES
Cada que se intervienen de manera irresponsable o ilegal los bosques, se producen impactos ambientales críticos que tienen que ver con la oferta de agua, la regulación de las escorrentías, el cambio climático, la disminución de la captura de CO2, la pérdida de biodiversidad, el daño en los suelos y la afectación de los elementos constitutivos de la biodiversidad.
Daños en el suelo. Cerca de 2.000 millones de hectáreas en el mundo tienen problemas de degradación de los suelos, bien por deforestación, salinización o erosión. Esta situación afecta a una sexta parte de la población mundial y los costos directos por sus efectos ascienden anualmente a 40.000 millones de dólares. Una de las implicaciones más críticas se observa en la disminución de la productividad de la tierra, a lo que se suma que 20 millones de hectáreas de tierra labrantía se degradan anualmente.
Aumento de los riesgos. El manejo inadecuado de los suelos, generados fundamentalmente por la deforestación, tienden a causar grandes avenidas, que erosionan la tierra, provocan deslizamientos y aceleran las inundaciones en las zonas bajas. El impacto de una gestión ineficiente del riesgo por causas antrópicas, ha afectado en la última década a cerca de dos millones de colombianos y ha ocasionado pérdidas que representan el 0,7% del PIB anual.
Por efectos del invierno, en el mundo se habla de miles de muertos. Los hay en Tabasco México; en La Mojana, Montes de María, Barranquilla y Medellín en Colombia; en Nuevo México y Texas en Estados Unidos, en fin, las lluvias han golpeado a las naciones desarrolladas y a los países más pobres. En su andanada, ha acabado con infraestructuras físicas y con miles de hectáreas sembradas con sorgo, maíz, arroz, cebada y soya, lo cual ha contribuido a que los precios de los alimentos aumenten sustancialmente. Es con las inundaciones y con los crudos inviernos, donde se nota el dañino efecto de una relación asimétrica entre bosques y lluvias.
Disminución de la oferta hídrica. Cuando los bosques naturales son afectados por el modelo de desarrollo y de producción imperante, uno de los recursos que más sufre es el agua. En efecto, una vez las áreas amortiguadoras de las cuencas hidrográficas son deforestadas, la oferta hídrica baja, y ello tiene repercusiones en la producción agrícola, la actividad industrial, la generación eléctrica y la provisión de los acueductos. Se debe recordar que cerca de una sexta parte de la población mundial tiene problemas de fácil acceso al líquido, y que por lo menos 850 millones de personas carecen por completo de él. El caso de Colombia también es crítico. Alrededor de 10 millones de personas, en las zonas urbanas y rurales carecen del servicio de acueducto y cerca de 20.000 niños mueren anualmente por consumir agua no tratada, de acuerdo con denuncias hechas por la Procuraduría General de la Nación.
Cambio climático. Es la primera vez en la historia del planeta que el cambio climático se produce por efectos distintos a los ciclos naturales. El hombre y su actividad productiva están jugando como actores de primera línea en la modificación del clima de la tierra. La sociedad humana está depositando anualmente en la atmosfera alrededor de 6.000 millones de toneladas de carbono, originado en el consumo, principalmente, de 2.940 millones de toneladas de petróleo y 2.122 millones de toneladas de carbono. Frente a este consumo tan exageradamente alto de combustibles fósiles y frente a la disminución paulatina de las áreas boscosas, el planeta se está quedando sin uno de los elementos capaces de absorber el dióxido de carbono, lo que está originando un fenómeno de efecto invernadero que está amenazando seriamente la seguridad de la especie humana. Colombia aporta el 0,28% del total de los gases de efecto invernadero que hay en el mundo y su participación en la deforestación es de 0,01%.
RELACION BOSQUES Y POBREZA
Si todos estos problemas que mantienen una relación intrincada con la gestión que se realice de los bosques, no se controlan adecuadamente, es evidente que se producirá un freno a la disminución de la pobreza, por lo que los esfuerzos hechos hasta el momento para cumplir con el indicador transversal de los Objetivos de Desarrollo del Milenio se perderán.
El acrecentamiento de actuaciones ilegales y una explotación irracional de los bosques conducirá a que se afecte el clima, se disminuya el control de las escorrentías, se desproteja el suelo, se presenten más desastres naturales, aumente en espiral la improductividad de la tierra, escaseen los alimentos, se eleve la desnutrición, haya menos agua disponible, se acelere la aparición de enfermedades y, en esencia, la mitad del mundo siga atrapada en la pobreza y por lo menos 930 millones de seres humanos no puedan salir de la miseria.
EXISTEN ACCIONES QUE SE PUEDEN EMPRENDER
El mundo es consciente de lo que está ocurriendo con sus bosques y por eso está actuando de manera concertada. Las autoridades públicas, los organismos de control ambiental, los industriales, los propietarios y trabajadores de la tierra y las organizaciones sociales, están avanzando en un diálogo abierto y franco para procurar que exista una ordenación forestal eficiente. Que se puedan introducir instrumentos económicos relacionados con los pagos por servicios forestales y ambientales. Que las áreas protegidas sean sostenibles. Que se revisen objetivamente las políticas forestales dictadas por los gobiernos. Que se combata la ilegalidad en la explotación de los activos del bosque, no sólo a través de legislaciones modernas y acciones policivas, sino también apelando a la sensibilización social, la educación y la comunicación. Que se plantee un modelo exitoso de lucha contra los incendios forestales. Que se fortalezcan las instituciones relacionadas con este tema, y se incentive la participación de las organizaciones de la comunidad.
[1] Se puede obtener mejor información sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio en http://odm.pnud.org.co
[2] Comunicador Social y Economista. Con estudios de especialización en economía ambiental, ciencias políticas y finanzas. Viste el blog www.humbertotobon.blogspot.com
[3] Situación de los bosques del mundo, 2007. FAO
martes, 13 de enero de 2009
POR CULPA DE BUSH COLOMBIA NO TIENE TLC
La estrategia de negociación diseñada por la señora Vargo buscó siempre desquiciar a los negociadores de Colombia, Perú y Ecuador. Para ello, por ejemplo, en varias ocasiones el equipo norteamericano fue cambiado, lo cual le quitaba ritmo a las conversaciones y era necesario retomar el hilo desde el principio, tal como aconteció con David Spooner, que encabezaba las negociaciones sobre textiles y con Al Jonson de la mesa agrícola.
Los norteamericanos combinaron una actitud de desinterés con presiones económicas y políticas muy fuertes, lo que provocó ansiedad entre los negociadores colombianos, quienes se veían suplicantes. A esta misma situación llegaron empresarios y funcionarios del gobierno, quienes veían cómo se agotaba el tiempo de negociar el TLC ante la inminencia de que concluyera el ATPDEA, tema que Regina Vargo utilizó con maestría para arrinconar a la clase dirigente colombiana, que se especializó en cometer errores técnicos y políticos durante las negociaciones. Al final, lo que quedaba en la retina de la opinión era que Estados Unidos efectivamente mandaba y manipulaba y que el Tratado de Libre Comercio era un favor que ellos le estaban haciendo a tres economías empobrecidas.
Una de las pruebas fehacientes de que Vargo aplicó un plan de demolición lenta de la dignidad nacional colombiana, es que las negociaciones del TLC se habían pactado inicialmente a ocho rondas y al momento de ella renunciar a su cargo como jefe negociadora de EEUU se habían completado trece, en tanto de los 24 temas que se acordaron en la agenda de discusión, únicamente se cerraron 12.
Las negociaciones fueron difíciles. En cada reunión se presentaban problemas con la desgravación agrícola, los mecanismos de protección a través de subsidios, las medidas sanitarias y fitosanitarias, la propiedad intelectual en medicamentos y los conflictos económicos entre empresas norteamericanas y los gobiernos de la región. Mientras tanto, el presidente Bush se mostraba evasivo. Les decía a sus colegas andinos que no se preocuparan, que él buscaría un acuerdo comercial justo. Sin embargo, nunca descalificó a Regina Vargo y la dejó seguir adelante con su maniqueísmo.
Cuando se firmó el TLC entre los gobierno de Colombia y Estados Unidos, hubo algo así como una fiesta nacional. Sin embargo, los tiempos no daban para lograr la ratificación en el Congreso de Estados Unidos denominado por unas asustadas mayorías republicanas. Se veía venir el triunfo Demócrata, que le recordó a Bush que no hay que dejar para mañana lo que se puede hacer hoy, y que el tratamiento indigno y dilatorio que le dio la señora Vargo a las negociaciones con Colombia hizo fracasar una de las apuestas políticas que Bush no podía fallar y que puso a pensar a los países aliados sobre si es o no provechoso tener un socio tan manipulador.
Mientras el tema del TLC para Colombia sigue embolatado, Regina Vargo ingreso a la firma Greenberg Traurig, que representa los intereses de Panamá relacionados con el cabildeo a favor de su TLC. La exfuncionaria de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos fue la negociadora del tratado comercial con Panamá y demoró de manera injustificada su conclusión. Al retirarse del servicio público dejó en la novena ronda las negociaciones con Panamá y luego las recogió desde el otro lado de la barda como consultora privada, impulsando el Tratado para que fuera suscrito por el gobierno, pero que no ha sido aprobado por el Congreso.
Qué bueno es recordar la historia. Pero la de verdad.
martes, 2 de diciembre de 2008
Uribe: melancólico y confundido
La ineficiencia estatal para controlar la ilegal captación de recursos del público; el desdén con que fueron tomadas las advertencias sobre las comercializadora DMG; y la lenta reacción del propio Presidente de la República, han originado la indignación de millones de personas, que ahora señalan a Uribe como responsable de la pérdida de sus ahorros.
Los damnificados por la hecatombe de las pirámides, están exculpando sus errores y cargándoselos al Presidente, dándole, así, de su propia medicina. Uribe se ha mostrado como un experto en distraer, en confundir y en echarle la culpa de sus deficiencias a otros, sin darles la oportunidad a sus contradictores de reaccionar, simplemente porque su inmenso poder político, aunado al servilismo de la casi totalidad de los medios de comunicación, lo han puesto en una posición dominante e infranqueable.
Sin embargo, en esta ocasión Uribe se vio desnudo ante toda la sociedad. No tenía a quién echarle la culpa. Tuvo que aceptar que fue lento y descuidado con el tema de las pirámides. Su mea culpa, cuidadosamente estudiada para que le asegurara réditos políticos, se convirtió en bumerán. Desesperado porque su jugada no logró el impacto deseado, empezó a tomar decisiones arbitrarias, algunas, necesarias, otras, pero todas fueron interpretadas por los ahorradores timados como una traición de quien hasta entonces era visto como su Mesías.
Uribe, vituperado por las mismas masas que ayer lo vitoreaban y lo ensalzaban, perdió rápidamente los estribos y siguió dando bandazos en sus decisiones sobre cómo controlar esta hecatombe que lo está sepultando bajo los escombros de las pirámides. Verlo desencajado y sin un libreto para interpretar, fue el momento que aprovechó la oposición para descargar contra él y su familia una batería de argumentos que el gobierno no ha sido capaz de explicar adecuadamente y que dejó sembradas dudas sobre el comportamiento de quienes ocupan el palacio presidencial.
A esto se le suma el hecho de que miembros de la coalición uribista en el Congreso, jefes políticos regionales adeptos al mandatario, policías y militares, así como jueces, estén inmiscuidos en oscuros pasajes con los promotores de pirámides y comercializadoras de dudosa procedencia. Incluso, los propios paniaguados del Presidente que promueven el referendo reeleccionista cayeron en las redes murcianas y sembraron de nuevas dudas éticas su comportamiento social.
Estamos asistiendo a un episodio en el que vemos a un Presidente melancólico, que ya no habla con la misma fuerza y que no actúa con la misma contundencia de antes. Su rostro denota un rictus de amargura. Su mirada está llena de ira con sus más allegados colaboradores, a quienes intenta culpar de no contarle lo que todos sabían: que las pirámides se estaban construyendo a una velocidad alarmante y que detrás de todas habían ilicitudes evidentes.
Este episodio de las pirámides y las comercializadoras ilegales dejaron en evidencia que Uribe es falible, que no se las sabe todas, que tiene debilidades, que no es capaz de conducirse con aplomo si no tiene un espejo retrovisor o un culpable a quien pueda poner de mampara.
lunes, 3 de noviembre de 2008
¿Y dónde está el Alcalde?
Transcurrida una quinta parte del periodo de gobierno, los habitantes de Bogotá pasaron de la euforia electoral a los comentarios cada vez más desapacibles sobre la gestión del alcalde Moreno. La frase más pronunciada y más indicativa de lo que está sucediendo es: “¿Y dónde está el Alcalde?”
La principal razón que empieza a prevalecer es que la Capital no cuenta con un proyecto de gobierno que les garantice a los habitantes unas mejores condiciones de vida y una orientación convincente sobre qué pueden esperar en el corto y mediano plazo de la administración pública.
Bogotá se debate en una crisis absoluta de movilidad y las acciones para enfrentarla se posponen. Las propuestas gubernamentales de modificar el pico y placa, instalar un “peajecito” en la salida de Chía o construir un Metro, no cuentan o con el suficiente respaldo social o evidencian una limitada capacidad de negociación del Alcalde frente a sus similares de la sabana y ante el gobierno nacional.
La imagen de la capital del país, que llegó a convertirse en el pasado reciente en sinónimo de progreso, calidez, solidaridad, civismo y limpieza, se ha deteriorado grandemente. La mayoría de las calles son caminos de herradura; los andenes son trampas humanas; en las avenidas las tapas de las alcantarillas han desaparecido; los parques son vertederos de basura a cielo abierto; la autoridad se esfumó; el espacio público es un negocio privado; y de la cultura ciudadana no existe ni el recuerdo.
La opinión pública percibe que la seguridad en Bogotá ha empeorado; que los Macroproyectos no despegan; que no existe capacidad institucional para ejecutar la inversión; que hay dudas en la transparencia del manejo de ciertos recursos; que la inversión social no es el centro de la dinámica gubernamental y que la participación ciudadana se desvaneció.
Sin confianza pública no es posible construir gobernabilidad. Lo que se requiere con urgencia es que el Alcalde recobre la confianza ciudadana, mostrando mayor decisión, más acción, más autoridad, más conocimiento de la problemática, incentivando la participación y procurando que la gente sienta que vive en una urbe que va progresando. Y para que esto suceda no es posible que la única estrategia se base en consultorías de imagen.
jueves, 4 de septiembre de 2008
El Carbón sigue teniendo un puesto estelar en la sociedad moderna
El mundo no sería igual sin el carbón. Para bien o para mal. Gracias a él fue posible un desarrollo sin precedentes del transporte fluvial y férreo, lo que acercó las distintas economías y culturas, y se produjo una ola de intercambios que sacudieron la milenaria monotonía del mundo. Su contribución al desarrollo eléctrico fue sustancial para que se diera un salto cualitativo que hoy nos tiene gozando de avances científicos en la electrónica y las comunicaciones. Su papel también ha sido decisivo para la quimicofarmacéutica y la medicina. A partir del carbón se puede llega al petróleo sintético y el gas de síntesis. La siderúrgica no hubiera podido alcanzar niveles de eficiencia, elasticidad y resistencia sin el coque.
El carbón, sin embargo, tiene su lado oscuro. Las gruesas columnas de humo siguen siendo parte de la realidad urbana en las sociedades modernas. Cada tonelada que se posa en la atmosfera es un golpe destructor para la vida en el planeta, que ha perdido paulatina y sistemáticamente su capacidad de autolimpiarse. Este combustible fósil, que se formó en la era carbonífera hace 345 millones de años, emite gases de efecto invernadero cuando es quemado, lo cual implica cambios sustanciales en el clima.
Se esperaría que el ser humano hubiese tomado la decisión radical de comercializar únicamente combustibles no contaminantes para continuar, de manera limpia, la tarea que inició el carbón en beneficio del crecimiento de la economía y el desarrollo de la sociedad. Pero la realidad nos muestra que no es así. Al comenzar el siglo XX, en el mundo se explotaban anualmente 500 millones de toneladas y eso representaba el 55% del consumo mundial de energía. En el siglo XXI, la producción carbonífera es de 5.000 millones de toneladas y su peso en el consumo energético es del 25%.
La multiplicación por diez veces de la cantidad de toneladas de carbón explotadas anualmente, se explica porque las grandes potencias lo requieren para la generación de su energía eléctrica: Estados Unidos (56%), Unión Europea (46%), Canadá (42%) y Australia (79%). El mundo depende hoy en una cuarta parte del carbón y otra cuarta parte del petróleo, y sólo en un 6% de la energía nuclear.
El carbón tiene un sitio en la historia del mundo y lo seguirá teniendo. Con el nivel de explotación actual, se calculan existencias para los próximos 150 años. Eso significa que las próximas cinco generaciones seguirán viendo grandes columnas de humo negro encumbrarse hacia el cielo, con las negativas consecuencias para la salud humana, la economía, el clima, la diversidad ambiental y los ecosistemas.
El hecho de que el carbón sea un recurso abundante en el mundo y que el petróleo esté agotando sus reservas, y que China, Estados Unidos e India sean los principales productores[2], cierran en gran medida las posibilidades de que las energías limpias se puedan imponer y contribuir a mejorar las condiciones ambientales. Los poderosos intereses de la industria carbonífera, tal como ha sucedido con la industria petrolera en la última centuria, serán un obstáculo en las intenciones de disminuir las emisiones de gases contaminantes y, por lo tanto, las consecuencias del cambio climático serán cada vez más impactantes.
[2] China produce 2.482 millones de toneladas anuales y Colombia es el décimo productor con 64 millones de toneladas
sábado, 2 de agosto de 2008
LA ECONOMÍA EN PEREIRA NO MARCHA POR BUEN CAMINO
En el sector específico de la construcción se presenta un fenómeno bastante grave: la valorización de los inmuebles nuevos ha disminuido un 2.3% del promedio histórico y se ubica como la más alta tasa del país, lo cual sugiere que empezó a desaparecer en Pereira el incentivo para quienes compran vivienda con el afán de venderla posteriormente a un precio mayor. A esto se agrega que el precio de la vivienda nueva en esta ciudad también está cayendo, mientras en Bogotá, Cali y Medellín continua subiendo.
El otro hecho, es que varios proyectos se han abstenido de jugar en el escenario de la fiducia y prefieren asumir riesgos con sus propios recursos o con dineros provenientes del crédito, y están a punto de repetir la triste historia de 1998, cuando la mayoría de constructores se quebró porque la demanda se contrajo dramáticamente. Se sabe que muchas urbanizaciones tienen dificultades en las ventas y que según resultados de la encuesta DANE, la construcción a nivel nacional ha disminuido un 5.8% su dinámica de crecimiento y ha prescindido de cerca del 9% de sus empleos, la mayoría de ellos relacionados con mano de obra no calificada. En Pereira, bajaron en 33,6% el número de metros licenciados entre enero y junio de 2008.
En la construcción se está reviviendo la historia del UPAC, ahora con el nombre de UVR, debido a las altas tasas de interés y a la disparada del índice de inflación. Muchos pereiranos se están empezando a atrasar en el pago de las cuotas, tal como está sucediendo en Estados Unidos y en algunos países de Europa. Podría ocurrir, si las autoridades monetarias y el gobierno nacional no adoptan medidas de choque radicales, que el valor de las viviendas en el mercado colombiano empiece a ser más bajo que las deudas, y que la valorización de la propiedad desaparezca.
El largo periodo de bonanza del sector inmobiliario en Pereira originó un crecimiento exagerado de los precios por metro cuadrado, debido al encarecimiento de la tierra urbana y la llegada a borbotones de divisas, una parte originada en el siempre lucrativo negocio del narcotráfico, y otra sustentada en las remesas de quienes viven en el exterior, que impulsaron procesos especulativos. El papel de la construcción en los últimos años fue nuevamente el de servir como marcador e impulsor de la expansión de la economía local y de motor para el desarrollo de otros sectores de la producción como acabados, alfombras, maderas, textiles, accesorios decorativos, muebles y electrodomésticos.
Si la construcción entra en crisis, como lo hacen prever todos los indicadores, el golpe será dramático para la sociedad, porque se aumentará el desempleo, disminuirán los ingresos públicos por la vía de impuestos, se contraerá la demanda, aumentará la cartera de los bancos y disminuirá la inversión pública.
El futuro de este panorama tan crítico será un aumento del nivel de pobreza, perdiéndose de esta manera algunos esfuerzos que se han hecho en los últimos años por tratar de vencer esta enfermedad social.
La pobreza en nuestra sociedad se ha vuelvo endémica por una razón sencilla: desigualdad en la redistribución de la riqueza, ya que los actores privados se han apoderado de ella y sólo han dejado algunas migajas para la generalidad de la sociedad. El crecimiento pasado de la economía superior al 7% no benefició a las familias pobres y se concentró especialmente en los dueños del capital.
En Pereira ya no se está respirando tanto optimismo. Los empresarios y la gente presienten que el futuro de la economía tendrá problemas y que sus implicaciones serán graves.
miércoles, 16 de julio de 2008
Pocas decisiones políticas para enfrentar el cambio climático
A pesar de toda esta evidencia científica, ambiental y social, las acciones públicas para actuar en contra de un mayor calentamiento global, son exacerbantemente lentas y no figuran en el primer plano de las urgencias gubernamentales. Y ello se corrobora en un hecho que causa desazón: Las naciones más ricas crearon tres fondos para la adaptación climática y prometieron financiarlos en 2007 con US$279 millones, de los que realmente giraron US$160 millones, pero únicamente se desembolsaron US$26 millones, una cifra ridícula, frente a la magnitud del problema, que requiere anualmente inversiones por US$4.400 millones, de acuerdo con los cálculos de Naciones Unidas.
Los ciudadanos del mundo saben, en general, los peligros que se ciernen sobre ellos por un aumento acelerado de la temperatura, pero no presionan lo suficiente a sus gobiernos para que adopten políticas públicas radicales. El origen de esta pasividad cívica se encuentra, sin duda, en el supuesto de que las acciones gubernamental se iniciarían con recortes drásticos en el uso de energías y millones de personas no están dispuestas a dejar fácilmente su comodidad o a abandonar las tendencias del consumo para lograr que el calentamiento futuro se reduzca.
Las decisiones que se tomen hoy sobre control a los gases de efecto invernadero, no tendrán efectos inmediatos. Sólo se podrán ver en por lo menos 50 años. Eso quiere decir que cuando se prende el aire acondicionado en una casa de Aruba, o se enciende el motor a gasolina de un carro en Miami, o se pone en funcionamiento una caldera en Singapur, o se quema madera en Kenia; una mujer somalí, un niño colombiano, un agricultor boliviano y un empresario irlandés, serán afectados por el calentamiento global, cuyas consecuencias durarán por lo menos medio siglo.
La expulsión a la atmosfera de dióxido de carbono impacta negativamente el ambiente y contribuye al calentamiento de la tierra, sin importar dónde se prendió el motor a gasolina, o dónde se quemó el carbón. Los afectados son los países ricos y pobres, pero no por igual. El impacto realmente crítico, es para quienes viven en los países marginados, donde no es posible construir las infraestructuras necesarias para prevenir los desastres.
Un ejemplo espeluznante, de las dispares condiciones de adaptabilidad al cambio climático entre los dos mundos, lo encontré leyendo el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD, en el que se asegura que el Reino Unido invierte US$1.200 millones anuales en protección de inundaciones, mientras los habitantes de los Países Bajos compran viviendas con tecnología que les permita flotar, y los inversionistas de los Alpes están elaborando nieve artificial para garantizar la industria del esquí. Entre tanto, en el Cuerno de África, la adaptación significa recorrer varios kilómetros para conseguir un balde de agua, o que la gente que vive a orillas del Ganges esté construyendo bohíos de bambú sobre pilotes para que no sean alcanzados por el agua, o que en el delta del Mekong se promuevan clases de natación para que la gente pueda salvar su vida. Esto parece una historia de fantasía, pero es la realidad de un mundo altamente iniquitativo.
Por eso no extraña para nada, que el gran acontecimiento de la reunión de los gobernantes pertenecientes al G8 en Toyako (Japón), fue la publicación de una foto de Angela Merkel, George W. Bush, Yasuo Fukuda, Nicolas Sarkozy y Dimitri Medvédev, plantando árboles. Porque sobre el tema central, que fue el cambio climático, sólo hubo discursos, pero ningún acuerdo sobre los porcentajes de reducción en las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero. Sólo en 2009 será posible saber el nivel de compromiso que tendrán las naciones desarrolladas en el mediano plazo en lo que se denomina el nuevo pacto Pos-Kyoto, el cual será negociado por Naciones Unidas.
sábado, 5 de julio de 2008
LAS FARC. EL NUEVO REY DE BURLAS
Esas denominadas fuerzas armadas revolucionarias son el centro de la mofa del mundo entero, que presenció cómo un jefe de cuadrilla se ruborizaba ante una cámara de televisión y con una sonrisita boba saludaba la presencia de quienes serían sus verdugos. Los televidentes vieron por unos segundos las piernas desnudas de un jefe guerrillero, que horas antes atropellaba, vociferaba, amarraba e insultaba a unos militares y civiles indefensos.
Cómo se veían de insignificantes los dos guerrilleros llevados casi a andas por los fornidos y altos miembros de la Policía Militar. Todos los vimos atolondrados y humillados. Incapaces de levantar la voz para defenderse, como sí intento hacerlo el teniente Malagón, con sus manos atadas, desafiando al supuesto periodista de la misión humanitaria, para hacer oír su indignación.
Los decadentes jefes de la guerrilla tienen que estar pensando seriamente en su futuro. Los hechos recientes les han demostrado que ninguna acción criminal es capaz de doblegar al Estado. La muerte de “Reyes”, “Acacio” y “Martín Caballero”, por la acción de las fuerzas militares; el asesinato de “Ríos” a manos de “Rojas”; la deserción de “Karina”; y la muerte de “Tirofijo”, tirado en una cama, repudiado y enterrado como un animal en mitad de la selva; le están señalando a los integrantes del Secretariado cómo va a ser su final si no se someten al gobierno o firman un pacto de paz.
Pero como “Cano” no sólo comanda a un grupo de hombres y mujeres que se autodenominan subversivos, sino también a una banda dedicada al narcotráfico, debe estar visualizando el momento en que lo monten en un avión de la DEA camino al “hueco” en una de las cárceles de alta seguridad de los Estados Unidos. Este jefe de las FARC ha visto cómo los principales narcotraficantes del país han sido extraditados o están en camino de serlo en la cárcel de Combita, y sabe que su suerte no será diferente.
La actitud de los delincuentes de las FARC, es también la culpable de que el país esté concentrado únicamente en mirar cómo los derrota y volcado casi unánimemente alrededor de una re - reelección de Álvaro Uribe, con todos los efectos negativos que ello tiene para el equilibrio democrático, pero con el acierto de que hay alguien comandando una acción victoriosa que pondrá tras las rejas o en una fosa a quienes no han entendido que sus proyectos no tienen cabida en Colombia y en el mundo, y que a quienes dicen defender, o sea, a los pobres y marginados, no les interesa que una guerrilla desacreditada y tonta pelee por ellos.
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Cuánta felicidad ver a los quince secuestrados retornando a la libertad. Cuánta desesperación imaginar los oprobios a los cuales son sometidos quienes aun quedan en lo profundo de la manigua.
viernes, 13 de junio de 2008
Insostenibilidad alimentaria en Colombia
Estas son las condiciones en que está viviendo la humanidad, mientras un puñado de inversionistas y de corredores de bolsa especula con los precios futuros de los alimentos y presionan una carestía universal, que se fortalece con la decisión de algunos gobiernos de ordenar combinaciones obligatorias de agrocombustibles con gasolina. Aunque los agrocombustibles apenas están tomando vuelo y no son todavía la variable sustancial del desabastecimiento y el alza en los precios de los alimentos, se erigen como uno de los hechos más sobresalientes de la estupidez humana: convertir en combustible de carros los alimentos que deberían ser energía para el desarrollo humano.
En este tema de los agrocombustibles, para el caso colombiano, el gobierno se está lanzando con los ojos cerrados por una trocha oscura, sin tener clara la verdadera capacidad que posee la biomasa nacional para cubrir la demanda interna. Hoy se sabe que para poder garantizar una mezcla obligatoria del 10% de etanol con gasolina, se ha tenido que importar desde Centroamérica. La carrera de “gallina ciega” que emprenden los ministros de Agricultura y Minas, está arrastrando a gran parte del país, que sigue creyendo que los agrocombustibles son una solución a la crisis de la agricultura y que los campesinos nuestros serán una especie de “Rockefeller criollos” que llenarán sus alforjas con millones de dólares.
Los precios mundiales de los alimentos también aumentan porque entraron en escena 700 nuevos millones de compradores procedentes de China, Asia y Brasil que están adquiriendo masivamente la producción de granos y cereales. A esto se suma que se han perdido las cosechas en varios lugares del mundo, debido a cambios climáticos drásticos.
En medio de este panorama, el Ministro de Agricultura de Colombia sostiene que el país está blindado contra la hambruna. Si es cierta la afirmación del gobierno, cuál es la razón para que el 80 por ciento de la población chocoana sufra enfermedades relacionadas con la desnutrición. Si estamos blindados contra una crisis alimentaria, por qué los indígenas Emberá llegan hasta Bogotá a denunciar que no tienen qué comer y las autoridades del Distrito deben atender de emergencia a sus niños por extrema desnutrición. Si es que estamos tan bien, ¿por qué la mayor pobreza y desnutrición se concentran en las zonas rurales?
Las palabras del Ministro quedan sin sustento al comprobarse que en Bagadó, murieron 80 niños de hambre en los años 2006 y 2007; que la mitad de la comida que se consume internamente debe ser importada, especialmente maíz, arroz, lenteja, alverja y trigo; que debemos traer plátano, aguacate y pescado de Venezuela y Ecuador; que miles de hectáreas que antes estaban dedicadas a la producción de arroz en varios municipios del Meta, ahora están sembradas con palma africana.
La posición del orientador de la política agropecuaria del país se vuelve deleznable, al conocerse cifras oficiales del DANE, que indican que su sector crece a una velocidad cinco veces menor que el promedio de la economía nacional. Esto se explica por varios factores: la migración, el desplazamiento forzado, la falta de política nacional en favor del campo, la poca competitividad agrícola frente al comercio internacional, ausencia de créditos para los pequeños y medianos productores, poca planeación en las siembras, mínima asistencia técnica y fenómenos climáticos.
A este panorama se le suman un aumento incontrolado de los precios de los alimentos, que están presionando hacia arriba la inflación del país y la denuncia de que cerca de medio millón de niños ejercen como peones en el campo, lo cual podría restarle a Colombia posibilidades de competitividad en el mercado internacional, donde esta clase de iniquidades sociales son fuertemente sancionadas, especialmente en Europa.
Y, finalmente, qué tendrá para decir el Ministro de Agricultura ante el aumento del 23% en las áreas de cultivos ilícitos en el país en 2007, lo que deja a Colombia con 98.000 hectáreas sembradas de coca y amapola (las mismas cifras del año 2000) y 100.000 familias dedicadas a su cultivo. Estas cifras demuestran que la política agropecuaria ha sido un fracaso y que no hay opciones para que la gente se salga de la ilegalidad.
domingo, 4 de mayo de 2008
LOS EFECTOS POLÍTICOS QUE SE DEBEN ESPERAR POR LA CRISIS ALIMENTARIA
La gente no se va a dejar morir de hambre por asegurarle combustible a los vehículos y presionarán a los gobiernos a reversar todas aquellas decisiones que pongan en riesgo su alimentación. La comunidad, ya se ha demostrado en varios países, se movilizará para exigir el abastecimiento de comida de manera permanente y llegarán a los levantamientos populares de ser necesario.
Países como México y Argentina, donde la esencia de su alimentación es el maíz y la soya, respectivamente, empiezan a notar cómo el abastecimiento de estos productos escasea y lo que se está ofertando ha aumentado significativamente de precio, lo que deja sin opciones de acceder a ellos a variados sectores de la sociedad, lo cual repercute en términos de eficiencia nutricional y calidad de vida.
En Brasil, donde ha sido bastante dinámico el sector agrícola, es latente la protesta de los campesinos que sienten que han sido marginados de las políticas de industrialización del campo para producir biomasa para etanol. Tal exclusión conduce a que se amplíe la pobrería rural, cuya única alternativa es buscar terrenos para la producción de alimentos y ellos los encuentran luego de deforestar. El resultado, es un daño drástico al medio ambiente y bajos niveles de productividad en una tierra inadecuada para la agricultura.
Lo que sí es claro es que las personas aceptarán incluso que se afecte sustancialmente el medio ambiente con la siembra homogénea de materia natural para el etanol, siempre que en su hogar exista el alimento básico para consumir. Frente a esto, los gobiernos tendrán que redoblar sus esfuerzos para garantizar no sólo que la comida sea suficiente sino que ella tenga un precio adecuado para que pueda ser adquirida por las familias, además de evitar que los recursos naturales se conviertan en un factor de reproducción de la pobreza.
Entre los países más susceptibles a la ocurrencia de una crisis alimentaria están los de África. Allí la calidad de la tierra no permite una buena producción de alimentos y su mercado no es atractivo para los inversionistas, lo cual conduce a que en esa región se presenten la mayoría de muertes por inanición del mundo, las cuales seguirán ocurriendo porque no existe ninguna variable que indique que la realidad va a cambiar. Pero las muertes no serán únicamente por hambre, sino también por efectos del conflicto que se pueda presentar entre y al interior de regiones, tal como está sucediendo en la república del Congo, donde “por primera vez en la historia, los hombres y las mujeres han empezado a luchar por alimento, energía y agua”, según dijo Okouebe[2]. La Comisión Económica de Naciones Unidas en África, reveló que en el desierto del Sahara se han presentado graves enfrentamientos entre tribus por el uso del agua y la comida.
[2] Basile Ikouebe, embajador permanente de la República del Congo en Naciones Unidas.