La mayoría de las iniciativas agroindustriales en Colombia han fracasado por falta de planeación y porque los promotores hacen cuentas alegres sobre los productos que están impulsando, dejándose arrastrar por intuiciones antes que por los resultados que ofrecen las investigaciones científicas y por el comportamiento de los mercados.
Son paradigmáticos los fracasos de las industrias de la seda, del caucho, de las plantas de cítricos, de las procesadoras de lácteos, para sólo mencionar algunos sectores, donde los productores fueron incapaces de sostenerse, debido a que se había fallado en los análisis del mercado. En el recorrido por las zonas rurales se encuentran infraestructuras abandonadas y voces que cuestionan drásticamente las políticas agrícolas y pecuarias del gobierno, fundamentalmente porque ellas son improvisadas e irresponsables.
Con el caso de los biocombustibles la historia que se está vendiendo es que Colombia pondrá a disposición de la producción de biomasa para etanol un millón de hectáreas, mientras que para el biodiésel se contará con dos millones de hectáreas.
El Ministro de Minas de Colombia[3] aseguró que el país está en capacidad de producir biodiésel (metil ester) a partir de palma, cocotero, higuerilla, aguacate, jatropha, colza, maní, soya y girasol. Además, dijo que el etanol anhidro se podrá extraer de la caña, yuca, remolacha, maíz, sorgo y maderas. Según sus cálculos será posible ofertar diariamente 25 millones de litros de etanol con base en caña de azúcar[4] y 40 millones de litros de biodiésel extraída de la palma. Esto quiere decir que Colombia podría aportarle a Estados Unidos, según los cálculos del gobierno, el 33% de su demanda de etanol. Los datos colombianos podrían reducir en el corto plazo en una tercera parte los esfuerzos anunciados por el presidente Bush al sancionar la Ley de Eficiencia Energética[5] que tiende a aumentar el nivel de mezcla de etanol con gasolina.
Los sueños del Ministro, sin embargo, se desvanecen al ver la realidad. La infraestructura de plantas para el procesamiento del etanol en Colombia todavía no alcanza a los 9.000 millones de litros anuales que proyectan las cifras oficiales, pues se quedan únicamente en 350 millones de litros, o sea, el 4% del total soñado. Hay en proyecto tres plantas con base en yuca y caña que aportarían 66 millones de litros adicionales. La realidad también dice que los 25 millones de litros diarios de etanol que Colombia cree que podrá ofertar, especialmente a Estados Unidos, hoy (y en el mediano futuro) sólo es capaz de negociar a lo sumo un millón de litros.
Esta cruda fotografía de los biocombustibles colombianos no le dará la suficiente tranquilidad al presidente Bush, quien en definitiva tendrá que construir 77 nuevas plantas de etanol para solventar sus necesidades de corto plazo. Y no podrá contar con Colombia, que tiene una ley que habla de una mezcla obligatoria del 10% de etanol en la gasolina, la cual empezó incluyendo a las ciudades de más de 500.000 habitantes y que paulatinamente se extiende a través de todo el país, momento en cual se requerirán 479 millones de litros anuales de etanol[6], de los cuales el país está en capacidad de producir con sus destilerías actuales y futuras 416 millones, lo que arrojaría un déficit de aproximadamente 63 millones de litros de biocombustible. Esto demuestra que con grandes esfuerzos podrá haber autoabastecimiento y que en el mediano plazo será bastante difícil que se pueda garantizar un cupo de exportaciones.
Del millón de hectáreas que se anuncian desde Colombia como territorio disponible para producir biomasa para etanol, hoy sólo se tienen ocupadas 50.000 hectáreas y podrían incluirse 13.000 hectáreas más si se viabilizan nuevas inversiones.
Además de estas cifras, lo que más mueve al gobierno a creer firmemente en las bondades de los biocombustibles es que podrá brindarle empleo formal a dos millones de colombianos, y otros seis millones dependerán indirectamente de él. Dicho de una manera más clara, con la producción de alcohol carburante y bioaceites será posible vencer en gran medida el desempleo y el subempleo y poner al país en la senda del verdadero desarrollo y crecimiento. Por el momento, el número de empleos que brindan los proyectos de etanol son 5.470 y de biodiésel 47.600.
De otro lado, al gobierno colombiano sus estudios sobre eficiencia energética lo ponen en una condición de líder internacional, dado que sus indicadores son muy superiores a los que se ha comprobado se alcanzan en Estados Unidos y Brasil. La relación entre energía producida y energía requerida que muestran las investigaciones en Colombia, de ser ciertas, silencian las evaluaciones realizadas por reputadas universidades y echan por tierra las conclusiones de destacados científicos y consolidan la proposición que defienden varios sectores de opinión en el sentido de que los biocombustibles evidentemente son la solución para los graves problemas de abastecimiento de energía y contaminación atmosférica del mundo. Sin embargo, las investigaciones adolecen de un problema esencial: excluyen de las energías requeridas para la producción de biocombustibles, aquellas relacionadas con los fungicidas y plaguicidas, el movimiento de maquinaria y transporte, y sólo se estiman los usos de combustibles relativos a la destilación.
Las quimeras sobre las que navega la política energética del país, especialmente la relacionada con los biocombustibles, impide entender, como lo demuestra un estudio de la Comisión Nacional para el Ahorro de Energía de México, que estos sólo representan el 0,2% de las energías renovables en el mundo[7]. La ausencia de estudios serios impide saber cuánta es la producción anual de las biomasas indicadas para etanol y biodiésel y qué cantidad de tierra es realmente apta para ser habilitadas para las siembras respectivas. Tampoco se ha presentado una evaluación económica que indique si los costos de los insumos, teniendo en cuenta en ellos la energía requerida en el proceso de producción, transformación y transporte, aseguran la rentabilidad adecuada cuando se pague entre 0,46 y 0,55 centavos de dólar el litro de etanol. Una evaluación realizada en México concluyó que en 0,65 centavos eran viables los negocios con base en caña de azúcar y maíz.
El futuro de los biocombustibles en Colombia muestra que ellos serán impuestos, porque el gobierno ya comprometió su palabra de que los impulsaría. Sin embargo, no será fácil llegar a las metas propuestas en cuanto a utilización de tierras, ni a los niveles de productividad que se cree, ni volverá ricos a los pequeños productores, pero sí afectará gravemente el medio ambiente, creará un desabastecimiento de alimentos y generará un aumento sustancial de los precios de la comida.
En el tema específicamente ambiental, es evidente que los grandes inversionistas no sólo sacaran la celulosa de la madera y los jugos de los vegetales, sino que también agotarán las existencias de agua y los nutrientes del suelo. El resultado final, será un negocio lucrativo para los dueños de las plantas destiladoras, algunas utilidades para los medianos productores, la ruina para los pequeños campesinos, un panorama agrario desolador y una pobreza cada vez más amplia. Porque los biocombustibles son un agronegocio que produce hambre.
[1] Aparte del libro “Biocombustibles: un agronegocio que produce hambre”
[2] Este libro fue escrito en compañía de Alberto Arias Dávila, director de la CARDER - Risaralda
[3] Hernán Martínez Torres, Ministro de Minas de Colombia, en una exposición en Bucaramanga, mayo 18 de 2007.
[4] Brasil, el más grande productor de etanol del mundo, produce diariamente 16 millones de litros.
[5] Ley sancionada el 19 de diciembre de 2007
[6] Colombia está quemando 4.795 millones de litro s de gasolina cada año
[7] Datos tomados por esta Comisión del Renewables 2005: GlobalStatus Report, REN21
Este es un blog para el debate de temas de interés general, especialmente aquellos relacionados con el medio ambiente y la política social.
jueves, 27 de marzo de 2008
lunes, 25 de febrero de 2008
A PESAR DEL ODIO QUE LE TIENEN, PIEDAD CORDOBA ES LA COLOMBIANA MÁS IMPORTANTE
Negra, vendepatrias, traicionera, anticolombiana, comunista, guerrillera, estúpida… Estos son apenas algunos calificativos publicables que le dicen diariamente a Piedad Córdoba, aquellas señoras y señores cuya importancia relativa para el país es ninguna, pero que afilan su lengua apenas aparece públicamente la Senadora.
Piedad Córdoba es una indeseable para la mayoría de los colombianos. A ella, en un país terriblemente segregacionista, no le perdonan su color de piel. Ser negra o negro en Colombia es una condena anticipada a la discriminación. Casi ninguna esfera importante de la vida social y económica acepta a los negros. El general More y la ministra de cultura Paula Marcela Moreno, son las excepciones, no por el querer de las poderosas mafias políticas, sino por un mandato expreso de la influyente Black Caucus, a la cual pertenecen los congresistas negros de los Estados Unidos.
A la senadora Córdoba nunca la van a querer en un país donde a la gente le gusta hablar en términos figurativos, donde reina el chisme y la conseja, donde las verdades son a medias y donde el anónimo tiene un papel central en los acontecimientos rutinarios. Este es un escenario poco propicio para una mujer que habla claro y dice lo que piensa.
Cómo va a ser posible que a Piedad, la que habla duro y de frente, la pueda acoger una nación tremendamente machista, donde la mujer no tiene espacios para manifestarse; es objeto permanente de agresión física, moral y sexual; y está excluida de las grandes decisiones políticas y económicas.
A ella la llaman traicionera y vendepatria porque no hace parte de las mayorías, ni se pone las rodilleras institucionales, ni se deja convencer de los discursos mesiánicos, ni hace parte de las multitudes esquizofrénicas.
Los calificativos de guerrillera y comunista se los endilgan porque su posición política de la más pura entraña liberal, se contrapone a las expresiones gubernamentales. La gente al perder el norte de la esencia filosófica de los partidos políticos, es incapaz de entender un discurso que defienda las libertades, que propenda por el libre examen y que procure salidas negociadas antes que una guerra fratricida.
Sin ninguna duda, Piedad Córdoba es la mujer más importante de la política en Colombia, para no decir que es la colombiana más vistosa y destacada en el escenario internacional. Ella, por su gran arrojo, ha podido más ante el tema del secuestro, que la retórica gubernamental. Ella ha concentrado mucha más atención de los grandes poderes mundiales que la deplorable política diplomática del gobierno. Por sus propios méritos, en contra de la voluntad de los jefes de su Partido, sin medir riesgos, llegando incluso a los excesos, le ha permitido a decenas de familiares de secuestrados mantener prendida la llama de la esperanza de poder volver a ver a sus seres queridos con vida y en libertad.
Mientras Piedad cumple con la loable misión de buscar la libertad de los secuestrados por las FARC, en los cafés, en las oficinas, en los taxis, en las universidades, en los salones de belleza, en los campos de golf… hay señores y señoras, sin ninguna importancia relativa para el país, hablando de esa negra, guerrillera, vendepatrias, traicionera y estúpida.
Piedad Córdoba es una indeseable para la mayoría de los colombianos. A ella, en un país terriblemente segregacionista, no le perdonan su color de piel. Ser negra o negro en Colombia es una condena anticipada a la discriminación. Casi ninguna esfera importante de la vida social y económica acepta a los negros. El general More y la ministra de cultura Paula Marcela Moreno, son las excepciones, no por el querer de las poderosas mafias políticas, sino por un mandato expreso de la influyente Black Caucus, a la cual pertenecen los congresistas negros de los Estados Unidos.
A la senadora Córdoba nunca la van a querer en un país donde a la gente le gusta hablar en términos figurativos, donde reina el chisme y la conseja, donde las verdades son a medias y donde el anónimo tiene un papel central en los acontecimientos rutinarios. Este es un escenario poco propicio para una mujer que habla claro y dice lo que piensa.
Cómo va a ser posible que a Piedad, la que habla duro y de frente, la pueda acoger una nación tremendamente machista, donde la mujer no tiene espacios para manifestarse; es objeto permanente de agresión física, moral y sexual; y está excluida de las grandes decisiones políticas y económicas.
A ella la llaman traicionera y vendepatria porque no hace parte de las mayorías, ni se pone las rodilleras institucionales, ni se deja convencer de los discursos mesiánicos, ni hace parte de las multitudes esquizofrénicas.
Los calificativos de guerrillera y comunista se los endilgan porque su posición política de la más pura entraña liberal, se contrapone a las expresiones gubernamentales. La gente al perder el norte de la esencia filosófica de los partidos políticos, es incapaz de entender un discurso que defienda las libertades, que propenda por el libre examen y que procure salidas negociadas antes que una guerra fratricida.
Sin ninguna duda, Piedad Córdoba es la mujer más importante de la política en Colombia, para no decir que es la colombiana más vistosa y destacada en el escenario internacional. Ella, por su gran arrojo, ha podido más ante el tema del secuestro, que la retórica gubernamental. Ella ha concentrado mucha más atención de los grandes poderes mundiales que la deplorable política diplomática del gobierno. Por sus propios méritos, en contra de la voluntad de los jefes de su Partido, sin medir riesgos, llegando incluso a los excesos, le ha permitido a decenas de familiares de secuestrados mantener prendida la llama de la esperanza de poder volver a ver a sus seres queridos con vida y en libertad.
Mientras Piedad cumple con la loable misión de buscar la libertad de los secuestrados por las FARC, en los cafés, en las oficinas, en los taxis, en las universidades, en los salones de belleza, en los campos de golf… hay señores y señoras, sin ninguna importancia relativa para el país, hablando de esa negra, guerrillera, vendepatrias, traicionera y estúpida.
sábado, 2 de febrero de 2008
INDIFERENCIA NACIONAL FRENTE A LA MUERTE DE NIÑOS POR CONSUMIR AGUA CONTAMINADA
Veinte mil niños mueren cada año en Colombia por afecciones relacionadas con la ingesta de agua de mala calidad. La afirmación fue hecha por el Procurador General de la Nación. Este dramático anuncio apenas sí fue objeto de reporte en los noticieros de televisión y sirvieron para una noticia marginal en la radio. Los periódicos más importantes del país la refundieron en sus páginas interiores.
Es tal la indiferencia ciudadana sobre lo que ocurre a su alrededor, que el anuncio del Procurador se convirtió simplemente en una cifra fría. Muy pocos se detuvieron a examinar las implicaciones sociales y ambientales de la muerte de 55 niños diariamente por tomar agua no apta para el consumo humano.
A los colombianos en general les importa muy poco que cada hora mueran 2,2 niños. Este no es un problema que sea considerado importante, como tampoco lo es que 714 municipios no suministren agua potable a sus habitantes.
Si Colombia representara una nación coherente y preocupada, exigiría que le contaran con toda claridad qué hicieron en los últimos seis años los gobiernos regionales y locales con $11.7 billones, que estuvieron dirigidos a asegurar la oferta de agua potable.
Como a nadie le importa nada, es fácil para funcionarios venales apropiarse los dineros públicos y seguir ejerciendo irregularmente sus labores, sin que ninguna autoridad los sancione. Ni siquiera el Procurador, tan preocupado por dar a conocer la cifra de niños muertos, es capaz de reportar el número de servidores públicos destituidos y judicializados por hacer desaparecer la plata y por constituirse en sospechosos de homicidio culposo.
Las metas propuestas por el gobierno para lograr altos niveles de cobertura en acueducto y alcantarillado se tendrán que aplazar si continúa este desgreño en el manejo de los recursos financieros, especialmente relacionados con las transferencias del Sistema General de Participaciones y las Regalías. Entre tanto, los niños de Tabor en el Chocó o los de Crespo en Cartagena, se seguirán pareciendo cada vez más a sus similares de Biafra en el África.
Es tal la indiferencia ciudadana sobre lo que ocurre a su alrededor, que el anuncio del Procurador se convirtió simplemente en una cifra fría. Muy pocos se detuvieron a examinar las implicaciones sociales y ambientales de la muerte de 55 niños diariamente por tomar agua no apta para el consumo humano.
A los colombianos en general les importa muy poco que cada hora mueran 2,2 niños. Este no es un problema que sea considerado importante, como tampoco lo es que 714 municipios no suministren agua potable a sus habitantes.
Si Colombia representara una nación coherente y preocupada, exigiría que le contaran con toda claridad qué hicieron en los últimos seis años los gobiernos regionales y locales con $11.7 billones, que estuvieron dirigidos a asegurar la oferta de agua potable.
Como a nadie le importa nada, es fácil para funcionarios venales apropiarse los dineros públicos y seguir ejerciendo irregularmente sus labores, sin que ninguna autoridad los sancione. Ni siquiera el Procurador, tan preocupado por dar a conocer la cifra de niños muertos, es capaz de reportar el número de servidores públicos destituidos y judicializados por hacer desaparecer la plata y por constituirse en sospechosos de homicidio culposo.
Las metas propuestas por el gobierno para lograr altos niveles de cobertura en acueducto y alcantarillado se tendrán que aplazar si continúa este desgreño en el manejo de los recursos financieros, especialmente relacionados con las transferencias del Sistema General de Participaciones y las Regalías. Entre tanto, los niños de Tabor en el Chocó o los de Crespo en Cartagena, se seguirán pareciendo cada vez más a sus similares de Biafra en el África.
domingo, 20 de enero de 2008
RISARALDA ESTÁ PERDIENDO COMPETITIVIDAD ECONÓMICA
Risaralda sigue siendo el séptimo departamento en competitividad en Colombia, pero cada vez se rezaga frente a Bogotá y Antioquia. En tanto, Valle, Atlántico, Cundinamarca y Santander, con quienes Risaralda mantenía una fuerte y sana emulación, muestran una consolidación competitiva más acelerada y le han sacado una notoria ventaja. Pero lo peor es que Meta y Bolívar están a punto de alcanzarlo debido a sus mejores dinámicas en las variables económicas, sociales, académicas, financieras, tecnológicas y ambientales.
Este panorama, que ojalá sea evaluado con responsabilidad por el gobierno risaraldense en la elaboración del Plan de Desarrollo, es el que pintan las cifras extraídas del estudio de la CEPAL sobre Competitividad en Colombia[2], donde se asegura que las dotaciones locales y los encadenamientos productivos diferencian a las regiones “lo que conlleva a brechas importantes en el desarrollo económico y social entre los departamentos”.
Allí se muestra que el factor de fortaleza de la economía en Risaralda en términos de competitividad pasó de una valoración de 42.1 en 2002 a 32.9 en 2004, una caída pronunciada que indica que los factores de producción, el comercio internacional de bienes, el flujo de capitales y los servicios financieros presentaron una muy baja dinámica frente a lo que estaba ocurriendo en otras regiones como Bogotá y Antioquia.
Es importante aclarar que todos los departamentos tuvieron una pérdida de competitividad comparada con Bogotá y Antioquia, pero el caso de Risaralda merece especial atención porque fue el que perdió mayor puntaje entre los primeros diez a nivel nacional, aunque sigue liderando la calificación a nivel del Eje Cafetero.
Risaralda es el cuarto departamento en Colombia en densidad empresarial agregada, o sea, que después de Bogotá, Meta y Quindío, es el que mayor número de empresas tiene por habitante, sin embargo, su nivel de especialización industrial es uno de los que más ha perdido dinamismo junto con Atlántico y Cesar. Ello se explica porque las empresas que se han asentado en el Departamento tienen que ver esencialmente con el comercio, en tanto muchas de sus principales industrias han cerrado o migrado hacia otras regiones, lo cual ha conducido a una baja capacidad productiva de sus habitantes en términos de valor agregado per cápita.
En cuanto al Coeficiente de Internacionalización de la Economía, o sea, la relación entre exportaciones e importaciones con el PIB departamental, Risaralda ocupa el séptimo lugar en el país, y supera ampliamente a Caldas y al Quindío. La Tasa de Orientación de las Exportaciones, muestra que este departamento tiene una gran tendencia a las negociaciones de productos no tradicionales, muy parecido a lo que ocurre con Antioquia y Valle.
Pero llama la atención que Risaralda no ha diversificado sus mercados de exportación, y sigue dependiendo de los mismos países compradores, contrario a lo que han hecho Bogotá y Valle, lo cual permite que una crisis comercial con un determinado país (caso Venezuela) no tenga tantos efectos perversos y ruinosos para la economía.
En cuanto a la infraestructura financiera, Risaralda tiene un cubrimiento adecuado de establecimientos bancarios y de cajeros electrónicos por habitante. Sin embargo, se ha observado una disminución en el número de locales para atención personalizada de los bancos, debido a procesos de racionalización operativa del sector financiero y fusiones empresariales.
Risaralda ocupa el puesto 17 en el indicador de captaciones bancarias por habitante, lo cual demuestra que no hay propensión al ahorro y que la población tiene unos ingresos muy bajos. Se sabe que el 78% de los trabajadores afiliados al régimen de seguridad social ganan menos de dos salarios mínimos. Un indicador como este compromete las posibilidades de desarrollo territorial.
Para enfrentar esta situación tan compleja debe existir un compromiso entre el gobierno y otros actores del desarrollo regional y local, especialmente los centros de investigación, las universidades y los empresarios, para construir la estrategia más eficiente que permita asegurar desarrollo y crecimiento, y que como consecuencia de ello sea posible mejorar la competitividad en el escenario nacional.
Los risaraldenses deben pensar en sus grandes potencialidades y volcar hacia varios de esos sectores todas sus energías conjuntas. Lo que no puede seguir ocurriendo es que las prioridades del gobierno tomen un camino diferente a las de los empresarios y los investigadores.
Risaralda no es capaz de soportar más experimentos relacionados con la construcción de una política pública basada únicamente en el asistencialismo, olvidándose de la existencia de otras variables que pueden contribuir a fortalecer la economía y a mejorar la redistribución del ingreso para enfrentar con éxito la pobreza.
Ser competitivo es integrar la tecnología con la economía y unir el conocimiento con la política pública, donde el fin esencial sea el bienestar de la gente.
[2] Escalafón de Competitividad de los Departamentos en Colombia. CEPAL, 2007. Juan Carlos Ramírez, Horacio Osorio y Rafael Parra-Peña
Este panorama, que ojalá sea evaluado con responsabilidad por el gobierno risaraldense en la elaboración del Plan de Desarrollo, es el que pintan las cifras extraídas del estudio de la CEPAL sobre Competitividad en Colombia[2], donde se asegura que las dotaciones locales y los encadenamientos productivos diferencian a las regiones “lo que conlleva a brechas importantes en el desarrollo económico y social entre los departamentos”.
Allí se muestra que el factor de fortaleza de la economía en Risaralda en términos de competitividad pasó de una valoración de 42.1 en 2002 a 32.9 en 2004, una caída pronunciada que indica que los factores de producción, el comercio internacional de bienes, el flujo de capitales y los servicios financieros presentaron una muy baja dinámica frente a lo que estaba ocurriendo en otras regiones como Bogotá y Antioquia.
Es importante aclarar que todos los departamentos tuvieron una pérdida de competitividad comparada con Bogotá y Antioquia, pero el caso de Risaralda merece especial atención porque fue el que perdió mayor puntaje entre los primeros diez a nivel nacional, aunque sigue liderando la calificación a nivel del Eje Cafetero.
Risaralda es el cuarto departamento en Colombia en densidad empresarial agregada, o sea, que después de Bogotá, Meta y Quindío, es el que mayor número de empresas tiene por habitante, sin embargo, su nivel de especialización industrial es uno de los que más ha perdido dinamismo junto con Atlántico y Cesar. Ello se explica porque las empresas que se han asentado en el Departamento tienen que ver esencialmente con el comercio, en tanto muchas de sus principales industrias han cerrado o migrado hacia otras regiones, lo cual ha conducido a una baja capacidad productiva de sus habitantes en términos de valor agregado per cápita.
En cuanto al Coeficiente de Internacionalización de la Economía, o sea, la relación entre exportaciones e importaciones con el PIB departamental, Risaralda ocupa el séptimo lugar en el país, y supera ampliamente a Caldas y al Quindío. La Tasa de Orientación de las Exportaciones, muestra que este departamento tiene una gran tendencia a las negociaciones de productos no tradicionales, muy parecido a lo que ocurre con Antioquia y Valle.
Pero llama la atención que Risaralda no ha diversificado sus mercados de exportación, y sigue dependiendo de los mismos países compradores, contrario a lo que han hecho Bogotá y Valle, lo cual permite que una crisis comercial con un determinado país (caso Venezuela) no tenga tantos efectos perversos y ruinosos para la economía.
En cuanto a la infraestructura financiera, Risaralda tiene un cubrimiento adecuado de establecimientos bancarios y de cajeros electrónicos por habitante. Sin embargo, se ha observado una disminución en el número de locales para atención personalizada de los bancos, debido a procesos de racionalización operativa del sector financiero y fusiones empresariales.
Risaralda ocupa el puesto 17 en el indicador de captaciones bancarias por habitante, lo cual demuestra que no hay propensión al ahorro y que la población tiene unos ingresos muy bajos. Se sabe que el 78% de los trabajadores afiliados al régimen de seguridad social ganan menos de dos salarios mínimos. Un indicador como este compromete las posibilidades de desarrollo territorial.
Para enfrentar esta situación tan compleja debe existir un compromiso entre el gobierno y otros actores del desarrollo regional y local, especialmente los centros de investigación, las universidades y los empresarios, para construir la estrategia más eficiente que permita asegurar desarrollo y crecimiento, y que como consecuencia de ello sea posible mejorar la competitividad en el escenario nacional.
Los risaraldenses deben pensar en sus grandes potencialidades y volcar hacia varios de esos sectores todas sus energías conjuntas. Lo que no puede seguir ocurriendo es que las prioridades del gobierno tomen un camino diferente a las de los empresarios y los investigadores.
Risaralda no es capaz de soportar más experimentos relacionados con la construcción de una política pública basada únicamente en el asistencialismo, olvidándose de la existencia de otras variables que pueden contribuir a fortalecer la economía y a mejorar la redistribución del ingreso para enfrentar con éxito la pobreza.
Ser competitivo es integrar la tecnología con la economía y unir el conocimiento con la política pública, donde el fin esencial sea el bienestar de la gente.
[2] Escalafón de Competitividad de los Departamentos en Colombia. CEPAL, 2007. Juan Carlos Ramírez, Horacio Osorio y Rafael Parra-Peña
domingo, 16 de diciembre de 2007
EL ABUSO EN EL USO DE LOS CARROS SERÁ APOCALIPTICO PARA LA HUMANIDAD
El número de vehículos que ruedan diariamente en el mundo alcanza 945 millones de unidades. El 90% de estos automotores utilizan combustibles fósiles y sólo un 10% se aprovisionan de etanol u otra fuente de energía.
En lo corrido del tercer milenio han ingresado al mercado mundial 110 millones de vehículos que se mueven esencialmente con gasolina, lo que indica que los esfuerzos realizados globalmente para combatir el origen de la contaminación atmosférica han fracasado. Ha podido más el gran poder de las industrias automotriz y petrolera, que los intereses de la humanidad por reducir el número de partículas de dióxido de carbono[2], cuyo impacto sobre el medio ambiente es altamente destructor, dado que es el gas de efecto invernadero con más rápido crecimiento en los últimos tres lustros[3].
Esta cruda realidad llevó al Panel Intergubernamental del Cambio Climático reunido recientemente en Bangkok (Tailandia) a proponerle a los gobiernos que tomen medidas para disminuir drásticamente el número de automotores movidos con combustibles fósiles, como una fórmula inicial de choque para contrarrestar el incremento del calentamiento global, cuyos impactos sobre la vida de las personas, las relaciones sociales y la economía mundial son devastadores.
Esta recomendación del PICC tendrá que superar distintos escenarios para poder ejecutarse. El primero, es librar un fuerte pulso con la poderosísima industria automotriz, con el fin de que ella produzca vehículos más económicos, livianos y pequeños, que sean híbridos que permitan el uso alternativo de energías limpias y que sus motores puedan ser movidos por gas, electricidad, hidrogeno, átomos o iones y no necesariamente seguir insistiendo en los agrocombustibles (sobre lo cual nos ocuparemos en otro artículo). El segundo, será enfrentar al Club del Petróleo, que durante años ha impedido la comercialización de nuevas energías, para poder mantener su prevalencia en un mercado cada vez más creciente. El tercero tendrá relación con medidas restrictivas muy drásticas frente a la circulación de vehículos con motor a gasolina. El cuarto, será el incentivo al transporte público masivo para garantizar el desplazamiento de millones de personas que hoy hacen uso de sus automotores particulares. El quinto, se referirá a la imposición de mayores gravámenes a los carros y motocicletas de uso particular, así como a la gasolina y los aceites fósiles. El sexto, estará dirigido a la construcción de ciclovias para incentivar el uso de medios de transporte no contaminantes como patines y bicicletas. El séptimo, buscará permitir carriles, calzadas o carreteras exclusivas para quienes tienen vehículos movidos por energías no contaminantes.
Las decisiones relacionadas con las restricciones al uso de los automotores con serán fáciles, debido a las inmensas presiones políticas que tendrán que soportar los gobiernos. Dicho de manera más gráfica: es más fácil dictar una ley que controle el uso del rifle en Estados Unidos que obligar al uso moderado de los vehículos movidos por gasolina. Y esto tiene una explicación obvia: en USA hay 789 vehículos por para 1.000 personas. En Italia son 669, en Australia 643, en Francia 596, en Alemania 589, en Canadá 585, en Japón 582 y en el Reino Unido 564.
Pero llegará el momento en que las restricciones ocurrirán, porque las penurias por las que pasará la humanidad por efectos del calentamiento del planeta serán de tal crueldad que los dueños de los vehículos tendrán que aceptar cualquier medida que se tome en contra de su “comodidad”.
Muy pocos se atreverían a contrariar una medida de No al Uso del Carro, después de que intensas olas de calor en el centro de Europa le cuesten la vida a miles de personas. O que en las provincias de la India, otros miles mueran ahogados por el desbordamiento de los ríos. O que centenares fallezcan de hambre en China por la destrucción de los cultivos ante la falta de agua para irrigar. O que la biodiversidad esté a punto de extinguirse en las selvas amazónicas por causa de los incendios. O que varios millones de seres humanos queden sin acceso al agua por la desaparición de las cuencas principales. O que varias ciudades se destruyan ante el paso implacable de los huracanes. Todos estos desastres ya han ocurrido, pero todavía no han sido tan devastadores. El futuro se muestra apocalíptico.
Aquí la disyuntiva es: apegarse a una cabrilla y morir por exceso de calor o frio. O usar el transporte público y darle una nueva oportunidad de vida al planeta.
--
PD. ¿Qué actitud va a tomar el nuevo Alcalde de Bogotá en torno al uso de los vehículos particulares, una vez estén ejerciendo el poder?
[2] La concentración promedio actual en la atmósfera es de 365 partes por millón. Hace un siglo era de 88 partes por millón.
[3] Estudio publicado en internet por "Proceedings of the National Academy of Sciences".
En lo corrido del tercer milenio han ingresado al mercado mundial 110 millones de vehículos que se mueven esencialmente con gasolina, lo que indica que los esfuerzos realizados globalmente para combatir el origen de la contaminación atmosférica han fracasado. Ha podido más el gran poder de las industrias automotriz y petrolera, que los intereses de la humanidad por reducir el número de partículas de dióxido de carbono[2], cuyo impacto sobre el medio ambiente es altamente destructor, dado que es el gas de efecto invernadero con más rápido crecimiento en los últimos tres lustros[3].
Esta cruda realidad llevó al Panel Intergubernamental del Cambio Climático reunido recientemente en Bangkok (Tailandia) a proponerle a los gobiernos que tomen medidas para disminuir drásticamente el número de automotores movidos con combustibles fósiles, como una fórmula inicial de choque para contrarrestar el incremento del calentamiento global, cuyos impactos sobre la vida de las personas, las relaciones sociales y la economía mundial son devastadores.
Esta recomendación del PICC tendrá que superar distintos escenarios para poder ejecutarse. El primero, es librar un fuerte pulso con la poderosísima industria automotriz, con el fin de que ella produzca vehículos más económicos, livianos y pequeños, que sean híbridos que permitan el uso alternativo de energías limpias y que sus motores puedan ser movidos por gas, electricidad, hidrogeno, átomos o iones y no necesariamente seguir insistiendo en los agrocombustibles (sobre lo cual nos ocuparemos en otro artículo). El segundo, será enfrentar al Club del Petróleo, que durante años ha impedido la comercialización de nuevas energías, para poder mantener su prevalencia en un mercado cada vez más creciente. El tercero tendrá relación con medidas restrictivas muy drásticas frente a la circulación de vehículos con motor a gasolina. El cuarto, será el incentivo al transporte público masivo para garantizar el desplazamiento de millones de personas que hoy hacen uso de sus automotores particulares. El quinto, se referirá a la imposición de mayores gravámenes a los carros y motocicletas de uso particular, así como a la gasolina y los aceites fósiles. El sexto, estará dirigido a la construcción de ciclovias para incentivar el uso de medios de transporte no contaminantes como patines y bicicletas. El séptimo, buscará permitir carriles, calzadas o carreteras exclusivas para quienes tienen vehículos movidos por energías no contaminantes.
Las decisiones relacionadas con las restricciones al uso de los automotores con serán fáciles, debido a las inmensas presiones políticas que tendrán que soportar los gobiernos. Dicho de manera más gráfica: es más fácil dictar una ley que controle el uso del rifle en Estados Unidos que obligar al uso moderado de los vehículos movidos por gasolina. Y esto tiene una explicación obvia: en USA hay 789 vehículos por para 1.000 personas. En Italia son 669, en Australia 643, en Francia 596, en Alemania 589, en Canadá 585, en Japón 582 y en el Reino Unido 564.
Pero llegará el momento en que las restricciones ocurrirán, porque las penurias por las que pasará la humanidad por efectos del calentamiento del planeta serán de tal crueldad que los dueños de los vehículos tendrán que aceptar cualquier medida que se tome en contra de su “comodidad”.
Muy pocos se atreverían a contrariar una medida de No al Uso del Carro, después de que intensas olas de calor en el centro de Europa le cuesten la vida a miles de personas. O que en las provincias de la India, otros miles mueran ahogados por el desbordamiento de los ríos. O que centenares fallezcan de hambre en China por la destrucción de los cultivos ante la falta de agua para irrigar. O que la biodiversidad esté a punto de extinguirse en las selvas amazónicas por causa de los incendios. O que varios millones de seres humanos queden sin acceso al agua por la desaparición de las cuencas principales. O que varias ciudades se destruyan ante el paso implacable de los huracanes. Todos estos desastres ya han ocurrido, pero todavía no han sido tan devastadores. El futuro se muestra apocalíptico.
Aquí la disyuntiva es: apegarse a una cabrilla y morir por exceso de calor o frio. O usar el transporte público y darle una nueva oportunidad de vida al planeta.
--
PD. ¿Qué actitud va a tomar el nuevo Alcalde de Bogotá en torno al uso de los vehículos particulares, una vez estén ejerciendo el poder?
[2] La concentración promedio actual en la atmósfera es de 365 partes por millón. Hace un siglo era de 88 partes por millón.
[3] Estudio publicado en internet por "Proceedings of the National Academy of Sciences".
viernes, 7 de diciembre de 2007
CUÁNTAS ENSEÑANZAS DE DIGNIDAD NOS DA INGRID
El horror del secuestro está pintado en el rostro de Ingrid Betancur. De ella se dijo durante años por parte de las señoras de la sociedad que estaba viviendo feliz en la selva. Muchos señores de rancio abolengo afirmaron que a ella la había atacado el “síndrome de Estocolmo”. Unos más perversos se atrevieron a decir que ella convivía con uno de los comandantes de las FARC. Mientras el morbo colombiano merodeaba alrededor de esta triste experiencia de Ingrid, los franceses se movilizaban por las calles, protestaban contra el secuestro, pedían acuerdo humanitario y exigían respuestas del gobierno colombiano. Los franceses nunca callaron y siempre reclamaron.
Leyendo la desgarradora carta de Ingrid a su madre, suscita una profunda reflexión el comportamiento del pueblo colombiano frente a la desgracia de sus compatriotas secuestrados. Contrasta la lucidez conceptual y el espíritu reflexivo de Ingrid, con la actitud pusilánime de la mayoría de los colombianos, que toman con resignación, e incluso aceptación, que un reducido grupo de maleantes acorrale al país y siembre el terror. Son contadas las ocasiones en que algunas personas se han lanzado a las calles a protestar contra el secuestro. Sin embargo, son más las horas que la gente dedicó a criticar la marcha del profesor Moncayo y su hija para buscar un acuerdo humanitario y fueron mayoritarias las voces que alentaron al presidente Uribe cuando destrozó en la Plaza de Bolívar a un sufrido padre que buscaba la liberación de su hijo.
Los colombianos se sorprenden al ver cómo millones de españoles salen a la calle a condenar las acciones terroristas de ETA y se admiran de observar en una misma marcha a los del PSOE y el PP. Pero esa sorpresa y esa admiración no alcanzan a incentivar su espíritu de solidaridad. La gente sigue pensando que el problema del secuestro atañe únicamente a los familiares y por eso no sale de manera permanente a exigirle a las FARC su liberación, como tampoco se atreven a exigirle al gobierno actuaciones sinceras para lograr un acuerdo humanitario.
Cuánto nos falta a los colombianos para ser una sociedad realmente libre, compasiva, solidaridad y comprometida. Cuán lejos estamos de las verdaderas democracias, donde la razón de ser es la libertad y no los mezquinos intereses políticos de los líderes.
Ingrid nos da enseñanzas de valor y de libertad a pesar de estar pudriéndose en la selva. Varios de los secuestrados asumen una posición altiva con su silencio y retan con su actitud a sus captores. Mientras tanto, aquí en libertad, los colombianos nos aculillamos ante un puñado de delincuentes y ante la fiebre guerrerista de una derecha rabiosa e insensata.
Leyendo la desgarradora carta de Ingrid a su madre, suscita una profunda reflexión el comportamiento del pueblo colombiano frente a la desgracia de sus compatriotas secuestrados. Contrasta la lucidez conceptual y el espíritu reflexivo de Ingrid, con la actitud pusilánime de la mayoría de los colombianos, que toman con resignación, e incluso aceptación, que un reducido grupo de maleantes acorrale al país y siembre el terror. Son contadas las ocasiones en que algunas personas se han lanzado a las calles a protestar contra el secuestro. Sin embargo, son más las horas que la gente dedicó a criticar la marcha del profesor Moncayo y su hija para buscar un acuerdo humanitario y fueron mayoritarias las voces que alentaron al presidente Uribe cuando destrozó en la Plaza de Bolívar a un sufrido padre que buscaba la liberación de su hijo.
Los colombianos se sorprenden al ver cómo millones de españoles salen a la calle a condenar las acciones terroristas de ETA y se admiran de observar en una misma marcha a los del PSOE y el PP. Pero esa sorpresa y esa admiración no alcanzan a incentivar su espíritu de solidaridad. La gente sigue pensando que el problema del secuestro atañe únicamente a los familiares y por eso no sale de manera permanente a exigirle a las FARC su liberación, como tampoco se atreven a exigirle al gobierno actuaciones sinceras para lograr un acuerdo humanitario.
Cuánto nos falta a los colombianos para ser una sociedad realmente libre, compasiva, solidaridad y comprometida. Cuán lejos estamos de las verdaderas democracias, donde la razón de ser es la libertad y no los mezquinos intereses políticos de los líderes.
Ingrid nos da enseñanzas de valor y de libertad a pesar de estar pudriéndose en la selva. Varios de los secuestrados asumen una posición altiva con su silencio y retan con su actitud a sus captores. Mientras tanto, aquí en libertad, los colombianos nos aculillamos ante un puñado de delincuentes y ante la fiebre guerrerista de una derecha rabiosa e insensata.
domingo, 4 de noviembre de 2007
LOS QUIMICOS DE LA MUERTE
A principios de la década de los años sesenta, la investigadora Rachel Carson[2] advirtió sobre los graves efectos del uso indiscriminado del DDT[3] para la salud y la vida de las personas. También se refirió a otras sustancias químicas altamente tóxicas que se estaban utilizando en la agricultura y que penetraban peligrosamente en la cadena alimenticia, con resultados nefastos para el hombre y los animales. Cuatro décadas después, muchas de esas sustancias se siguen aplicando sin mayor control en los países subdesarrollados, mientras que en Europa y Estados Unidos desaparecieron del comercio.
Una de las naciones más afectadas por la utilización de químicos es Colombia, donde se libra una guerra contra el narcotráfico y la base del combate son las aspersiones aéreas con productos prohibidos en gran parte del mundo. Se usa para las aspersiones un producto comercial del glifosato llamado Roundup, que tiene en su composición un elemento que facilita su penetración en la planta llamado polioxietilenoamina (POEA), con una toxicidad aguda tres veces superior a la del glifosato puro, que produce daños grastrointestinales, afecta el sistema nervioso central, crea problemas respiratorios y destruye los glóbulos rojos. La mezcla utilizada para las aspersiones está compuesta en un 45% de glifosato, 1% de Cosmo Flux, 0,33% de Cosm IN y 54% de agua[4].
Así mismo, se están haciendo fumigaciones con Fusarium, que es un hongo fitopatógeno que vive en zonas templadas y tropicales y que al introducirlo en un ecosistema tan complejo como el colombiano podría atacar a cultivos para el consumo de la población, poniendo en peligro la biodiversidad (Galeano[5]). El Fusarium, adicionalmente, es una mictoxina que se empezó a desarrollar como agente para la guerra química, debido a que las trichothecenas aisladas tienen la capacidad de matar a una persona con una dosis de 4 a 5 miligramos.
Este es un ejemplo de la inconsistencia entre los discursos político-ambientalistas de los gobiernos de los países desarrollados y las actividades de su industria, que se hace visible en el comercio de los clorofluorocarbonados (CFC) y halones, que según el Protocolo de Montreal (1998) suscrito por 30 naciones pretendía controlarlos para evitar daños atmosféricos y en la capa de ozono. Sin embargo, a principios del siglo XXI, «los países en desarrollo seguían siendo mercados importantes para estas sustancias químicas que dañan la capa de ozono, pero que no se venden en otras partes del mundo» (Gilpin). Los CFC se usan en refrigeradores, embalajes de polietileno, industrias electrónica y de propulsores de aerosoles. En 1996 el gobierno estadounidense, entre otros, prohibió la producción de clorofluorocarbonados.
El discurso ambientalista que los países ricos emiten a través de la Organización Mundial del Ambiente (GEP por sus siglas en inglés), instancia creada por las Naciones Unidas para otorgar ayuda financiera en forma de concesiones a los países en desarrollo, tiene como propósito proteger la capa de ozono, preservar los recursos acuáticos, resguardar la diversidad biológica y reducir la emisión de gases causantes del efecto invernadero. Sin embargo, ninguna de estas buenas intenciones ha sido exitosa porque esos países siguen enviando sus productos contaminantes e instalando sus industrias peligrosas en las naciones en desarrollo que poco interés le prestan a la protección de sus recursos.
Lo invito a visitar mi blog en http://www.humbertotobon.blogspot.com/ para que opine sobre este y otros artículos de interés
- Este E-mail no podrá ser considerado SPAM mientras incluya una forma de ser removido.- En caso de que no desee recibir nuestras comunicaciones por favor envíenos un email a: humbertotobon@gmail.com con el asunto: "Remover".- Si usted tiene conocidos que deseen recibir nuestros correos, por favor envíenos sus direcciones electrónicas y los incluiremos en nuestra lista.Gracias.
[2] Rachel Louise Carson bióloga norteamericana, autora de Primavera Silenciosa y una de las más importantes promotoras de la conciencia social ambiental. 1907 - 1964
[3] Dicloro-difenil-tricloroetano es un compuesto básico para los insecticidas. Es incoloro y cristalino. Es muy soluble en las grasas y en disolventes orgánicos y prácticamente insoluble en agua.
[4] Tobón, Humberto. Las fumigaciones en Colombia. Ecoportal, 2004
[5] Galeano, Eduardo. Informe sobre Hongos Patógenos. Boletín de Acción Ecológica «Alerta Verde»
Una de las naciones más afectadas por la utilización de químicos es Colombia, donde se libra una guerra contra el narcotráfico y la base del combate son las aspersiones aéreas con productos prohibidos en gran parte del mundo. Se usa para las aspersiones un producto comercial del glifosato llamado Roundup, que tiene en su composición un elemento que facilita su penetración en la planta llamado polioxietilenoamina (POEA), con una toxicidad aguda tres veces superior a la del glifosato puro, que produce daños grastrointestinales, afecta el sistema nervioso central, crea problemas respiratorios y destruye los glóbulos rojos. La mezcla utilizada para las aspersiones está compuesta en un 45% de glifosato, 1% de Cosmo Flux, 0,33% de Cosm IN y 54% de agua[4].
Así mismo, se están haciendo fumigaciones con Fusarium, que es un hongo fitopatógeno que vive en zonas templadas y tropicales y que al introducirlo en un ecosistema tan complejo como el colombiano podría atacar a cultivos para el consumo de la población, poniendo en peligro la biodiversidad (Galeano[5]). El Fusarium, adicionalmente, es una mictoxina que se empezó a desarrollar como agente para la guerra química, debido a que las trichothecenas aisladas tienen la capacidad de matar a una persona con una dosis de 4 a 5 miligramos.
Este es un ejemplo de la inconsistencia entre los discursos político-ambientalistas de los gobiernos de los países desarrollados y las actividades de su industria, que se hace visible en el comercio de los clorofluorocarbonados (CFC) y halones, que según el Protocolo de Montreal (1998) suscrito por 30 naciones pretendía controlarlos para evitar daños atmosféricos y en la capa de ozono. Sin embargo, a principios del siglo XXI, «los países en desarrollo seguían siendo mercados importantes para estas sustancias químicas que dañan la capa de ozono, pero que no se venden en otras partes del mundo» (Gilpin). Los CFC se usan en refrigeradores, embalajes de polietileno, industrias electrónica y de propulsores de aerosoles. En 1996 el gobierno estadounidense, entre otros, prohibió la producción de clorofluorocarbonados.
El discurso ambientalista que los países ricos emiten a través de la Organización Mundial del Ambiente (GEP por sus siglas en inglés), instancia creada por las Naciones Unidas para otorgar ayuda financiera en forma de concesiones a los países en desarrollo, tiene como propósito proteger la capa de ozono, preservar los recursos acuáticos, resguardar la diversidad biológica y reducir la emisión de gases causantes del efecto invernadero. Sin embargo, ninguna de estas buenas intenciones ha sido exitosa porque esos países siguen enviando sus productos contaminantes e instalando sus industrias peligrosas en las naciones en desarrollo que poco interés le prestan a la protección de sus recursos.
Lo invito a visitar mi blog en http://www.humbertotobon.blogspot.com/ para que opine sobre este y otros artículos de interés
- Este E-mail no podrá ser considerado SPAM mientras incluya una forma de ser removido.- En caso de que no desee recibir nuestras comunicaciones por favor envíenos un email a: humbertotobon@gmail.com con el asunto: "Remover".- Si usted tiene conocidos que deseen recibir nuestros correos, por favor envíenos sus direcciones electrónicas y los incluiremos en nuestra lista.Gracias.
[2] Rachel Louise Carson bióloga norteamericana, autora de Primavera Silenciosa y una de las más importantes promotoras de la conciencia social ambiental. 1907 - 1964
[3] Dicloro-difenil-tricloroetano es un compuesto básico para los insecticidas. Es incoloro y cristalino. Es muy soluble en las grasas y en disolventes orgánicos y prácticamente insoluble en agua.
[4] Tobón, Humberto. Las fumigaciones en Colombia. Ecoportal, 2004
[5] Galeano, Eduardo. Informe sobre Hongos Patógenos. Boletín de Acción Ecológica «Alerta Verde»
viernes, 2 de noviembre de 2007
GAVIRIA: EL ENTERRADOR DEL LIBERALISMO
La más grande equivocación histórica del liberalismo fue haberle entregado nuevamente la Dirección Nacional a César Gaviria Trujillo, quien con una meticulosa precisión fue derrumbando a sus contradictores, generando divisiones internas, conduciendo al Partido hacia la derecha, auspiciando vetos políticos, regresando a la vieja práctica de la “dedocracia”, desconociendo los estatutos, acercándose a los partidos uribistas, desvaneciendo la oposición y tramitando sigilosamente su aspiración de reelección presidencial en 2010.
Lo poco que había avanzado en democracia interna y en modernización ideológica el liberalismo, fue aplastado por la pragmática actitud de Gaviria de alejarse del debate ideológico, donde evidentemente siempre ha salido perdedor, para ingresar en la ruta de las componendas y las negociaciones.
La situación ha llegado a un punto tan crítico, que las organizaciones internas dispuestas estatutariamente para el estudio, el análisis y la investigación política, prácticamente desaparecieron. En tanto, los dirigentes que mantienen una posición crítica al interior de la colectividad y enarbolan una visión alternativa de desarrollo, fueron silenciados.
Los resultados de la gestión de Gaviria no pueden ser más lamentables. Fue contundente la caída en la representación parlamentaria, al punto de que el liberalismo, que siempre fue mayoría en el Congreso, ahora hace parte de las minorías. Mucho más desastroso es su balance en las elecciones Presidenciales, donde el número de votos fue el más bajo de los últimos treinta años y ampliamente superado por el Polo Democrático. Y ahora, perdió gran parte de su poder regional.
Gaviria se dedicó con un empeño y una meticulosidad digna de mejores causas, a evitar que líderes liberales tramitaran dentro del Partido sus aspiraciones electorales y decidió, en la más burda estrategia, recoger gentes de otros partidos para que representaran a la colectividad. El hecho de renunciar en Bogotá, por ejemplo, a tener un candidato propio, y plegarse a Peñalosa, fue una equivocación apenas comparable con la del Partido Conservador, que se resignó a no volver a presentar aspirantes suyos a la Presidencia de Colombia.
Si lo que persigue Gaviria es ir allanando el camino para convertirse en opción presidencial en 2010, está cometiendo una equivocación garrafal de cálculo, porque si existe un político desacreditado en Colombia, es precisamente él, quien en las encuestas aparece con niveles de rechazo que triplican su imagen positiva. Y la razón es muy sencilla: durante su gobierno le propinó un golpe de gracia a la economía nacional y adoptó unos postulados económicos que empobrecieron a la mayoría de los sectores y aumentaron despiadadamente la pobrería y la miseria en el país.
Todo esto conllevará, necesariamente, a que haya un replanteamiento en el corto plazo en la Dirección del Partido, antes que lo único que quede para recoger sea el envejecido aviso de la sede de la Caracas.
Lo poco que había avanzado en democracia interna y en modernización ideológica el liberalismo, fue aplastado por la pragmática actitud de Gaviria de alejarse del debate ideológico, donde evidentemente siempre ha salido perdedor, para ingresar en la ruta de las componendas y las negociaciones.
La situación ha llegado a un punto tan crítico, que las organizaciones internas dispuestas estatutariamente para el estudio, el análisis y la investigación política, prácticamente desaparecieron. En tanto, los dirigentes que mantienen una posición crítica al interior de la colectividad y enarbolan una visión alternativa de desarrollo, fueron silenciados.
Los resultados de la gestión de Gaviria no pueden ser más lamentables. Fue contundente la caída en la representación parlamentaria, al punto de que el liberalismo, que siempre fue mayoría en el Congreso, ahora hace parte de las minorías. Mucho más desastroso es su balance en las elecciones Presidenciales, donde el número de votos fue el más bajo de los últimos treinta años y ampliamente superado por el Polo Democrático. Y ahora, perdió gran parte de su poder regional.
Gaviria se dedicó con un empeño y una meticulosidad digna de mejores causas, a evitar que líderes liberales tramitaran dentro del Partido sus aspiraciones electorales y decidió, en la más burda estrategia, recoger gentes de otros partidos para que representaran a la colectividad. El hecho de renunciar en Bogotá, por ejemplo, a tener un candidato propio, y plegarse a Peñalosa, fue una equivocación apenas comparable con la del Partido Conservador, que se resignó a no volver a presentar aspirantes suyos a la Presidencia de Colombia.
Si lo que persigue Gaviria es ir allanando el camino para convertirse en opción presidencial en 2010, está cometiendo una equivocación garrafal de cálculo, porque si existe un político desacreditado en Colombia, es precisamente él, quien en las encuestas aparece con niveles de rechazo que triplican su imagen positiva. Y la razón es muy sencilla: durante su gobierno le propinó un golpe de gracia a la economía nacional y adoptó unos postulados económicos que empobrecieron a la mayoría de los sectores y aumentaron despiadadamente la pobrería y la miseria en el país.
Todo esto conllevará, necesariamente, a que haya un replanteamiento en el corto plazo en la Dirección del Partido, antes que lo único que quede para recoger sea el envejecido aviso de la sede de la Caracas.
sábado, 13 de octubre de 2007
POBREZA Y MEDIO AMBIENTE
Uno de los grandes debates ambientales gira en torno al nivel de responsabilidad de la pobreza en la devastación de los recursos naturales y en la contaminación del entorno. La tesis más generalizada es que la pobrería busca en los bosques la madera para levantar sus viviendas, tener fuego y ganar terreno para la siembra de alimentos. Este tipo de comportamientos acelera los procesos erosivos e incrementa los niveles de riesgo por deslizamientos de tierra e inundaciones. Sus excretas y los residuos sólidos y líquidos que se originan en su vida cotidiana van a parar especialmente a las fuentes superficiales de agua, que son utilizadas para su propia ingesta, con lo cual se crea un círculo de contaminación y enfermedad que desmejora la calidad de vida de las personas y obliga a múltiples inversiones públicas en saneamiento básico y atención hospitalaria.
A esto se agrega que el sector productivo de los países subdesarrollados contribuye a que el círculo de la pobreza no tenga fin, pues se niega a invertir en tecnologías limpias y prefieren seguir enviando sus desechos a los ríos, al aire y a los botaderos de residuos a cielo abierto, que son precisamente los espacios que lindan con las comunidades más pobres y marginadas. El impacto ambiental de las acciones industriales iguala, e incluso supera la dimensión del problema que ocasionan las comunidades pobres, y los efectos más próximos se observan en la tierra arrasada por el uso de técnicas contaminantes; disminución de especies de flora; eliminación de bosques para propósitos agrícolas y pecuarios; desaparición de fuentes de agua y déficit en el inventario de biodiversidad. Esta contaminación de origen industrial, no es exclusiva de los países pobres, también se observa en las naciones ricas, y sus impactos, incluso, son mucho más drásticos, por ejemplo, con el uso excesivo de gases de efecto invernadero.
De este análisis de entorno surge una pregunta muy precisa «¿Cómo se puede pedir menos pobreza sin pedir a la vez menos población?»[2] Y la respuesta es que el crecimiento poblacional por sí mismo no es el causante de la pobreza, pues para que esta se consolide deben entrar en juego otras circunstancias como la desigualdad en la distribución de los recursos, la obsolescencia tecnológica, la falta de políticas productivas, la poca inversión en investigación, el desempleo estructural, la mínima atención frente a la ocurrencia de enfermedades mortales y el mal uso de los recursos naturales. Muchos países altamente poblados combaten las variables que conducen a la pobreza y se erigen como naciones desarrolladas, tal es el caso de China, que en las últimas dos décadas disminuyó en 42 puntos porcentuales el número de pobres[3].
Claro que cuando un país es pobre y mantiene un acelerado nivel de crecimiento demográfico, sin aumentos significativos de su riqueza, es muy probable que se reproduzca la pobreza con todas sus secuelas. Mientras que un país rico con modelos de contención poblacional incrementará el nivel de vida de sus habitantes y presionará una mejor distribución de la riqueza.
Lo que sí es claro es que existe una acción contaminante y depredadora tanto entre los pobres como entre los ricos. Aquellos lo hacen porque esquilman los recursos naturales para poder subsistir y porque sus tecnologías son inadecuadas y estos porque tienen un exceso de consumo que copan la capacidad de autorregeneración del ambiente.
[2] La pregunta fue formulada por el profesor Sartori, titular de la cátedra Albert Schweitzer en Humanidades de la Columbia University de New York y profesor emérito de la Universidad de Florencia.
[3] Reducción de la pobreza y crecimiento: Círculos virtuosos y círculos viciosos. Naciones Unidas, 2006
A esto se agrega que el sector productivo de los países subdesarrollados contribuye a que el círculo de la pobreza no tenga fin, pues se niega a invertir en tecnologías limpias y prefieren seguir enviando sus desechos a los ríos, al aire y a los botaderos de residuos a cielo abierto, que son precisamente los espacios que lindan con las comunidades más pobres y marginadas. El impacto ambiental de las acciones industriales iguala, e incluso supera la dimensión del problema que ocasionan las comunidades pobres, y los efectos más próximos se observan en la tierra arrasada por el uso de técnicas contaminantes; disminución de especies de flora; eliminación de bosques para propósitos agrícolas y pecuarios; desaparición de fuentes de agua y déficit en el inventario de biodiversidad. Esta contaminación de origen industrial, no es exclusiva de los países pobres, también se observa en las naciones ricas, y sus impactos, incluso, son mucho más drásticos, por ejemplo, con el uso excesivo de gases de efecto invernadero.
De este análisis de entorno surge una pregunta muy precisa «¿Cómo se puede pedir menos pobreza sin pedir a la vez menos población?»[2] Y la respuesta es que el crecimiento poblacional por sí mismo no es el causante de la pobreza, pues para que esta se consolide deben entrar en juego otras circunstancias como la desigualdad en la distribución de los recursos, la obsolescencia tecnológica, la falta de políticas productivas, la poca inversión en investigación, el desempleo estructural, la mínima atención frente a la ocurrencia de enfermedades mortales y el mal uso de los recursos naturales. Muchos países altamente poblados combaten las variables que conducen a la pobreza y se erigen como naciones desarrolladas, tal es el caso de China, que en las últimas dos décadas disminuyó en 42 puntos porcentuales el número de pobres[3].
Claro que cuando un país es pobre y mantiene un acelerado nivel de crecimiento demográfico, sin aumentos significativos de su riqueza, es muy probable que se reproduzca la pobreza con todas sus secuelas. Mientras que un país rico con modelos de contención poblacional incrementará el nivel de vida de sus habitantes y presionará una mejor distribución de la riqueza.
Lo que sí es claro es que existe una acción contaminante y depredadora tanto entre los pobres como entre los ricos. Aquellos lo hacen porque esquilman los recursos naturales para poder subsistir y porque sus tecnologías son inadecuadas y estos porque tienen un exceso de consumo que copan la capacidad de autorregeneración del ambiente.
[2] La pregunta fue formulada por el profesor Sartori, titular de la cátedra Albert Schweitzer en Humanidades de la Columbia University de New York y profesor emérito de la Universidad de Florencia.
[3] Reducción de la pobreza y crecimiento: Círculos virtuosos y círculos viciosos. Naciones Unidas, 2006
lunes, 8 de octubre de 2007
ISRAEL LONDOÑO SE PERFILA COMO NUEVO ALCALDE DE PEREIRA
En días pasados escribí que Marta Helena Bedoya veía cómo se extinguían sus posibilidades de llegar a la Alcaldía de Pereira por segunda vez, en esta ocasión en representación del Partido Liberal. Y que sin duda perdería frente al candidato Israel Londoño, quien hace un año apenas sí registraba el 5% de favoritismo.
Y las últimas encuestas me dan la razón plenamente. La más reciente edición de la revista Semana (http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?idArt=106721) asegura que Israel Londoño cuenta a su favor con el 37% de intención de voto, contra el 31% de la señora Bedoya Rendón. Hace ocho días, otra encuesta realizada por el Grupo de Investigación en Estadística Multivariada de la Universidad Tecnológica de Pereira, concluyó en que Londoño Londoño obtenía el 31.1% y Marta Helena el 22.2%.
Londoño ascendió de manera constante en las encuestas, que en julio de 2006 lo ponía con el 5% y en mayo de 2007 le daban el 11%. Sin embargo, su mayor repunte se presentó luego del retiro de la candidatura liberal de Luis Fernando Baena y la designación como su reemplazo de Marta Bedoya, quien hasta ese momento emprendía una campaña a nombre del movimiento cívico Tejiendo Ciudadanía y tenía un favoritismo del 27%.
Bajo las nuevas condiciones políticas, hace un mes la señora Marta Bedoya pasó del 27 al 33%, pero Londoño se catapultó del 11 al 24%. Esa tendencia estadística, lo dijimos, era imparable, no sólo por lo que decían los número, sino por las sensaciones y percepciones entre la comunidad.
En los veinte días que restan de campaña política, Londoño tiene mayores posibilidades de seguir creciendo, porque según la revista Semana su imagen negativa es de tan sólo el 5%, frente a la de Bedoya que es del 25%. Dicho de otra forma, la exalcaldesa ya llegó a su tope, mientras su contendor todavía tiene un margen muy grande para moverse, especialmente si se tiene en cuenta que a él no lo conoce el 24% de los potenciales electores, segmento al que tiene que conquistar para aumentar su ventaja en la intención de voto. Las posibilidades de maniobra de Bedoya son muy pequeñas, porque sumado a su alta imagen negativa, sólo la desconoce el 9%.
El descalabro político de Marta Bedoya se debe a los desafortunados resultados de su gestión pública en materia de política social, dado que todos sus esfuerzos estuvieron enfocados a renovar urbanísticamente el centro de la ciudad y a beneficiar con obras a los estratos socioeconómicos más altos. A ello se suman actos de represión contra las familias más pobres, y, especialmente, contra los vendedores ambulantes.
Así mismo, la caída de la señora Bedoya tiene mucho que ver con su incoherencia política, al haber transitado por cinco partidos y movimiento políticos en menos de siete meses, lo que confundió al electorado, que quedó con la sensación que lo que ella quería era un puesto en el sector público, antes que asumir la conducción responsablemente de la ciudad.
Israel Londoño, por su lado, fue capaz de conquistar un espacio político que trascendió al partido de la U, que lo avala, y le quita a su contendora, según las encuestas, la mitad de los votos del liberalismo y la derrota entre los electores conservadores. Adicionalmente, su discurso estuvo mucho más comprometido con las políticas de inversión social y mostró mayor claridad y coherencia en lo relacionado con el futuro de la ciudad en materia económica y de seguridad.
Adenda: En esta campaña descollaron dos jóvenes figuras que tendrán mucho protagonismo en la política local. El abogado Fredy Arias Herrera del Polo Democrático, quien fue el único opositor consistente que tuvo el Alcalde de Pereira y quien basó su propuesta como candidato a la Alcaldía en mejorar los indicadores de la educación y en impulsar un plan de lucha contra el hambre que tiene cercada al 35% de los pereiranos. El ingeniero John Jairo Santa, quien con el respaldo de firmas se inscribió como candidato, proponiendo un modelo de desarrollo económico que convirtiera a Pereira en el más grande centro comercial de la región y buscando asegurarles educación y salud de buena calidad a los ciudadanos.
Y las últimas encuestas me dan la razón plenamente. La más reciente edición de la revista Semana (http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?idArt=106721) asegura que Israel Londoño cuenta a su favor con el 37% de intención de voto, contra el 31% de la señora Bedoya Rendón. Hace ocho días, otra encuesta realizada por el Grupo de Investigación en Estadística Multivariada de la Universidad Tecnológica de Pereira, concluyó en que Londoño Londoño obtenía el 31.1% y Marta Helena el 22.2%.
Londoño ascendió de manera constante en las encuestas, que en julio de 2006 lo ponía con el 5% y en mayo de 2007 le daban el 11%. Sin embargo, su mayor repunte se presentó luego del retiro de la candidatura liberal de Luis Fernando Baena y la designación como su reemplazo de Marta Bedoya, quien hasta ese momento emprendía una campaña a nombre del movimiento cívico Tejiendo Ciudadanía y tenía un favoritismo del 27%.
Bajo las nuevas condiciones políticas, hace un mes la señora Marta Bedoya pasó del 27 al 33%, pero Londoño se catapultó del 11 al 24%. Esa tendencia estadística, lo dijimos, era imparable, no sólo por lo que decían los número, sino por las sensaciones y percepciones entre la comunidad.
En los veinte días que restan de campaña política, Londoño tiene mayores posibilidades de seguir creciendo, porque según la revista Semana su imagen negativa es de tan sólo el 5%, frente a la de Bedoya que es del 25%. Dicho de otra forma, la exalcaldesa ya llegó a su tope, mientras su contendor todavía tiene un margen muy grande para moverse, especialmente si se tiene en cuenta que a él no lo conoce el 24% de los potenciales electores, segmento al que tiene que conquistar para aumentar su ventaja en la intención de voto. Las posibilidades de maniobra de Bedoya son muy pequeñas, porque sumado a su alta imagen negativa, sólo la desconoce el 9%.
El descalabro político de Marta Bedoya se debe a los desafortunados resultados de su gestión pública en materia de política social, dado que todos sus esfuerzos estuvieron enfocados a renovar urbanísticamente el centro de la ciudad y a beneficiar con obras a los estratos socioeconómicos más altos. A ello se suman actos de represión contra las familias más pobres, y, especialmente, contra los vendedores ambulantes.
Así mismo, la caída de la señora Bedoya tiene mucho que ver con su incoherencia política, al haber transitado por cinco partidos y movimiento políticos en menos de siete meses, lo que confundió al electorado, que quedó con la sensación que lo que ella quería era un puesto en el sector público, antes que asumir la conducción responsablemente de la ciudad.
Israel Londoño, por su lado, fue capaz de conquistar un espacio político que trascendió al partido de la U, que lo avala, y le quita a su contendora, según las encuestas, la mitad de los votos del liberalismo y la derrota entre los electores conservadores. Adicionalmente, su discurso estuvo mucho más comprometido con las políticas de inversión social y mostró mayor claridad y coherencia en lo relacionado con el futuro de la ciudad en materia económica y de seguridad.
Adenda: En esta campaña descollaron dos jóvenes figuras que tendrán mucho protagonismo en la política local. El abogado Fredy Arias Herrera del Polo Democrático, quien fue el único opositor consistente que tuvo el Alcalde de Pereira y quien basó su propuesta como candidato a la Alcaldía en mejorar los indicadores de la educación y en impulsar un plan de lucha contra el hambre que tiene cercada al 35% de los pereiranos. El ingeniero John Jairo Santa, quien con el respaldo de firmas se inscribió como candidato, proponiendo un modelo de desarrollo económico que convirtiera a Pereira en el más grande centro comercial de la región y buscando asegurarles educación y salud de buena calidad a los ciudadanos.
jueves, 4 de octubre de 2007
IMPACTOS NEGATIVOS DEL CONSUMO EN EL MEDIO AMBIENTE
El nivel, la intensidad y la calidad del consumo inciden negativamente sobre el medio ambiente, ya que presionan la sobreexplotación de los recursos, agotan las materias primas y generan una cantidad cada vez mayor de residuos sólidos, cuyo tratamiento se dificulta por la utilización de elementos de tardía descomposición, degradando el suelo y las fuentes subterráneas de agua por los lixiviados, así como a la atmósfera por los malos olores que produce la acumulación de gases, las quemas y las descargas de CO2 provenientes de las fuentes móviles y fijas.
El consumo se ve presionado inicialmente por las necesidades de supervivencia de la población. Por lo tanto, el crecimiento poblacional es fuente contaminadora y depredadora, pues ante más habitantes se consumen más recursos y se eliminan más residuos. El hecho de que la población mundial se haya triplicado en los últimos 80 años, implicó cambios sustanciales en los sistemas productivos, teniéndose que introducir la biotecnología y la manipulación genética para ofrecer respuestas en términos de tiempo y cantidad de alimentos al creciente número de personas. Sin embargo, esos indudables avances científicos crean ambientes naturales dañinos, que le están restando capacidad regenerativa a la tierra, empobreciendo los suelos y acabando con gran parte de la diversidad alimenticia.
La gran paradoja surge del hecho que a pesar de los excepcionales avances en producción de alimentos, cerca de 1.000 millones de personas que viven en la indigencia y que habitan básicamente los países más pobres no tienen acceso a la comida, lo que deja al descubierto un problema aterrador: hay alimentos pero no una racional distribución, lo cual se debe analizar como un fenómeno cargado de implicaciones políticas y económicas. Las propias organizaciones mundiales relacionadas con los temas alimenticios, aceptan que cerca del 17 por ciento de la comida se pierde por mala manipulación y por deformaciones en el mercado, cantidad suficiente para evitar que hubiese hambre en el planeta.
El mayor nivel de consumo se concentra en el 25 por ciento de la población mundial, que mayoritariamente vive en las naciones más ricas. La capacidad de compra de estas sociedades son las que han motivado la individualización, la diferenciación y la exclusión. Las teorías relacionadas con las tendencias consumistas de las elites han impulsado no sólo el surgimiento de exclusivas agrupaciones sociales sino avances tecnológicos sin precedentes en alimentos, empaques, vestidos, electrodomésticos, sistemas satelitales, muebles, materiales de construcción, etc., casi todos muy agresivos y desafiantes con la capacidad de absorción de la naturaleza.
La realidad también muestra que el 58 por ciento de personas tienen un nivel medio de consumo de artículos que le brindan satisfacciones a sus necesidades básicas, sin acercarse a las ostentosas cifras de los más ricos. Mayoritariamente este grupo vive en las naciones subdesarrolladas, cuyos principales activos tienen que ver con la producción y provisión de materias primas, especialmente biomasicas. La mayoría de sus residuos son dañinos para el entorno natural.
El desaforado aumento de consumidores (ostentosos o no) genera impactantes cifras de residuos, cuya gestión aun se enfrenta a dificultades técnicas y operativas que la ciencia no ha sido capaz de solucionar y frente a las cuales los gobiernos son totalmente ineficientes. Si se parte del hecho que hay una generación de basura diaria per cápita de 300 gramos (incluyendo en el cálculo de la media a una sexta parte de la población hambrienta) se producen en el mundo 1.8 millones de toneladas métricas de residuos, de las cuales son recuperables para que reingresen al sistema productivo poco menos del 15 por ciento. Ahí está de cuerpo presente uno de los más graves problemas de la actualidad: ¿qué hacer con semejante cifra diaria de residuos? Algunas propuestas se dirigen a disminuir el nivel de consumo, a evitar la producción de artículos que no se degradan, a reducir los envases y artículos desechables, y a aplicar altos impuestos para productos que requieran reposición como baterías, aceites y llantas.
El consumo se ve presionado inicialmente por las necesidades de supervivencia de la población. Por lo tanto, el crecimiento poblacional es fuente contaminadora y depredadora, pues ante más habitantes se consumen más recursos y se eliminan más residuos. El hecho de que la población mundial se haya triplicado en los últimos 80 años, implicó cambios sustanciales en los sistemas productivos, teniéndose que introducir la biotecnología y la manipulación genética para ofrecer respuestas en términos de tiempo y cantidad de alimentos al creciente número de personas. Sin embargo, esos indudables avances científicos crean ambientes naturales dañinos, que le están restando capacidad regenerativa a la tierra, empobreciendo los suelos y acabando con gran parte de la diversidad alimenticia.
La gran paradoja surge del hecho que a pesar de los excepcionales avances en producción de alimentos, cerca de 1.000 millones de personas que viven en la indigencia y que habitan básicamente los países más pobres no tienen acceso a la comida, lo que deja al descubierto un problema aterrador: hay alimentos pero no una racional distribución, lo cual se debe analizar como un fenómeno cargado de implicaciones políticas y económicas. Las propias organizaciones mundiales relacionadas con los temas alimenticios, aceptan que cerca del 17 por ciento de la comida se pierde por mala manipulación y por deformaciones en el mercado, cantidad suficiente para evitar que hubiese hambre en el planeta.
El mayor nivel de consumo se concentra en el 25 por ciento de la población mundial, que mayoritariamente vive en las naciones más ricas. La capacidad de compra de estas sociedades son las que han motivado la individualización, la diferenciación y la exclusión. Las teorías relacionadas con las tendencias consumistas de las elites han impulsado no sólo el surgimiento de exclusivas agrupaciones sociales sino avances tecnológicos sin precedentes en alimentos, empaques, vestidos, electrodomésticos, sistemas satelitales, muebles, materiales de construcción, etc., casi todos muy agresivos y desafiantes con la capacidad de absorción de la naturaleza.
La realidad también muestra que el 58 por ciento de personas tienen un nivel medio de consumo de artículos que le brindan satisfacciones a sus necesidades básicas, sin acercarse a las ostentosas cifras de los más ricos. Mayoritariamente este grupo vive en las naciones subdesarrolladas, cuyos principales activos tienen que ver con la producción y provisión de materias primas, especialmente biomasicas. La mayoría de sus residuos son dañinos para el entorno natural.
El desaforado aumento de consumidores (ostentosos o no) genera impactantes cifras de residuos, cuya gestión aun se enfrenta a dificultades técnicas y operativas que la ciencia no ha sido capaz de solucionar y frente a las cuales los gobiernos son totalmente ineficientes. Si se parte del hecho que hay una generación de basura diaria per cápita de 300 gramos (incluyendo en el cálculo de la media a una sexta parte de la población hambrienta) se producen en el mundo 1.8 millones de toneladas métricas de residuos, de las cuales son recuperables para que reingresen al sistema productivo poco menos del 15 por ciento. Ahí está de cuerpo presente uno de los más graves problemas de la actualidad: ¿qué hacer con semejante cifra diaria de residuos? Algunas propuestas se dirigen a disminuir el nivel de consumo, a evitar la producción de artículos que no se degradan, a reducir los envases y artículos desechables, y a aplicar altos impuestos para productos que requieran reposición como baterías, aceites y llantas.
lunes, 24 de septiembre de 2007
ELSA GLADYS: ELOGIO A LA INDIGNIDAD Y EL INDECORO
En 1990 apareció la abogada Elsa Gladys Cifuentes en la campaña del candidato liberal a la alcaldía César Castillo. Fungía como jefe de las juventudes de Unificación Conservadora, movimiento orientado en ese entonces por el senador Emiliano Isaza Henao. En un golpe de astucia, ella logró romper buena parte de las bases de esa agrupación y arrastró a un cúmulo de entusiastas goditos para que cerraran filas en torno a Castillo y le ayudaran a ganar la Alcaldía de Pereira.
Desde ese momento, la joven abogada dedicó todos sus esfuerzos a acabar con Unificación Conservadora. Demolió rápidamente a Jaime Escobar Vallejo, el segundo hombre más importante del movimiento. Luego le cayó encima como una aplanadora al parlamentario Germán Martínez Mejía, a quien le restó toda opción de continuar en el Congreso, mientras el senador Isaza moría. Además, invisibilizó a Alberto Zuluaga Trujillo, jefe máximo del pontificado conservador de Santa Rosa de Cabal.
Todos los objetivos de aniquilar esa poderosa maquinaria política conservadora se cumplieron. La que fue, junto con Unidad Liberal, la fuerza más representativa de la política risaraldense, acabó hecha trizas y sólo quedó como vestigio una vetusta sede pintada de azul, que rápidamente empezó a caerse a pedazos por falta de uso.
Elsa Gladys empotrada como concejal de Pereira y luego como diputada de Risaralda, logró construir una alianza con Unidad Liberal, que le brindó la posibilidad de crecer políticamente y tener una amplia representación burocrática en la Alcaldía y la Gobernación. Fundó la Nueva Fuerza Democrática y se unió a Andrés Pastrana Arango. Estas dos jugadas marcaron su camino político, el cual ha estado lleno de movimientos arriesgados. Pasarse de un movimiento ideológicamente afín a Álvaro Gómez Hurtado, para coger las banderas del “pastranismo”, dejó traslucir lo que sería una vida política inestable. Y acercarse al liberalismo para ganar espacio, reconocimiento y recursos para hacer la política, para luego fundar un movimiento con el fin de derrotar a quienes fueron sus mecenas, dejaron ver sus sentimientos de traición e infidelidad.
Para poder conquistar espacios y garantizar la supervivencia de su proyecto político, convenció a Luis Carlos Ramírez Múnera, uno de los propietarios del Diario del Otún, con el fin de que él participara más activamente en la vida política local. Ese matrimonio parecía bastante provechoso, especialmente cuando Elsa Gladys anunció su aspiración a la Gobernación de Risaralda y Ramírez hizo pinos en la Cámara de Representantes. El futuro parecía alumbrar para estas dos jóvenes figuras políticas. Sin embargo, el camino los conduciría hacia jornadas tormentosas que echarían por el suelo aquellos sueños que juntos forjaron.
Con un Partido Conservador acabado y con una coyuntura política que apuntaba a socavar la hegemonía de tres décadas de Unidad Liberal, las cosas estaban puestas en favor de Elsa Gladys. Todas las agrupaciones políticas del departamento, distintas al gavirismo, se unieron para ganar las elecciones de Alcaldía de Pereira y Gobernación de Risaralda, y para ello propusieron el nombre de dos señoras con capacidades académicas y técnicas bastante discutibles, pero con grandes ambiciones políticas.
El denominado Pacto de Guacarí conformado por la senadora liberal María Isabel Mejía, los representantes liberales Germán Aguirre Muñoz y Octavio Carmona, el Partido Conservador y otro cúmulo de pequeñas fuerzas, eligieron a Marta Bedoya alcaldesa de Pereira y a Elsa Gladys Cifuentes como Gobernadora de Risaralda. Y en ese momento acabaron con la carrera política local del senador Rodrigo Rivera Salazar y sometieron a un largo periodo de sequía a Diego Patiño Amariles y Juan Manuel Arango Vélez.
En ejercicio de la Gobernación, Elsa Gladys abandonó a todos aquellos que habían hecho parte de su proyecto político. Rápidamente, se deshizo de Luis Carlos Ramírez y no le prestó la colaboración que requería para sucederla en el cargo. Vio que asomaban dirigentes como Amparo Lucía Vega, Víctor Manuel Tamayo y Ramiro Velásquez con interés político de llegar al Senado y cercenó sus aspiraciones al darle su respaldo al dirigente tolimense Humberto Gómez Gallo, quien sumó alrededor de 11.000 votos. Con esa jugada se quitó de encima cualquier tipo de competidor al interior del Partido Conservador.
Debido a su cuestionado paso por la Gobernación de Risaralda y con un balance bastante lánguido en su gestión administrativa, el liberalismo logró reagruparse y ganar nuevamente la posición con el médico Carlos Botero.
Sus andanzas como exgobernadora al lado de Humberto Gómez, la llevaron al punto de ser nominada como Defensora del Pueblo, pero viejos aliados suyos como Germán Aguirre y John Jairo Velásquez, se encargaron de crearle un ambiente hostil en el Congreso que terminó por propinarle la primera de una serie de derrotas. Luego fue despedida por el senador Gómez Gallo, presidente del Senado, después de que ella empezara a tramitar su aspiración para la Cámara Alta en los municipios conservadores del Tolima, moviéndole la silla a quien era su jefe.
Frente a semejante sacudón, ella se abrió paso hasta donde el presidente Álvaro Uribe, y logró que este la tuviera en cuenta para la terna de Fiscal General de la Nación a nombre del Partido Conservador, pero la rápida reacción del entonces senador Carlos Holguín Sardi, jefe de esa colectividad, evitó que su nombre fuera inscrito y a cambio entró Consuelo Caldas.
Ya estigmatizada por el conservatismo, empezó a buscar espacio en una fuerza multipartidista y encontró como anillo al dedo a Cambio Radical, que estaba buscando quién podría representarlo en Risaralda. Como ninguno de los jefes locales le creyó al senador Germán Vargas Lleras, este no tuvo más remedio que entregarle la representación política de su movimiento a Elsa Gladys Cifuentes. En esas condiciones, ella se postuló para el Senado de la República y sufrió una estruendosa derrota.
Ya sin ninguna vigencia en la política risaraldense, buscó el apoyo del senador Vargas Lleras para entrar en la burocracia y lo logró. La nombraron gerenta de Etesa y sacó de allí a su amiga de siempre, Beatriz Giraldo. Sin embargo, publicaciones de medios nacionales sobre posibles riesgos de alta corrupción, hizo que el presidente Álvaro Uribe ordenara anular el decreto de nombramiento, exactamente el mismo día en que se iba a posesionar.
Con gran insistencia, convenció al senador Vargas nuevamente de que la nombraran como cónsul en Puerto Rico. Y el decreto salió. Sin embargo, informaciones de un semanario pereirano que llegaron a manos de la Canciller, hizo que nuevamente el decreto se recogiera y se nombrara allí a otra persona.
La mejor disculpa social que encontró Elsa Gladys Cifuentes para enfrentar esta nueva derrota, fue anunciar que se vincularía a las campañas políticas de Marta Bedoya a la Alcaldía y Víctor Manuel Tamayo a la Gobernación. Dos meses después de haber anunciado públicamente que Cambio Radical estaría con Tamayo y de haber puesto en la tarima a su jefe Germán Vargas a hablar maravillas del dirigente santarrosano, de la noche a la mañana aparece anunciando que su respaldo sería en adelante para el candidato liberal Germán Chica Giraldo, y por lo tanto volverá a estar cerca de aquellos a quienes combatió con fiereza: Carlos Botero, Diego Patiño, Rodrigo Rivera y Juan Manuel Arango.
Elsa Gladys Cifuentes se reinventa a cada instante. Para ella la política es un proceso que muta a gran velocidad. La palabra empeñada y la fidelidad a los principios ideológicos son quimeras. La traición es un valor ético en su personalidad. Mentir es una de sus armas favoritas en la actividad política. Tiene un gusto especial por ver cómo derrumba liderazgos y cómo le cierra el camino a quienes ella considera que son adversarios en el corto plazo. Su gran habilidad para estar cerca del poder, usando la adulación, es lo que le permite volver a sentarse a la mesa con quienes masacró, sin inmutarse y con una gran sonrisa. Pero lo más interesante del caso, es que todos quienes la sufrieron, sienten un gran placer por volverla a tener a su lado.
Desde ese momento, la joven abogada dedicó todos sus esfuerzos a acabar con Unificación Conservadora. Demolió rápidamente a Jaime Escobar Vallejo, el segundo hombre más importante del movimiento. Luego le cayó encima como una aplanadora al parlamentario Germán Martínez Mejía, a quien le restó toda opción de continuar en el Congreso, mientras el senador Isaza moría. Además, invisibilizó a Alberto Zuluaga Trujillo, jefe máximo del pontificado conservador de Santa Rosa de Cabal.
Todos los objetivos de aniquilar esa poderosa maquinaria política conservadora se cumplieron. La que fue, junto con Unidad Liberal, la fuerza más representativa de la política risaraldense, acabó hecha trizas y sólo quedó como vestigio una vetusta sede pintada de azul, que rápidamente empezó a caerse a pedazos por falta de uso.
Elsa Gladys empotrada como concejal de Pereira y luego como diputada de Risaralda, logró construir una alianza con Unidad Liberal, que le brindó la posibilidad de crecer políticamente y tener una amplia representación burocrática en la Alcaldía y la Gobernación. Fundó la Nueva Fuerza Democrática y se unió a Andrés Pastrana Arango. Estas dos jugadas marcaron su camino político, el cual ha estado lleno de movimientos arriesgados. Pasarse de un movimiento ideológicamente afín a Álvaro Gómez Hurtado, para coger las banderas del “pastranismo”, dejó traslucir lo que sería una vida política inestable. Y acercarse al liberalismo para ganar espacio, reconocimiento y recursos para hacer la política, para luego fundar un movimiento con el fin de derrotar a quienes fueron sus mecenas, dejaron ver sus sentimientos de traición e infidelidad.
Para poder conquistar espacios y garantizar la supervivencia de su proyecto político, convenció a Luis Carlos Ramírez Múnera, uno de los propietarios del Diario del Otún, con el fin de que él participara más activamente en la vida política local. Ese matrimonio parecía bastante provechoso, especialmente cuando Elsa Gladys anunció su aspiración a la Gobernación de Risaralda y Ramírez hizo pinos en la Cámara de Representantes. El futuro parecía alumbrar para estas dos jóvenes figuras políticas. Sin embargo, el camino los conduciría hacia jornadas tormentosas que echarían por el suelo aquellos sueños que juntos forjaron.
Con un Partido Conservador acabado y con una coyuntura política que apuntaba a socavar la hegemonía de tres décadas de Unidad Liberal, las cosas estaban puestas en favor de Elsa Gladys. Todas las agrupaciones políticas del departamento, distintas al gavirismo, se unieron para ganar las elecciones de Alcaldía de Pereira y Gobernación de Risaralda, y para ello propusieron el nombre de dos señoras con capacidades académicas y técnicas bastante discutibles, pero con grandes ambiciones políticas.
El denominado Pacto de Guacarí conformado por la senadora liberal María Isabel Mejía, los representantes liberales Germán Aguirre Muñoz y Octavio Carmona, el Partido Conservador y otro cúmulo de pequeñas fuerzas, eligieron a Marta Bedoya alcaldesa de Pereira y a Elsa Gladys Cifuentes como Gobernadora de Risaralda. Y en ese momento acabaron con la carrera política local del senador Rodrigo Rivera Salazar y sometieron a un largo periodo de sequía a Diego Patiño Amariles y Juan Manuel Arango Vélez.
En ejercicio de la Gobernación, Elsa Gladys abandonó a todos aquellos que habían hecho parte de su proyecto político. Rápidamente, se deshizo de Luis Carlos Ramírez y no le prestó la colaboración que requería para sucederla en el cargo. Vio que asomaban dirigentes como Amparo Lucía Vega, Víctor Manuel Tamayo y Ramiro Velásquez con interés político de llegar al Senado y cercenó sus aspiraciones al darle su respaldo al dirigente tolimense Humberto Gómez Gallo, quien sumó alrededor de 11.000 votos. Con esa jugada se quitó de encima cualquier tipo de competidor al interior del Partido Conservador.
Debido a su cuestionado paso por la Gobernación de Risaralda y con un balance bastante lánguido en su gestión administrativa, el liberalismo logró reagruparse y ganar nuevamente la posición con el médico Carlos Botero.
Sus andanzas como exgobernadora al lado de Humberto Gómez, la llevaron al punto de ser nominada como Defensora del Pueblo, pero viejos aliados suyos como Germán Aguirre y John Jairo Velásquez, se encargaron de crearle un ambiente hostil en el Congreso que terminó por propinarle la primera de una serie de derrotas. Luego fue despedida por el senador Gómez Gallo, presidente del Senado, después de que ella empezara a tramitar su aspiración para la Cámara Alta en los municipios conservadores del Tolima, moviéndole la silla a quien era su jefe.
Frente a semejante sacudón, ella se abrió paso hasta donde el presidente Álvaro Uribe, y logró que este la tuviera en cuenta para la terna de Fiscal General de la Nación a nombre del Partido Conservador, pero la rápida reacción del entonces senador Carlos Holguín Sardi, jefe de esa colectividad, evitó que su nombre fuera inscrito y a cambio entró Consuelo Caldas.
Ya estigmatizada por el conservatismo, empezó a buscar espacio en una fuerza multipartidista y encontró como anillo al dedo a Cambio Radical, que estaba buscando quién podría representarlo en Risaralda. Como ninguno de los jefes locales le creyó al senador Germán Vargas Lleras, este no tuvo más remedio que entregarle la representación política de su movimiento a Elsa Gladys Cifuentes. En esas condiciones, ella se postuló para el Senado de la República y sufrió una estruendosa derrota.
Ya sin ninguna vigencia en la política risaraldense, buscó el apoyo del senador Vargas Lleras para entrar en la burocracia y lo logró. La nombraron gerenta de Etesa y sacó de allí a su amiga de siempre, Beatriz Giraldo. Sin embargo, publicaciones de medios nacionales sobre posibles riesgos de alta corrupción, hizo que el presidente Álvaro Uribe ordenara anular el decreto de nombramiento, exactamente el mismo día en que se iba a posesionar.
Con gran insistencia, convenció al senador Vargas nuevamente de que la nombraran como cónsul en Puerto Rico. Y el decreto salió. Sin embargo, informaciones de un semanario pereirano que llegaron a manos de la Canciller, hizo que nuevamente el decreto se recogiera y se nombrara allí a otra persona.
La mejor disculpa social que encontró Elsa Gladys Cifuentes para enfrentar esta nueva derrota, fue anunciar que se vincularía a las campañas políticas de Marta Bedoya a la Alcaldía y Víctor Manuel Tamayo a la Gobernación. Dos meses después de haber anunciado públicamente que Cambio Radical estaría con Tamayo y de haber puesto en la tarima a su jefe Germán Vargas a hablar maravillas del dirigente santarrosano, de la noche a la mañana aparece anunciando que su respaldo sería en adelante para el candidato liberal Germán Chica Giraldo, y por lo tanto volverá a estar cerca de aquellos a quienes combatió con fiereza: Carlos Botero, Diego Patiño, Rodrigo Rivera y Juan Manuel Arango.
Elsa Gladys Cifuentes se reinventa a cada instante. Para ella la política es un proceso que muta a gran velocidad. La palabra empeñada y la fidelidad a los principios ideológicos son quimeras. La traición es un valor ético en su personalidad. Mentir es una de sus armas favoritas en la actividad política. Tiene un gusto especial por ver cómo derrumba liderazgos y cómo le cierra el camino a quienes ella considera que son adversarios en el corto plazo. Su gran habilidad para estar cerca del poder, usando la adulación, es lo que le permite volver a sentarse a la mesa con quienes masacró, sin inmutarse y con una gran sonrisa. Pero lo más interesante del caso, es que todos quienes la sufrieron, sienten un gran placer por volverla a tener a su lado.
jueves, 6 de septiembre de 2007
EL PROTOCOLO DE KIOTO Y LAS REACCIONES POLITICAS
El Protocolo de Kioto fue firmado por 141 países en 1997, pero sólo fue ratificado por 125 naciones y entró en vigencia en 2005. El objetivo que persigue es reducir en un 5 por ciento las emisiones de gases causantes del efecto invernadero en el 2012 frente al nivel que se tenía en 1990, tomado como año base.
Los gases de efecto invernadero que hacen parte del Protocolo y sobre los cuales actúa la medición de los objetivos propuestos son: dióxido de carbono, metano, óxido nitroso, hidrofluocarbono, perfluorocarbono y el hexafluorocarbono de azufre.
Si se logran los objetivos se estará aminorando el calentamiento global, preservando los páramos y evitando la destrucción de la capa de ozono. En esencia, como lo dijo el exsecretario general de la ONU, Kofee Annan, de lo que se trata es de «mantener estabilizadas las concentraciones de gases de efecto invernadero a un nivel compatible con el desarrollo sustentable, la producción de alimentos y la preservación de los ecosistemas»
La demora en entrar en vigencia el Protocolo radicaba en que el mismo debía estar ratificado por países que en conjunto emitieran más del 55% del total de dióxido de carbono, uno de los seis gases que más daños le causa a la atmósfera, y eso sólo se logró cuando Rusia tomó la decisión de sumarse a los 124 países que ya habían aprobado acogerse a los mandatos del Protocolo, que es un documento de 28 artículos y dos anexos jurídicamente vinculante, en donde se obliga a los firmantes a realizar mayores esfuerzos de control y transparencia sobre sus datos reales de emisiones.
Llegar al Protocolo de Kioto en 1997 fue una tarea que comenzó institucionalmente doce años antes en Villach, donde se reunieron científicos de 29 países y reconocieron lo que en 1957 profesores de Hawaii habían descubierto: un incremento permanente del dióxido de carbono en la atmósfera que estaba generando un efecto invernadero sobre el planeta.
En 1988 se realizó la Conferencia Mundial para el Clima y el Desarrollo en Hamburgo. Allí se propuso una mayor eficiencia energética para disminuir las emisiones de dióxido de carbono en el periodo 2000 - 2015 entre el 30% y el 50%. Ese mismo año en Toronto, científicos de 45 países hablaron en la Conferencia sobre Cambios Atmosféricos en torno al efecto invernadero. En ese momento el tema ya había tomado tanta trascendencia a nivel mundial, que científicos y funcionarios de 188 naciones se dieron cita en la Conferencia de Londres para el Cambio Climático en 1989, año en el cual se reunieron también los líderes mundiales en La Haya, preocupados por los descubrimientos que se estaban haciendo debido a las emisiones de gases por la combustión de hidrocarburos.
En 1990 el mundo conoció las primeras cifras concretas de las evaluaciones científicas, las cuales fueron presentadas en la Asamblea de las Naciones Unidas. Entre las conclusiones estaban que la temperatura hasta finales del siglo XXI aumentaría cada década en 0,3ºC. Que el nivel de los mares se incrementaría paulatinamente hasta en 20 centímetros antes de 2030 y llegaría a 65 centímetros en 2100. Y que el 70 por ciento de las emisiones dañinas provenían de países desarrollados y el otro 30 de los que están en vía de desarrollo. Esas predicciones se han actualizado con nuevas mediciones en los últimos 15 años. Se afirma por parte del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático que la temperatura podría incrementarse en 5,8 grados centígrados para el año 2100 si no se toman medidas urgentes, lo que representaría la mayor alza en casi 10.000 años. También se asegura que el nivel de los mares aumentará 50 centímetros y que las emisiones de los países en desarrollados se han incrementado sustancialmente y ya no existe esa diferencia tan marcada en este campo frente a las naciones industrializadas.
Con un panorama tan poco alentador se llegó a la Conferencia de las Naciones Unidas para el Ambiente y el Desarrollo en 1992 en Río de Janeiro. Una de las grandes conclusiones de este evento fue la Convención Básica para el Cambio Climático, a través de la cual se planteó la necesidad de que las naciones más industrializadas redujeran sus emisiones al nivel de 1990. Para revisar el avance de la Convención, se reunieron en Berlín en 1995 representantes de 150 naciones, pero los resultados fueron decepcionantes, entre otras razones, porque no había interés político ni económico en promocionar fuentes alternas de energía, aminorar las descargas de gases producidos por combustión de hidrocarburos o aplicar impuestos al carbón.
Con el precedente de Berlín y un fracaso adicional en Ginebra, se produce la reunión de Kioto en 1997, donde se firma por parte de 144 países un Protocolo que acoge en gran medida las propuestas hechas en Río. Entre las novedades, se planteó la posibilidad de que las naciones desarrolladas pudieran implementar mecanismos de intercambio de emisiones y que se inmiscuyeran a las naciones en desarrollo a través de Mecanismos de Desarrollo Limpio. Siete años después el Protocolo entra en vigencia.
La meta global del Protocolo es disminuir las emisiones en un 5 por ciento frente a la base que es 1990. Llegar a este porcentaje se logrará a través de la reducción del combustible de origen fósil; un masivo proceso de reforestación para acelerar la conversión del dióxido de carbono; promover y adaptar nuevas energías como la eólica, solar, mareomotriz, biomásica, gas y nuclear; y retirar las máquinas obsoletas e instalar convertidores catalíticos a los vehículos para evitar que viertan a la atmósfera sus contaminantes.
Los científicos han planteado la necesidad de que las medidas que se adopten en procura de mejorar el medio ambiente sean racionales y sometidas a evaluaciones muy precisas, para evitar que los remedios que se apliquen sean peores que la enfermedad, tal como aconteció con la prohibición del plomo como aditamento de la gasolina y para su reemplazo se adoptó un compuesto altamente tóxico basado en benceno. Estas decisiones van en contravía de una concepción ética que ha ido ganando terreno entre la comunidad científica y es que los métodos para reducir la contaminación del aire no deben aumentarla en otros sectores del ambiente, como los suelos o el agua.
Al momento de entrar el vigencia el Protocolo de Kioto, la Organización Mundial de la Salud reveló que las siete ciudades más contaminadas del planeta eran México D.F., Pekín, El Cairo, Yakarta, Los Ángeles, Sao Paulo y Moscú, mientras que a nivel latinoamericano figuraban Ciudad de México, Sao Paulo, Caracas, Quito, Bogotá, Santiago de Chile y Río de Janeiro[2]. Los países del centro y sur de América no están cobijados con la obligatoriedad de reducir las emisiones, a pesar de que en conjunto emiten el 9 por ciento de los (GEI)[3]. Los más contaminantes son Brasil, México, Venezuela y Argentina, responsables del 70 por ciento de las emisiones en la región.
Las reacciones políticas sobre Kioto. Aunque la mayor parte de los países refrendaron el Protocolo, la negativa de Estados Unidos a hacerlo creó una gran decepción mundial y una ira contenida contra este gigante económico. Estados Unidos tiene el 5 por ciento de la población mundial y contribuye con el 25 por ciento de la contaminación atmosférica global y representa el 40 por ciento de la de los países desarrollados. Su desafiante determinación no implica para ellos recriminación ni sanciones políticas y económicas.
El mayor contaminador del mundo continúa sosteniendo que el Protocolo no es de su interés, como lo subrayó la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice. «Es muy dañino y negativo para la economía estadounidense. No es parte de nuestro futuro», dijo. Ellos prefieren, en consideración de Gilpin, asumir los costos económicos de control de la contaminación, los cuales se incrementaron alrededor de cuatro veces entre 1972 y 1990 y llegaron a un nivel de 115 mil millones de dólares en ese último año, es decir, cerca del 2.1% del PIB. Hoy esos costos podrían subir al 3% de su Producto Interno Bruto. Incluso, estudios de las naciones pertenecientes a la OCDE sugieren que una disminución sustancial del dióxido de carbono por debajo de los niveles de 1990 podría representar varios puntos porcentuales del PIB, lo que podría ser una talanquera al cumplimiento de los compromisos del Protocolo de Kioto.
Como se nota, la decisión norteamericana de hacerle el quite al compromiso de disminuir paulatinamente sus emisiones de clorofluorocarbonados y bióxido de carbono, está sustentada en la protección de los intereses económicos de las industrias petrolera y automovilista. Además, esgrimió como razones para rechazar en 2001 definitivamente cualquier posibilidad de firmar el documento, que no estaba de acuerdo con que a los países en desarrollo no se le exija el recorte de emisiones de gases.
La decisión de permitir que las naciones en desarrollo no tuvieran que hacer reducción en sus emisiones creó un panorama muy complejo, que cada día genera grandes debates, entre otras razones, porque desde 1990 los países inicialmente no contemplados aumentaron grandemente sus niveles de consumo de gases contaminantes por el desarrollo de la industria y el número de vehículos que entraron en circulación. Una era la realidad en el momento en que se hizo la reunión en Kioto y otra muy distinta al inicio del siglo XXI. Entre los que quedaron exentos de cumplir con los mandatos del Protocolo están China, India, México y Brasil, cuyas economías y desarrollo si bien no están al nivel de los países más industrializados, tampoco lo están al nivel de los más atrasados.
China, por ejemplo, que ha dado un salto muy grande en la economía mundial, es hoy la segunda nación que más gases expele a la atmósfera con el 13,6 por ciento (incrementó sus emisiones desde 1997 en un 47 por ciento), por lo que no se entiende su determinación de actuar sólo como firmante y no como aportante a la reducción. Lo mismo acontece con la India, que hoy se considera el quinto país más contaminante del aire. Frente a esta discriminación y a la ausencia de un nuevo anexo que obligue a China e India a combatir la emisión de dióxido de carbono y otros gases nocivos causantes del recalentamiento de la Tierra, es comprensible la actitud de rechazo de algunos países industrializados frente a esta asimetría que se podría ver reflejada en mayores costos de producción y menor nivel de competitividad en los mercados internacional.
La decisión de excluir a los países en desarrollo del cumplimiento del Protocolo, podría generar como reacción que ellos incrementen las emisiones de gases dañinos en su carrera por alcanzar mayor crecimiento en sus economías y más altos estándares en sus niveles de vida.
Lo que sí es evidente, es que los países industrializados con solo el 20 por ciento de la población mundial emiten el 60 por ciento del dióxido de carbono, metano y otros gases letales.
[2] Resultados del estudio sobre calidad de vida en grandes ciudades realizado por la consultora estadounidense William Mercer.
[3] Gases de Efecto Invernadero que provocan el calentamiento del planeta: CO2 (gas carbónico o dióxido de carbono), CH4 (metano), protóxido de nitrógeno (N20) y tres gases fluorados (HFC, PFC, SF6).
Los gases de efecto invernadero que hacen parte del Protocolo y sobre los cuales actúa la medición de los objetivos propuestos son: dióxido de carbono, metano, óxido nitroso, hidrofluocarbono, perfluorocarbono y el hexafluorocarbono de azufre.
Si se logran los objetivos se estará aminorando el calentamiento global, preservando los páramos y evitando la destrucción de la capa de ozono. En esencia, como lo dijo el exsecretario general de la ONU, Kofee Annan, de lo que se trata es de «mantener estabilizadas las concentraciones de gases de efecto invernadero a un nivel compatible con el desarrollo sustentable, la producción de alimentos y la preservación de los ecosistemas»
La demora en entrar en vigencia el Protocolo radicaba en que el mismo debía estar ratificado por países que en conjunto emitieran más del 55% del total de dióxido de carbono, uno de los seis gases que más daños le causa a la atmósfera, y eso sólo se logró cuando Rusia tomó la decisión de sumarse a los 124 países que ya habían aprobado acogerse a los mandatos del Protocolo, que es un documento de 28 artículos y dos anexos jurídicamente vinculante, en donde se obliga a los firmantes a realizar mayores esfuerzos de control y transparencia sobre sus datos reales de emisiones.
Llegar al Protocolo de Kioto en 1997 fue una tarea que comenzó institucionalmente doce años antes en Villach, donde se reunieron científicos de 29 países y reconocieron lo que en 1957 profesores de Hawaii habían descubierto: un incremento permanente del dióxido de carbono en la atmósfera que estaba generando un efecto invernadero sobre el planeta.
En 1988 se realizó la Conferencia Mundial para el Clima y el Desarrollo en Hamburgo. Allí se propuso una mayor eficiencia energética para disminuir las emisiones de dióxido de carbono en el periodo 2000 - 2015 entre el 30% y el 50%. Ese mismo año en Toronto, científicos de 45 países hablaron en la Conferencia sobre Cambios Atmosféricos en torno al efecto invernadero. En ese momento el tema ya había tomado tanta trascendencia a nivel mundial, que científicos y funcionarios de 188 naciones se dieron cita en la Conferencia de Londres para el Cambio Climático en 1989, año en el cual se reunieron también los líderes mundiales en La Haya, preocupados por los descubrimientos que se estaban haciendo debido a las emisiones de gases por la combustión de hidrocarburos.
En 1990 el mundo conoció las primeras cifras concretas de las evaluaciones científicas, las cuales fueron presentadas en la Asamblea de las Naciones Unidas. Entre las conclusiones estaban que la temperatura hasta finales del siglo XXI aumentaría cada década en 0,3ºC. Que el nivel de los mares se incrementaría paulatinamente hasta en 20 centímetros antes de 2030 y llegaría a 65 centímetros en 2100. Y que el 70 por ciento de las emisiones dañinas provenían de países desarrollados y el otro 30 de los que están en vía de desarrollo. Esas predicciones se han actualizado con nuevas mediciones en los últimos 15 años. Se afirma por parte del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático que la temperatura podría incrementarse en 5,8 grados centígrados para el año 2100 si no se toman medidas urgentes, lo que representaría la mayor alza en casi 10.000 años. También se asegura que el nivel de los mares aumentará 50 centímetros y que las emisiones de los países en desarrollados se han incrementado sustancialmente y ya no existe esa diferencia tan marcada en este campo frente a las naciones industrializadas.
Con un panorama tan poco alentador se llegó a la Conferencia de las Naciones Unidas para el Ambiente y el Desarrollo en 1992 en Río de Janeiro. Una de las grandes conclusiones de este evento fue la Convención Básica para el Cambio Climático, a través de la cual se planteó la necesidad de que las naciones más industrializadas redujeran sus emisiones al nivel de 1990. Para revisar el avance de la Convención, se reunieron en Berlín en 1995 representantes de 150 naciones, pero los resultados fueron decepcionantes, entre otras razones, porque no había interés político ni económico en promocionar fuentes alternas de energía, aminorar las descargas de gases producidos por combustión de hidrocarburos o aplicar impuestos al carbón.
Con el precedente de Berlín y un fracaso adicional en Ginebra, se produce la reunión de Kioto en 1997, donde se firma por parte de 144 países un Protocolo que acoge en gran medida las propuestas hechas en Río. Entre las novedades, se planteó la posibilidad de que las naciones desarrolladas pudieran implementar mecanismos de intercambio de emisiones y que se inmiscuyeran a las naciones en desarrollo a través de Mecanismos de Desarrollo Limpio. Siete años después el Protocolo entra en vigencia.
La meta global del Protocolo es disminuir las emisiones en un 5 por ciento frente a la base que es 1990. Llegar a este porcentaje se logrará a través de la reducción del combustible de origen fósil; un masivo proceso de reforestación para acelerar la conversión del dióxido de carbono; promover y adaptar nuevas energías como la eólica, solar, mareomotriz, biomásica, gas y nuclear; y retirar las máquinas obsoletas e instalar convertidores catalíticos a los vehículos para evitar que viertan a la atmósfera sus contaminantes.
Los científicos han planteado la necesidad de que las medidas que se adopten en procura de mejorar el medio ambiente sean racionales y sometidas a evaluaciones muy precisas, para evitar que los remedios que se apliquen sean peores que la enfermedad, tal como aconteció con la prohibición del plomo como aditamento de la gasolina y para su reemplazo se adoptó un compuesto altamente tóxico basado en benceno. Estas decisiones van en contravía de una concepción ética que ha ido ganando terreno entre la comunidad científica y es que los métodos para reducir la contaminación del aire no deben aumentarla en otros sectores del ambiente, como los suelos o el agua.
Al momento de entrar el vigencia el Protocolo de Kioto, la Organización Mundial de la Salud reveló que las siete ciudades más contaminadas del planeta eran México D.F., Pekín, El Cairo, Yakarta, Los Ángeles, Sao Paulo y Moscú, mientras que a nivel latinoamericano figuraban Ciudad de México, Sao Paulo, Caracas, Quito, Bogotá, Santiago de Chile y Río de Janeiro[2]. Los países del centro y sur de América no están cobijados con la obligatoriedad de reducir las emisiones, a pesar de que en conjunto emiten el 9 por ciento de los (GEI)[3]. Los más contaminantes son Brasil, México, Venezuela y Argentina, responsables del 70 por ciento de las emisiones en la región.
Las reacciones políticas sobre Kioto. Aunque la mayor parte de los países refrendaron el Protocolo, la negativa de Estados Unidos a hacerlo creó una gran decepción mundial y una ira contenida contra este gigante económico. Estados Unidos tiene el 5 por ciento de la población mundial y contribuye con el 25 por ciento de la contaminación atmosférica global y representa el 40 por ciento de la de los países desarrollados. Su desafiante determinación no implica para ellos recriminación ni sanciones políticas y económicas.
El mayor contaminador del mundo continúa sosteniendo que el Protocolo no es de su interés, como lo subrayó la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice. «Es muy dañino y negativo para la economía estadounidense. No es parte de nuestro futuro», dijo. Ellos prefieren, en consideración de Gilpin, asumir los costos económicos de control de la contaminación, los cuales se incrementaron alrededor de cuatro veces entre 1972 y 1990 y llegaron a un nivel de 115 mil millones de dólares en ese último año, es decir, cerca del 2.1% del PIB. Hoy esos costos podrían subir al 3% de su Producto Interno Bruto. Incluso, estudios de las naciones pertenecientes a la OCDE sugieren que una disminución sustancial del dióxido de carbono por debajo de los niveles de 1990 podría representar varios puntos porcentuales del PIB, lo que podría ser una talanquera al cumplimiento de los compromisos del Protocolo de Kioto.
Como se nota, la decisión norteamericana de hacerle el quite al compromiso de disminuir paulatinamente sus emisiones de clorofluorocarbonados y bióxido de carbono, está sustentada en la protección de los intereses económicos de las industrias petrolera y automovilista. Además, esgrimió como razones para rechazar en 2001 definitivamente cualquier posibilidad de firmar el documento, que no estaba de acuerdo con que a los países en desarrollo no se le exija el recorte de emisiones de gases.
La decisión de permitir que las naciones en desarrollo no tuvieran que hacer reducción en sus emisiones creó un panorama muy complejo, que cada día genera grandes debates, entre otras razones, porque desde 1990 los países inicialmente no contemplados aumentaron grandemente sus niveles de consumo de gases contaminantes por el desarrollo de la industria y el número de vehículos que entraron en circulación. Una era la realidad en el momento en que se hizo la reunión en Kioto y otra muy distinta al inicio del siglo XXI. Entre los que quedaron exentos de cumplir con los mandatos del Protocolo están China, India, México y Brasil, cuyas economías y desarrollo si bien no están al nivel de los países más industrializados, tampoco lo están al nivel de los más atrasados.
China, por ejemplo, que ha dado un salto muy grande en la economía mundial, es hoy la segunda nación que más gases expele a la atmósfera con el 13,6 por ciento (incrementó sus emisiones desde 1997 en un 47 por ciento), por lo que no se entiende su determinación de actuar sólo como firmante y no como aportante a la reducción. Lo mismo acontece con la India, que hoy se considera el quinto país más contaminante del aire. Frente a esta discriminación y a la ausencia de un nuevo anexo que obligue a China e India a combatir la emisión de dióxido de carbono y otros gases nocivos causantes del recalentamiento de la Tierra, es comprensible la actitud de rechazo de algunos países industrializados frente a esta asimetría que se podría ver reflejada en mayores costos de producción y menor nivel de competitividad en los mercados internacional.
La decisión de excluir a los países en desarrollo del cumplimiento del Protocolo, podría generar como reacción que ellos incrementen las emisiones de gases dañinos en su carrera por alcanzar mayor crecimiento en sus economías y más altos estándares en sus niveles de vida.
Lo que sí es evidente, es que los países industrializados con solo el 20 por ciento de la población mundial emiten el 60 por ciento del dióxido de carbono, metano y otros gases letales.
[2] Resultados del estudio sobre calidad de vida en grandes ciudades realizado por la consultora estadounidense William Mercer.
[3] Gases de Efecto Invernadero que provocan el calentamiento del planeta: CO2 (gas carbónico o dióxido de carbono), CH4 (metano), protóxido de nitrógeno (N20) y tres gases fluorados (HFC, PFC, SF6).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)