jueves, 17 de septiembre de 2015

Risaralda necesita más desarrollo y menos asistencialismo


Risaralda logró avances significativos hasta el año 2000. De ahí en adelante todo ha sido una pesadilla para este departamento. Sus buenos indicadores de desarrollo humano y crecimiento económico se han ido esfumando y sus habitantes cada vez más están siendo atrapados por la pobreza, el desempleo y la marginalidad.

Es como si la llegada del siglo XXI hubiera sido una maldición para Risaralda. Sus bellos municipios, que tenían vías pavimentadas, buenos hospitales, colegios adecuados, oferta de servicios públicos, excelente dinámica económica e inversión pública suficiente, pasaron en muy poco tiempo al escenario de la desesperanza, el olvido y la ineficiencia.

Esta metamorfosis ha sido el resultado, especialmente, de unos gobiernos municipales bastante deficientes, comenzando por Pereira, Dosquebradas, La Virginia y Santa Rosa de Cabal. Y sobre los que están ubicados en el occidente de Risaralda, su situación es peor, porque carecen de autonomía financiera, bajísimos niveles de gobernabilidad, escasos márgenes de maniobrabilidad técnica y casi nulas opciones de movilidad social.

A esto se agrega la existencia de unos gobiernos departamentales que se dedicaron a un asistencialismo extremo y a una falta absoluta de planeación, lo que ha llevado a que Risaralda no tenga un norte bien definido.

De lo corrido del presente siglo, quien más daño le ha causado al departamento es el abogado Víctor Tamayo, que acumula una larga carrera en el campo administrativo, pero cuyos resultados han sido bastante mediocres. Él es el promotor de un esquema de acción política basado en una combinación de fanatismo religioso con entrega de pequeñas ayudas a las gentes más pobres. El modelo le ha servido para mantenerse vigente en la política, pero ha sido desastroso para Risaralda.

Tamayo está aspirando nuevamente a ser Gobernador. Su fórmula, de llegar por segunda vez a este cargo, se repetirá y las desgracias para los risaraldenses serán mayores.


Lo confronta en esta aspiración el abogado Sigifredo Salazar, que podría ser un factor importante de cambio y reencausar al departamento, que avanza hoy sin ningún tipo de brújula. Cometer un nuevo error en la designación del conductor de los destinos de Risaralda significa más años de atraso.